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Breve historia de las pandemias

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Autor : Diego Arias Serna

Breve historia de las pandemias

“Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar”: Pablo Neruda.

Este espacio, en momentos de pandemia, ha estado dedicado a todo lo relacionado con la COVID-19 y he ‘olvidado’ resaltar las evocaciones de las fechas que destacan la ONU o Colombia, tales como el 1 de junio, día del Campesino, o el 5 de junio día mundial del Medio Ambiente. En esta ocasión sigo con lo relacionado con la pandemia, pero haré una breve alusión a estas 2 fechas, porque están conectadas con la situación que estamos viviendo. 

Es bien conocido que esta enfermedad en Colombia desnudó la situación de la salud, la educación, el empleo y la informalidad, así como la fragilidad de la economía, las profundas desigualdades sociales, etc. En el caso particular del agro y cómo viven los campesinos, quedó en evidencia, aunque ya se sabía, el abandono de los pequeños cultivadores y la violencia de la que son víctimas, aspectos reprochables que llevan décadas arruinando a esa población y obligándola a desplazarse a las ciudades a formar cinturones de miseria.

En esta época de aislamiento también se ha resaltado el problema de las semillas. Los campesinos son obligados a comprarlas. Colombia, que debiera ser potencia alimenticia, se ha dedicado a importar la comida que se puede producir en nuestros suelos. Así mismo, un pueblo con hambre, ve cómo la comida se desperdicia por la incompetencia de los gobernantes. Recientemente se conoció que en Nariño se perdieron toneladas de papa, porque no había cómo sacar la cosecha y mucho menos la posibilidad de protegerla en refrigeradores. 

Sobre el día mundial del Medio Ambiente, las cifras de fallecidos pueden dar la imagen de cómo hemos destruido la naturaleza y nos estamos autodestruyendo. Según la Organización Mundial de la Salud, en un año hay unas 10 millones de defunciones, muchas más que las que dejará esta pandemia en igual periodo. 

De otro lado, destaco algunos apartes del artículo publicado en este mes en la revista Investigación y ciencia —edición en español de Scientific American—, titulado: La pandemia del Covid-19 a la luz de la historia de la medicina, escrito por María José Báguena Cervellera, experta en historia de las enfermedades infecciones y docente en la Universidad de Valencia, España. 

Recordando la historia, minimizamos los miedos 

Qué podemos aprender de las otras grandes pandemias del pasado. Así subtituló el artículo Báguena. Y efectivamente veremos que algunas de las cosas que se están haciendo ahora, son herencias de la forma como tiempos atrás las sociedades del momento las afrontaron. La autora inicia su escrito mencionando el número de contagiados y fallecidos en 185 países. Hasta finales de abril se habían contagiado más de 2.500.000 personas, con una cifra de muertos que superaba los 180.000, lo que obligó a tomar medidas de distanciamiento social. Así mismo, los sistemas sanitarios fueron sometidos a una presión asistencial que los dejaba al borde del colapso. 

Según ella, “la población asiste desde su confinamiento a la rápida expansión de una infección hasta ahora desconocida, lo que genera miedo, confusión y desconfianza ante la información recibida y con respecto a las medidas adoptadas por las autoridades e incertidumbre sobre la finalización del estado de alarma y vuelta escalonada a una forma de vivir cuyas condiciones se desconocen. Junto a la tragedia de las vidas perdidas, la magnitud de las gravísimas repercusiones que tiene y tendrá la pandemia sobre la economía componen un escenario complejo que no reconocemos como propio, como si nuca antes la humanidad se hubiera visto obligada a afrontar una situación parecida”.

A juicio de la investigadora, “la reflexión histórica-médica sobre la evolución de las infecciones puede darnos una perspectiva amplia que ayude a comprender mejor las epidemias actuales como la COVID-19, que guarda paralelismos con otras pandemias anteriores. El origen de las enfermedades infecciosas fue, durante mucho tiempo, objeto de controversias. Los médicos griegos, basados en la idea del equilibrio entre el hombre y su entorno, pensaban que las epidemias eran causadas por la conjunción de condiciones atmosféricas y locales que llevó a la noción de ‘constitución epidémica’”.

Recordó que “a lo largo de la Edad Media se admitía como origen de la enfermedad infecciosa una corrupción o alteración del aire atmosférico producida por la presencia de los llamados miasmas, vapores o exhalaciones de carácter nocivo que provenían de la materia orgánica en descomposición o del agua estancada y que al ser introducidos en el organismo por la respiración, alteraban los humores corporales. Esta teoría miasmática se mantuvo con pocas variaciones hasta el siglo XIX. Durante esta centuria, las ideas acerca de la etiología infecciosa siguieron 3 etapas claramente diferenciadas”. 

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Teoría miasmática-atmosférica  

La citada experta señaló que la primera etapa abarcaba hasta 1850, predominando la teoría miasmática-atmosférica. En las 2 décadas siguientes, algunos científicos asumieron que los causantes del contagio eran seres vivos microscópicos, pero no pudieron aislarse. Esta teoría del contagio animado se probó a finales de siglo con la demostración experimental de la transmisión microbiana de la enfermedad, consolidándose así la microbiología médica. Además, señala que la peste originó las primeras epidemias. Resaltó como la más conocida, la llamada peste negra, aparecida a mediados del siglo XIV, que causó la muerte de un tercio de la población mundial, es decir, entre 75 y 200 millones de personas. 

“Como causante de la enfermedad se recurrió a los miasmos transmitidos por el aire y responsables del mal olor, de ahí la polisemia del vocablo peste. A estos miasmos se le atribuía una consistencia pegajosa que los hacía adherirse a los objetos y también los eliminaba el enfermo a través del sudor. El contacto con ellos podía producir, así mismo, la enfermedad, por lo que se pusieron medidas de aislamiento para los apestados y para las personas y mercancías que vinieran de lugares epidémicos, que tenían que pasar una cuarentena —periodo de cuarenta días— antes de obtener permiso para entrar en una población”, explicó María José Báguena.

De otra parte y de acuerdo con lo manifestado por ella, 5 siglos después, el cólera llegó por primera vez a Europa procedente de India, dejando alrededor de 300.000 muertos y por supuesto que el pánico se hizo presente. Situación que se repetía en el siglo XIX con varias pandemias. Cuando en 1889 el bacteriólogo alemán Robert Koch demostró que se transmitía mediante el agua contaminada con el bacilo colérico, entonces empezó a perder peso la creencia de que el cólera tenía su origen atmosférico a través de miasmas. Este paradigma presentó resistencia al cambio y no fue fácil aceptar que esta nueva enfermedad tenía un origen microbiano a través del agua.

Así como con la actual pandemia, en esa época también surgieron corrientes que negaban lo que afirmaba la ciencia y demostraban los experimentos. En 1883 el médico Vicent Paset Cervera escribió en el texto La crónica médica, que no era necesario hervir el agua antes de beberla ni cocer los frutos. Así mismo, como en las anteriores pandemias y epidemias, en esta de la COVID-19, la población más desfavorecida está siendo la que han padecido con mayor crudeza sus consecuencias.

 


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