Inicio / Región / MAY 31 2020 / 1 mes antes

¿Le hará bien la COVID-19 a la educación?

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Autor : Diego Arias Serna

¿Le hará bien la COVID-19 a la educación?

¿Le hará bien la COVID-19 a la educación?

“Ninguna plataforma digital puede cambiar la vida de un estudiante, sólo los buenos profesores pueden hacerlo”: Nucci Ordine.

“La cuarentena del 2020” es una expresión que ya tiene un espacio ganado en la historia de la humanidad. Van a ser varios los textos literarios que desde ya está inspirando. Además, ha permitido que la escuela, por el fenómeno de la COVID-19, haya tenido que hacer un giro en la forma de relacionarse los docentes y sus estudiantes. Es decir, la pandemia aceleró un cambio que se venía insinuando años atrás, y la añorada educación virtual llegó para que los semestres que se habían iniciado en las universidades, estén terminando con el “arte pedagógico y didáctico de internet y las pantallas”. 

Lo mismo sucedió con la educación básica. Desde los niños, que no entendían lo que pasaba, hasta los más grandecitos de bachillerato, vieron como fueron separados de sus compañeros y, peor aún, desde el primer día de aislamiento perdieron los espacios que les permitían correr, practicar un deporte, jugar, y mirar a amigos y amigas con simpatía, aprecio y cariño que incitaba las fibras del amor. Por supuesto que para los padres la cuarentena aumentó sus actividades: Atender el teletrabajo, participar en las actividades escolares de sus hijos, hacer los deberes del hogar y hasta atender a las mascotas. Así también, manejar los miedos e incertidumbres, además de alimentar la esperanza de toda la familia. 

La gran pregunta que debemos hacernos es: ¿Será que el efecto de la COVID-19 le hará bien a la educación? Y esto obliga a otro interrogante: ¿Cómo estaba la educación antes de la pandemia? No es un secreto que la formación académica, con algunas excepciones, no venía bien. Los estudiantes de primaria llegan al bachillerato sin la formación básica en lectura y escritura; la aritmética y la geometría tienen un nivel que se acerca a cero, pocos estudiantes terminan ese primer ciclo con amor por la lectura y el inicio en ciencias naturales, incluyendo la ecología es mediocre, sino nula.

Así que la niñez llega al segundo ciclo sin un soporte académico que les permita a los profesores, en esos 6 años de bachillerato, prepararlos para acceder a la universidad o seguir un ciclo tecnológico que les facilite tener una formación para el trabajo temprano. Pero no, el docente de bachillerato necesita llenar las deficiencias que el estudiante trae de la primaria y hacer algo del currículo correspondiente a ese segundo ciclo académico. Entonces, ¿qué se puede esperar de esa formación de la educación básica? Que los estudiantes lleguen a la universidad con muchas deficiencias. 

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La carencia formativa afecta la escuela virtual 

Por ello, parte del fracaso en la educación superior se explica por esa no muy buena formación académica.  La deserción, que ha estado presente desde hace varias décadas, se empieza a superar cuando la educación básica forme de verdad en saberes primordiales. Por lo tanto, en estos momentos de pandemia y de la escuela virtual, sí que se está sintiendo el efecto de esas deficiencias formativas.  Así que está al orden del día preguntarse qué se debe cambiar de la educación, antes de pensar en que se debe seguir con la escuela virtual, porque no es raro que los gobernantes y sus tecnócratas ya estén pensando en seguir con la ‘formación’ virtual.

Esa metodología puede resultar más económica y favorable en lo político - y eso les interesa a los gobernantes - porque al estar todos en un espacio real facilita la organización y la protesta, aspectos que no son del agrado de las instituciones. En los establecimientos educativos y las universidades —como hay una comunidad— permite que haya un nivel de reclamos por aquello que no hacen bien quienes regentan las instituciones. Lo virtual no facilita esa tarea tan importante de los educandos. 

Esta organización de los estudiantes nos la recuerda Jean-Claude Michéa – profesor de filosofía en la Universidad de Montpellier - en su libro: La escuela de la ignorancia: “En Francia, hace 30 años, eran los comités de acción de los estudiantes los que proclamaban que, para combatir las desigualdades, los profesores no debían contentarse con transmitir la cultura que poseían, sino que tenían que despertar la personalidad de cada alumno y enseñarle a formarse por sí mismo”. Eso pasaba en los años 70 del siglo pasado. Los estudiantes de hoy se preocupan por competir y adquirir destrezas que, tal vez, les permitan adquirir unos ingresos para vivir. Destreza que, por el avance tecnológico, rápidamente queda obsoleta. 

Así que antes de discutir si se debe continuar con la ‘formación’ virtual, hay que pensar en la necesidad de hacer un cambio en la educación. Ese planteamiento lo formuló William Ospina en su texto: La escuela de la noche, donde expresa: “(…) es importante señalar los errores y las carencias del sistema educativo, ya que también la educación, por decirlo así, tiene que ser educada. Uno oye decir continuamente que la solución de los problemas de su país, que la solución de los problemas del mundo, está en la educación. La tesis parece evidente, pero ¿de qué educación hablamos?”.


En la educación tradicional había formación integral

Según Ospina “es natural que el estudio sirva para fines pragmáticos, pero tradicionalmente la educación se propuso la formación total de los individuos; no solo la formación de destrezas y de conocimientos teóricos, de información general y de datos especializados, sino la formación del carácter, el fortalecimiento de la voluntad, la generación de conductas ciudadanas, la responsabilidad social y la ética personal. En un mundo que pierde sus ideales, en un mundo librado a su propio furor pragmático, esas cosas van dejando de considerarse importantes, y, en contraste con su fama de faro moral y de guía espiritual, muchos poderes procuran que la escuela sea la primera en abandonarlas”.

Considera que “la sociedad moderna empieza a sustituir la idea de un templo del saber donde los humanos van a instruirse, por la idea de que hay una fábrica de saber acumulado que nos puede ofrecer a domicilio todo el conocimiento necesario para la vida. Este saber, por supuesto, se reduce a un aparato de fórmulas y de astucias para la vida cotidiana, una plétora de imágenes, artefactos e información que ni siquiera nos deja en condiciones de averiguar si esa vida práctica moderna, hecha de pasividad y consumo, tiene algo que ver con la vida”.

Opina igualmente el escritor colombiano: “Pienso que nuestra educación merece ser mejorada. Aún está demasiado llena de imposiciones, de evidentes y sutiles violencias. La tradición que perpetuamos tiende a masificar, a disolver lo personal, a apagar toda voz singular, a anular toda invención que no sea reciclable por el mercado. Hubo edades de generosidad, de hospitalidad, de desprendimiento y de heroísmo: hoy sólo el ideal del lucro parece respetable”.


Contacto en el aula entre alumnos y docentes es vital

El escritor y filósofo Nucci Ordine, profesor en la Universidad de Calabria, Italia, en una plataforma digital del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria, planteó sus críticas a la posibilidad de que la educación virtual que llegó para salvar el ciclo escolar, se vaya a quedar como alternativa didáctica. Algunas de sus afirmaciones fueron: “El contacto con los alumnos en el aula es lo único que puede dar verdadero sentido a la enseñanza, e incluso a la propia vida del docente”. Advierte además que “los estudiantes no son recipientes para ser llenados con nociones. Son seres humanos que necesitan, como los profesores, dialogar, interactuar y reconocerse en la experiencia vital de estar juntos para aprender”.

Considera que “a los jóvenes ya no se les pide que estudien para mejorar, para hacer del conocimiento un instrumento de libertad, de crítica, de compromiso civil.  No, no. A los jóvenes se les piden que estudien para aprender un oficio y ganar dinero. Se ha perdido la idea de la escuela y la universidad como una comunidad en la que se formen los futuros ciudadanos que podrán ejercer su profesión con una fuerte convicción ética y un profundo sentido de la solidaridad humana y del bien común”. Como están sucediendo los acontecimientos asociados a la COVID-19, se puede decir que el virus llegó para infectar aún más la educación.


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