Inicio / Al descubierto / ABR 27 2020 / 2 meses antes

Diócesis de Riohacha tiene obispo quindiano: Francisco Antonio Ceballos Escobar

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Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Diócesis de Riohacha tiene obispo quindiano: Francisco Antonio Ceballos Escobar

Monseñor Francisco Antonio Ceballos Escobar.

Llevaba 12 años en Puerto Carreño, Vichada, donde trabajó por los migrantes, los indígenas y los raizales.

Desde pequeño sintió el llamado divino a servirle a la sociedad desde la espiritualidad. Se escuchaba 2 misas diarias en su natal Génova, Quindío. Una vez terminó su primaria en la escuela Simón Bolívar de ese municipio, Francisco Antonio Ceballos Escobar ingresó a cursar el bachillerato en el Seminario Menor de los Hermanos Redentoristas en Manizales. 

El 29 de junio de 1985 fue ordenado sacerdote en Buga, Valle del Cauca. Desde entonces ha trasegado por diversas experiencias formativas, que le han ayudado a perfeccionar su servicio humanista como purpurado. Durante 10 años fue vicario apostólico de Puerto Carreño, capital del Vichada, pero en realidad estuvo allí durante 12 años. El pasado 21 de abril, este quindiano fue nombrado por el Papa Francisco para ejercer como obispo de la diócesis en la punta superior del mapa de Colombia: Riohacha, La Guajira. A sus 62 años de vida espera posesionarse, si Dios lo permite, en junio, cuando se prevé que la pandemia esté controlada. Desde esas tierras lejanas, monseñor Francisco Antonio Ceballos Escobar, de origen cafetero, dialogó con LA CRÓNICA. 

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¿Cuál fue su sensación cuando lo notificaron del nuevo cargo como obispo de la diócesis Riohacha? 

Cuando sale la publicación oficial se supone que el obispo ha debido aceptar antes, porque previo a eso tuve una conversación con el señor nuncio en la que me comunicó que había sido nombrado por el papa como obispo de Riohacha. Inmediatamente buscamos la fecha de la publicación oficial y también la de la posesión canónica. En cuanto a la sensación, fue de sorpresa, porque este es un vicariato confiado a los misioneros redentoristas y se supone que uno viene acá para estar toda la vida, con esa idea viene uno a trabajar a estas regiones. Pienso que buscaron un perfil que tuviera casi las mismas características de La Guajira. En Puerto Carreño tenemos frontera con Venezuela, entonces manejamos un poco la situación de la migración. También hay muchos grupos indígenas, como los hay en La Guajira. Manejamos un poco de educación contratada, igual que allá. Hay mucha pobreza, igual que en La Guajira. Creo que por estos elementos, en los que tengo experiencia, me eligieron. Además, el hecho de ser misionero redentorista pudo haber ayudado. 

¿Cómo fue su experiencia en Puerto Carreño? 

Es un territorio con 57.000 kilómetros cuadrados, hay 13 sacerdotes. Me colaboran de la arquidiócesis de Manizales, también algunos sacerdotes redentoristas y hay otros de la zona que he ido formado y ordenando. Son grandes retos los que he tenido que afrontar. Trabajo con indígenas, con migrantes, con colonos y con raizales. Se han ido construyendo los templos, pero también la Iglesia, que se congrega cada 8 días en torno a la palabra y a la eucaristía. 

¿Qué recuerdos tiene de su pueblo natal, Génova, Quindío? 

Recuerdo una frase de Ernesto Sábato, en su libro Antes del fin: “En la medida en la que nos acercamos a la muerte, también nos inclinamos a la tierra, pero no a la tierra general, sino a aquel pedazo, aquel ínfimo pero tan querido, tan añorado pedazo de tierra en el que transcurrió nuestra infancia”. De verdad que quiero mucho a mi pueblo natal y lo visito con frecuencia, cada vez que me voy a Bogotá y visitó a mi familia en Armenia, siempre hago el esfuerzo para ir a Génova. Allá recuerdo muchas cosas interesantes de mi infancia, pasé 15 años. Recordar a mi municipio me da mucha alegría y satisfacción. 

¿Cuál es la mayor satisfacción que se lleva de su labor como vicario apostólico durante 10 años en la diócesis de Puerto Carreño? 

Fue haber podido llevar a esta iglesia a cierta madurez, a la edificación de algunas parroquias, a la formación del clero y a la ordenación de varios sacerdotes. Logramos congregar a muchas personas en torno a las iglesias que fuimos construyendo. Cuando llegué a Puerto Carreño, solamente existía la catedral. Ahora que me voy existen 3 iglesias más y unos 5 centros de culto en la capital. A nivel pastoral avanzamos bastante y esto lo reconoce la gente. Pude construir una pastoral social para atender a la gente más pobre de la jurisdicción. Todo se hizo con la ayuda de muchas entidades y personas de acá y también del extranjero. La labor del obispo, aparte de predicar el evangelio, es buscar recursos para llevar la labor social a la zona. Uno se convierte en una persona que si se queda quieta y no busca más allá de sus propias fronteras, pues no avanza, porque al fin de cuentas el dinero es necesario para ayudar a los pobres y como no lo tenemos acá, hay que saber buscarlo. La iglesia tiene  2 pulmones, el de la evangelización y el de la caridad. No nos podemos conformar simplemente con anunciar el evangelio, tenemos también que ayudarle a la gente a vivir dignamente. 

¿Qué cree que logró desde lo social para ayudar a las personas a tener una vida digna? 

Por medio de proyectos sociales de la pastoral social respondimos a emergencias como inundaciones y situaciones migratorias. También desarrollamos iniciativas que van en favor del autosostenimiento con el desarrollo y aplicación de proyectos que son medios de vida, en especial, para las comunidades indígenas. 

¿En qué cree que cambiará la vida de la humanidad cuando superemos esta pandemia? 

No podemos seguir actuando como antes. Debemos ser más responsables con el medio ambiente, no capataces, sino administradores. Sería bueno que la gente entienda que todo en este mundo es efímero. No somos los superhombres que nos creemos. Debemos volver a reconocernos como hermanos, a rescatar el valor de la familia, a descubrir la importancia de Dios y de la vida. En fin, si este retiro de las actividades normales no lo aprovechamos para cambiar muchas cosas negativas, hemos perdido el tiempo. La economía no podrá ser el centro, debe serlo el ser humano. Pienso que después de la pandemia muchas cosas tienen que cambiar.



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