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¿Da Vinci?, un genio que no se olvida

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¿Da Vinci?,  un genio que no se olvida

La historia de la humanidad pocas veces tiene la oportunidad de contar con personajes que hayan brillado con diferentes focos iluminando distintas áreas del saber, y además dejen la impronta en el arte, como es el caso de Leonardo Da Vinci, recordado por estos días porque el 2 de mayo se celebraron 500 años de haber dejado de alimentar con su energía su existencia. Aunque han pasado cinco centurias, este genio sigue siendo admirado. 

Fue inventor, escritor, filósofo, ingeniero, arquitecto, pintor, escultor, músico y científico, configurando una cascada de enseñanzas que ha iluminado a la humanidad, habiendo sido un adelantado de su época, que dejó el esquema de varias máquinas que han facilitado el modo de vivir de varias generaciones. 

La bicicleta, el automóvil, el helicóptero, el paracaídas, el robot, la fotografía, etc. Asimismo, contribuyó al mejoramiento de herramientas como grúas, relojes y un telar. Inventó la escafandra submarina y propuso un sistema de esclusas para intervenir el curso de ríos y el agua de mar. 

Aunque fue un pacifista hizo contribuciones al material bélico. No solo dejó su huella en la ingeniería, sino que también aportó a la ciencia: Anatomía, física, hidráulica y matemáticas. Su formación permanente le permitió ser un visionario, además se preocupó por impartir sus conocimientos y lograr aportes que le sirvieran a la humanidad. Gracias a su ingenio, también incursionó en otros campos como: Música, poesía, filosofía y la pintura, habiendo competido con Miguel Ángel y Rafael. 

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Da Vinci fue un italiano que nació en Florencia, más precisamente en La Toscana, zona de los Medici-ruled –mecenas de las artes-, el 15 de abril de 1452 y su deceso acaeció el 2 de mayo de 1519, cuando tenía 67 años. Así que vivió en la época del Renacimiento, momento de esplendor de Italia, durante la cual se confunde la gran contribución del florentino con la grandeza de esa época histórica. Su origen familiar surge del cruce entre la sencillez de una mujer campesina y un embajador. 

Estudioso del cuerpo humano

Hijo de Caterina y del adinerado notario y embajador, Piero Fruosino di Antonio Da Vinci, nace producto de una relación no convencional. Su nombre completo era Lionardo di ser Piero Da Vinci, que quiere decir Leonardo hijo de Piero Da Vinci, y el ‘ser’ indicaba que su padre era un caballero. Su educación inicial fue informal, básicamente en geometría, aritmética y un poco de latín. Posteriormente, su padre mostró algunos dibujos a su amigo, el maestro Andrea del Verrocchio, quien quedó sorprendido con el talento de Leonardo y le sugirió que le permitirá incursionar como pintor.

Sus amigos resaltaban las diversas actividades del artista. Una carta de 1501 de Francisco I de Francia -quien fue protector de Da Vinci en los últimos tres años de su vida-, dirigida a Isabel de Este, marquesa de Mantua y mecenas de las artes, expresó lo siguiente sobre Leonardo: “En definitiva sus experimentos matemáticos le han distraído tanto de la pintura que no puede padecer el pincel”. En Mantua destacó por un retrato que le hizo a Isabel, pero en Venecia actuó como ingeniero militar, y en Florencia se inclinó por proyectos urbanísticos. 

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Veamos una semblanza del genio, iniciando con sus estudios de anatomía. Buscó información del cuerpo humano para conocer la estructura física. Exploró su interior desde los huesos, hasta la musculatura y los órganos internos. Al principio, usando una impresión gráfica muestra un aparato digestivo con dos estómagos, debido a que había diseccionado una vaca, aplicándolo al cuerpo de un hombre, ya que no tenía acceso a cadáveres. Sin embargo, mucho después se supo que realizó al menos 30 exploraciones en cuerpos humanos, luego de haber sido muy persistente observando el procedimiento en otras manos. 

Haciendo uso de su destreza y talento con el dibujo, plasmó con increíble certeza los detalles de sus observaciones y conocimientos, como se refleja en los papeles encontrados entre sus pertenencias, como por ejemplo, en el que representa extraordinariamente a un feto en el vientre de su madre. Leonardo Da Vinci estudió el corazón, el cerebro, las emociones, los sentidos y la voz. Fue el primero en describir la arterioesclerosis y la cirrosis hepática, en la historia de la medicina.

Durante un tiempo trabajó con el profesor de anatomía de la universidad de Pavía, Marcantonio della Torre, por medio de quien logró acceder a muchas áreas para sus estudios. Ya casi culminando su tratado, falleció el profesor y Da Vinci tuvo que salir de Milán por las agitaciones políticas del momento. Luego intentó seguir investigando en el Hospital Santo Spirito de Roma, pero lo acusaron de prácticas indecorosas, por lo que desistió definitivamente.

Se dedicó a investigar y elaborar un compendio de información y variables que le permitieran publicar un tratado sobre el tema, pero diversas circunstancias le impidieron terminar los estudios que requería y no logró divulgar lo que hubiera sido el tratado sobre anatomía más importante de su tiempo. Más tarde, después de su muerte, el escultor Pompeo Leoni, compiló esos estudios en diversos álbumes.

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Empírico en arquitectura

Su formación en arquitectura también fue empírica. Lo que aprendió lo hizo a partir de la observación y al análisis de los tratados de arquitectura militar, de su amigo Francesco Di Giorgio. Sin embargo, no siguió con fidelidad a su maestro, más bien dio al traste con todos los paradigmas, esquemas y teorías del momento, proponiendo, por ejemplo, una ciudad sin murallas, con dos niveles de circulación, uno peatonal y otro para carruajes y mercancías. Hizo gala de su genio, en distintas ocasiones desplegó su talento aunado al conocimiento por el método de la observación. 

Su legado en ingeniería fue abundante. En 1490 inventó un aparato mecánico al que llamó “tornillo aéreo”, que se considera antecesor del helicóptero que conocemos actualmente. Lo llamó así porque debía seguir la dinámica que usa un tornillo al entrar en la madera. Al girar el rotor de su máquina se enroscaría en el aire que tiene consistencia. 

La primera descripción ilustrada de la cámara oscura y la manera cómo funciona en una cámara fotográfica, fue obra de Da Vinci. En sus manuscritos aparece esta información que se encontró posteriormente a su muerte. Se refiere a la caja cerrada que poseía una lente que tapaba su parte delantera, permitiéndole al fotógrafo dirigirla hacia donde quería para copiar la imagen en una lámina semitransparente, apoyada en un cristal ubicado en la parte de arriba.

Karl Von Drais fue un alemán a quien se le asigna el derecho de haber inventado la bicicleta en 1817, sin embargo, se considera que el genio de Florencia creó por primera vez este vehículo en 1490, cuando modeló los primeros bocetos que poseían dos ruedas con radios, una detrás de otra, un asiento, dos pedales, un manubrio y transmisión por cadena, enganchada esta última a las bielas que se encuentran fijadas en un plato. Como el diseño apareció muchos años después de su muerte, surgieron dudas sobre su autenticidad.

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Se inspiró en la robótica y engranajes 

El primer intento de la robótica viene también de la estupenda imaginación de Da Vinci. Finalizando el siglo XV, diseñó un prototipo de un robot o figura mecánica similar a una figura humana de metal. Su presentación oficial fue en 1495, aprovechando una fiesta organizada por Ludovico Sforza, en Milán. Según los expertos, la intención era demostrar que la figura humana podía ser imitada. El genio se preocupó por añadirle elementos de gracia y buenos modales para la época. En otra ocasión —1515— diseñó y creó un león mecánico por encargo de Giuliano de Medici, para obsequiárselo al rey de Francia, Francisco I. Este león podía estar de pie, moverse y caminar.

Los engranajes fueron otros de sus aportes, superando lo dejado por Arquímedes, ya que el italiano los inventó de todos los tipos, siendo el básico, el consistente en una pareja de ruedas, una de ellas provista de barras cilíndricas. La otra se forma a su vez por dos ruedas unidas también por barras cilíndricas. El inventor dibujó la mayoría de los engranajes, lo cual hace parte de la herencia que le cedió a la humanidad. 

Fue un enamorado del agua y como ingeniero hidráulico, inventó varios dispositivos. Planteándose la posibilidad de explorar el mar, diseñó un buzo confeccionado en cuero, el cual se conectaba a una manga de aire, fabricada en caña que se conectaba a una campana, que flotaba en la superficie. Además, diseñó una bolsa donde se podía hacer micción.

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Se puede afirmar con seguridad, que Leonardo fue el primer ingeniero hidráulico de su época. Al respecto decía: “Recordad cuando hagáis comentarios sobre el agua que en primer lugar debéis invocar la experiencia, y después la razón”. Los primeros estudios técnicos hechos por él, se refieren a dispositivos ideados para la elevación del agua en cubos, con bombas de émbolos, con roscas simples, dobles y triples. Para destacar su formación teórica, a él se le debe el principio fundamental de la hidráulica. 

Con él nació la idea del automóvil

El primer automóvil del que se tenga noticia, lo diseñó Da Vinci. Lo construyó en madera y funcionaba gracias a un mecanismo que provocaba la reacción de muelles con ruedas dentadas. En este siglo, un grupo de científicos reconstruyó el vehículo, tal como estaba diseñado y fue un éxito su funcionamiento. 

Marcus Vitruvius Pollio fue un arquitecto, escritor, ingeniero y tratadista romano del siglo I a. C., quien fue famoso por afirmar que determinados edificios públicos deben exhibir tres cualidades: firmitas, utilitas, venustas, que quiere decir que deben ser sólidos, útiles, y hermosos. Inspirado en esa idea, Da Vinci modeló la forma humana perfecta y como buen humanista percibía el hombre como microcosmos, lo cual lo condujo a investigar en este campo. En la pintura se destacan varias obras, siendo las más conocidas: La Mona Lisa, La Última Cena y La Virgen de las Rocas.

De los cincuenta mil documentos que se cree que dejó Da Vinci, considerados obras de arte, apenas se conservan aproximadamente 13 mil, que se guardan —en su mayor parte — en el archivo de la Ciudad del Vaticano.


 

Diego Arias Serna
Profesor-investigador universidad del Quindío
[email protected]
LA CRÓNICA



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