Jueves, 21 Nov,2019
Colombia / FEB 19 2017 / hace 2 años

Dos negociaciones de paz, pero un solo Estado

Hasta ahora la paz se ha visto como un asunto de negociación política, pero en realidad es un asunto de gestión pública y desarrollo social sostenible en los territorios. 

Dos negociaciones de paz, pero un solo Estado

Cortesía de la Silla Vacía


La negociación con el Eln plantea para el Estado nacional una complejidad mayor que la  desarrollada con las Farc-Ep. Las características de esta guerrilla de vieja orientación guevarista, la pléyade más amplia de temas a tratar en las conversaciones de paz y la necesidad de articular y armonizar las formas de implementación de los acuerdos con estos dos actores, demanda del gobierno mayor creatividad, decisión y capacidad de gestión. Arribar a un acuerdo con los elenos avanza al país un paso más en la consecución de una paz estable y duradera, pero a la vez plantea un importante reto para el Estado en términos económicos y de gestión, que además debe garantizar que la violencia no retorne, pero ahora de la mano del crimen organizado que revictimice a las comunidades que habitan estos territorios. Hasta ahora la paz se ha visto como un asunto de negociación política, pero en realidad es un asunto de gestión pública y desarrollo social sostenible en los territorios.  

La orientación foquista
El Eln es una guerrilla de primera generación, emergida como una especie de efecto del triunfo de la revolución cubana. Desde el principio los elenos abrazaron con fervor la orientación foquista que luego combinaron con la teología de la liberación y con un proceso de adaptación del marxismo a la realidad latinoamericana. La militarización inicial y una especie de aventurerismo revolucionario, casi lleva al grupo a su extinción, a mediados de los años setenta. En la década de los ochenta, el Eln se reconstituyó tomando como base la expansión de un importante núcleo guerrillero en la zona del Sárare, que logró insertarse en las dinámicas económica de la industria del petrolero en Arauca y Casanare. El lastre militarista fue eliminado de la organización y en su lugar se instaló un proceso de copamiento territorial que logró fundirse con la dinámica de crecimiento de las organizaciones sociales para proyectarse luego a las administraciones públicas locales. El Eln desarrolló así un proceso de creación de poder popular en múltiples regiones del país que lo mantuvo como una fuerza política importante en los territorios con una presencia militar difusa, pero con una alta capacidad movilizadora y de organización social. El asedio de la fuerza pública, la arremetida paramilitar en las regiones de influencia de los elenos y las disputas con las Farc-Ep terminaron por minar su estructura militar, pero el Eln supo sortear estas condiciones adversas, y mantuvo el poder en regiones estratégicas gracias a su combinación de presencia política, organización social e hibernación militar. Una guerrilla emergida de un proceso tan complejo, afincada en una dinámica de poder popular y con un discurso tan amplio, regional y variopinto puede mostrar una complejidad mayor a la hora de llegar a acuerdos, pero por ello mismo un acuerdo de paz con los elenos puede llenar los vacíos en participación ciudadana, agenda y mecanismos de implementación que dejó el proceso con Farc-Ep.

Sin embargo, la complejidad política de la negociación es solo una de las aristas a sortear, lo más difícil está en la implementación de unos acuerdos que, con seguridad, tendrán puntos de coincidencia con lo negociado con Farc-Ep, tanto en las regiones geográficas priorizadas como en los sectores de inversión y en las políticas públicas a desarrollar. En un momento de estrechez fiscal como el actual, la posibilidad de sumar esfuerzos mediante el fortalecimiento de mecanismos de focalización y eficiencia en el gasto público estará a la orden del día. Las acciones de posconflicto no pueden desarrollarse de manera aislada por los diversos sectores del gobierno nacional, y muchos menos de forma separada de los esfuerzos de las entidades territoriales ni de las formas locales de participación y movilización social. En esta misma línea, aunque los acuerdos provengan de mesas diferentes, el Estado es uno solo, y la acción pública debe garantizar que las acciones de paz integren las demandas de los dos procesos de negociación cuyos beneficiarios finales no serán otros que los pobladores de las regiones donde la violencia del conflicto armado se ensañó por décadas. 

Unificación de los mecanismos
La arquitectura institucional a través de la cual se implementarán los acuerdos de paz no deberá ser diferente para cada proceso. Multiplicar las instancias de intervención en territorio solo puede llevar a la duplicidad de acciones y a la pérdida de eficiencia y recursos, tan esenciales para garantizar las transformaciones sociales que demanda la construcción de una paz estable y duradera. La complementariedad de los acuerdos sólo se puede asegurar con la unificación de los mecanismos de planeación y focalización de las inversiones. Una paz verdadera debe eliminar los factores de violencia que han causado la victimización de las poblaciones, pero un flaco favor se haría a la paz si el estado se convierte en una babel institucional para dar solución a las mismas necesidades.     

Santos Alonso Beltrán Beltrán
Gerente Nacional de Contrato Plan del DNP
LA CRÓNICA


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