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Descifran el virus; el planeta 'respira'

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Autor : Diego Arias Serna

Descifran el virus; el planeta 'respira'

Los investigadores no le han dado la espalda a la COVID-19. Científicos de muchos países invierten muchas horas en los laboratorios desentrañando información sobre el virus.

Al infectarnos, el sistema inmunitario innato prueba proteger de inmediato a las células pulmonares, mientras el sistema adaptativo se dispone a dar una respuesta más decisiva. 

Es posible que no haya existido suceso en la historia de la humanidad que hubiera generado más controversias, tan abundante circulación de noticias falsas, actitudes negacionistas de mandatarios de países importantes y aglutinación de la comunidad científica de todos los países, que el coronavirus conocido como COVID-19. Las discusiones tenían que darse porque el virus tomó de sorpresa a todo el mundo y nada se sabía de él.

Así mismo, las noticias falsas tenían que surgir porque esa es la actitud de sectores de la población ante un nuevo fenómeno; y la manera como Donald Trump, presidente del país con más desarrollo científico y tecnológico del mundo, Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido y Jair Bolsonaro, mandatario de la nación más importante de Latinoamérica, asumieron la pandemia, los llevó a recibir la ‘cuenta de cobro’.   

Ellos han sido víctimas de ese negacionismo y han sido ‘dignos’ representantes de quienes todavía insisten en desconocer la presencia del coronavirus.  Sin embargo, Trump ya le ruega a la población que use tapabocas y pide aplazamiento de las elecciones presidenciales de noviembre, aduciendo la presencia de la pandemia; así mismo, Johnson y Bolsonaro —así como su esposa— han sentido los síntomas que genera el virus. 

 

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Por otro lado, la comunidad científica —con algunas excepciones— se han unido buscando explicaciones sobre cómo apareció el virus y cómo está constituido. Además, han enseñado qué hay de positivo con esta situación, que, a pesar de la desgracia, nos deja varias lecciones, pero en este escrito se planteará lo relacionado con la limpieza que el planeta ha tenido de tanta contaminación.

 

Hay miles de coronavirus

Esta entrega dominical está respaldada en 2 artículos divulgados en julio en la revista Investigación y Ciencia, publicación en español de Scientific American. La primera parte resumirá el artículo: Dentro del nuevo coronavirus. Las interioridades del patógeno que ha infectado el mundo, cuya autoría es de la consultora Britt Glaunsinger, viróloga molecular de la universidad de California en Berkeley e Instituto Médico Howard Hughes. También, en el artículo: ¿Cómo se han reducido las emisiones de carbono por la pandemia de Covid-19?, de Jeff Tollefson.

La viróloga empieza recordándonos que el planeta está poblado por miles de coronavirus. 4 son responsables de los resfriados comunes. Otros 2 ya han provocado epidemias alarmantes: en 2002, uno ocasionó el síndrome respiratorio agudo grave —Sars, por sus siglas en inglés—, que mató a más de 770 personas en el mundo, y en 2012 otro desencadenó el síndrome respiratorio de Oriente Medio —Mers, por sus siglas en inglés—, que cobró más de 800 vidas. El Sars desapareció en un año, pero el Mers todavía pulula entre nosotros.   

Afirma que “el más reciente de todos es el Sars-CoV-2, que ha desatado una pandemia mucho más mortífera, entre otros motivos porque permanece indetectable durante bastante tiempo en las personas infectadas. Quien se ha infectado con el coronavirus del Sars no lo transmite hasta pasadas  24 a 36 horas desde la aparición de los síntomas, como fiebre y tos seca, así que era posible aislar al enfermo antes de que contagiase a otros”.

Explica: “Pero quienes contraen la COVID-19 propagan el virus antes de presentar síntomas evidentes. Al no sentirse enfermos, trabajan, viajan, compran, comen fuera y asisten a fiestas, donde exhalan el coronavirus al aire que respiran las personas circundantes. Este permanece indetectado en el cuerpo mucho tiempo porque su genoma sintetiza proteínas que retrasan la señal de alerta para el sistema inmunitario”. 

 

Daña las células que intenta salvar

Como se enseña en el artículo, mientras tanto, las células pulmonares van muriendo a medida que el infiltrado se multiplica en silencio. Cuando el sistema inmunitario detecta por fin al invasor, reacciona con todo su arsenal, con lo que, paradójicamente, daña las células que intenta salvar; mientras tanto, laboratorios de universidades y empresas investigan más de 100 fármacos para combatir la COVID-19.

 

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Advierte la viróloga: “La mayoría no destruirá el virus directamente, sino que se limitará a entorpecer su acción para que el sistema inmunitario consiga acabar con la infección. Los antivirus suelen impedir la adhesión del virus a las células pulmonares, bloquear la reproducción cuando el virus consigue invadir la célula o amortiguar la reacción exagerada del sistema inmunitario —responsable de los síntomas graves en los infectados—. Las vacunas preparan el sistema inmunitario para que nos defiendan con rapidez y eficacia contra una infección futura”. 

Así mismo, se destaca que una vacuna expone el sistema inmunitario a una versión inocua del virus para que estimule la síntesis de anticuerpos que detenga el patógeno y genere una memoria que nos prepare para combatir el virus real durante una infección. La COVID-19 se fusiona con la membrana de la célula pulmonar, y el ARN vírico —molécula que contiene las instrucciones genéticas— y accede al interior celular. Los investigadores están siguiendo numerosas estrategias para formular vacunas y producirlas en masa.     

   

Se ha reducido la emisión de carbono

El segundo artículo de la revista citada, destaca que el aislamiento, como fenómeno favorable, ha disminuido las emisiones globales de carbono. Jeff Tollefson, su autor, quien es periodista científico especializado en clima, energía y medioambiente, revela: “Según estimaciones detalladas realizadas por 2 equipos de investigación independientes, la respuesta internacional a la pandemia del coronavirus ha reducido hasta ahora las emisiones globales de carbono en más del 8 %, equivalente a un volumen tres veces superior a las emisiones anuales de Italia”.

Señala además que la industria de la aviación experimentó una drástica reducción, y sus emisiones cayeron más del 21 % durante el primer cuatrimestre. Sin embargo, las mayores caídas, en cifras absolutas, se produjeron en los sectores de la energía eléctrica y el transporte terrestre. Cabe preguntar, como dice el autor, si las sociedades cambiarán y si los gobiernos adoptarán una agenda baja en carbono, a medida que se estimule la economía. Los investigadores obtuvieron sus datos del estudio de más de 400 ciudades y 130 países.    


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