Lunes, 16 Dic,2019
Historietas del más acá / NOV 03 2019 / hace 4 semanas

Chontaduro maduro…

Jairo de Jesús Gonzales, a sus 66 años, es el vendedor de chontaduro más reconocido del centro de Armenia, allí atiende de lunes a sábado su variada clientela, que va en busca de la joya gastronómica del Pacífico.

Durante varios años las negras Emma y Blasina fueron las reinas del chontaduro en Armenia. No parecían destronables. Se surtían de un cocinero de chontaduro en La Paila para luego esperar pacientemente, sentadas en pequeños taburetes de madera, una en las afueras del desaparecido Conavi de la 14 y la otra en el andén de la carrera 17 por los lados del antiguo Banco Cafetero, a que llegaran los comensales para servirse de las grandes pailas de aluminio en las que reposaban los suaves y carnosos frutos de color rojo y naranja.

Lo único que agregaban los compradores al cachipay que vendían las afrodescendientes, antes de pincharlo con un palillo y llevarlo a la boca, era sal. Fue en los últimos años, y especialmente en esta zona del país, que la miel, el limón y hasta el vinagre se volvieron los nuevos mejores amigos del pejibaye. Un día no volvieron Emma y Blasina, los clientes preguntaban por ellas y nadie daba razón, tiempo después se supo y se rumora que una de ellas retornó al Pacífico y la otra cruzó el Atlántico en busca de nuevas oportunidades en España, tierra de aquellos conquistadores que en tiempos pretéritos arrasaron palmas de chontaduro a su llegada a América para someter indígenas y negros.



“Chonta” asegura que el mejor chontaduro y el más apetecido es el chocoano, el de San José del Palmar.

 

A rey muerto rey puesto

Exiliadas las reinas del chontaduro, por el terremoto del Eje Cafetero ocurrido hace 20 años, apareció un nuevo rey. Le dicen “Chonta”, lleva treinta años vendiendo pijuayo, primero lo hacía en carreta a 5, 10, 20, 30, 40 y 50 centavos de peso, y ahora lo transa a $2.000 el vaso y a $600, $1.000 o $3.000 menudeado, en un puesto fijo ubicado en la 20, en pleno centro.


En esta esquina lleva media vida Chonta vendiendo chontaduro. (Ver en otra pestaña)

 

Jairo de Jesús Gonzales tiene 66 años, pero dice sentirse como un muchacho de 14, diariamente consume dos o tres chontaduros y es a eso a lo que atribuye su vitalidad. Aunque el consumo de cachipay se promociona presumiendo vitalidad y potencia sexual, las propiedades del chontaduro son ciertas y van mucho más allá. La pulpa es rica en proteína, carotina, niacina, almidón y ácido ascórbico; también contiene calcio, fósforo, hierro y zinc; es un buen antioxidante y cumple funciones anticancerígenas, regula el metabolismo de las grasas y aumenta la cantidad de esperma.

Por todo lo bueno que tiene el pejibaye es que, de lunes a sábado, ‘Chonta’ no para de atender su variada clientela. Rara vez hace una pausa para sentarse, de pie va pelando y envasando los chontaduros que de uno en uno va vendiendo. Entre charla y charla, comentario, chisme o noticia, en un buen día, Jairo de Jesús puede vender hasta una arroba. Hombres y mujeres de todos los estratos, jóvenes y adultos o ancianos, en corbata o en pantaloneta, llegan en busca de la fruta milagrosa al puesto del pequeño Jairo que siempre va vestido con un sombrero fénix. Ni siquiera el borojó o el banano, que también exhibe en su estrecho local de aluminio galvanizado, tiene tanta demanda como la rubia y pequeña joya gastronómica del Pacífico.
 

Escuche aquí, el vendedor más antiguo de chontaduro en el centro de Armenia. (Ver en otra pestaña)


Pepa, fruta y cáscara alimentan


 La pulpa del chontaduro también es procesada como harina para productos de pastelería, panadería, compotas y fideos.

Cecilia Leyva encarga las pepas del chontaduro para alimentar los guatines que merodean el lugar donde vive. Cada mañana Doña Cecilia sale a recoger la comida de sal, que algunos de sus vecinos ofrecen como plato letal a los roedores y en cambio deja frutas, entre ellas los chontaduros pequeños que nadie elige en el puesto de “Chonta”.

Jenny Lorena arrima donde “Chonta”, come su habitual dosis de pijuayo y encarga otros más para llevarle a su mamá que es diabética y se los agrega a los batidos que prepara para controlar el azúcar.

Daily Dorely también es cliente de Jairo de Jesús, ella misma escoge y pela los dos o tres chontaduros que suele comprar. En su casa el aceite de esta fruta se usa para darle al arroz un toque especial.

En sopas y salsas, para preparar arepas o solo y hasta con la cáscara, muchas personas tienen como parte de su dieta el chontaduro. Y hay quienes, que por esas cosas de la vida carecen de los $600 que vale el chontaduro más pequeño, suelen reclamar las cáscaras para mezclarles un poco de sal y pasar el día con algo en el estómago y la esperanza de tener mejor suerte en la vida cuando amanezca.


Ernesto Acero Martínez
@hdelmasaca
Especial para LA CRÓNICA

 

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