Inicio / Región / JUL 01 2020 / 1 mes antes

Quindío, una aventura permanente

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Autor : Uriel Salazar Ceballos

Quindío, una aventura permanente

Palma de cera en el municipio de Salento.

“Quindío es un paraíso donde florece el café”. Jorge Villamil Cordovez.

Uno de los flancos occidentales de la Cordillera Central siempre se abrió generoso a las sucesivas poblaciones que lo han habitado, como los quindos, quimbayas, caucanos, boyacenses, tolimenses, cundinamarqueses y paisas, quienes en el crisol de esta hoya topográfica han permitido presagiar la irrupción del colombiano total.

La bravura de los primeros, la orfebrería de los segundos y los aportes raizales traídos por los demás durante 91 años de sucesivas fundaciones, cuajaron en este paraíso lo mejor de sus castas, ancestros y costumbres, dando como resultado un quindiano que sintetiza buena parte de la sangre colombiana, siempre buscando perpetuarse en el corazón de una raza.

Como obedeciendo a una exigencia histórica, en 1843 se inició la aventura con la fundación de Salento, población privilegiada con su estratégica ubicación geográfica en el “Camino del Quindío”, sendero cruzado por grandes personalidades representadas por las figuras cimeras de Simón Bolívar, José Celestino Mutis, Alejandro von Humbolt, Francisco José de Caldas y el presidente Manuel María Mallarino.

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Esta condición le mereció a Salento ser reconocido como “Municipio Padre” de estas tierras escogidas por la divinidad y la naturaleza como “Cuna de la Palma de Cera”, Árbol Nacional, donde empieza a cristalizarse el milagro de la perennidad. Su paternidad está en las calles, las casas y el Valle de Cocora.

Transcurridos 36 años se iluminó una colina para que naciera Filandia en 1879, cabecera municipal que en la actualidad, desde la imagen del Cristo Redentor, permite divisar la casi totalidad del Quindío donde se vislumbra un futuro de grandeza surgida de la bonhomía de sus gentes, la variedad del clima, la belleza de los paisajes y la abundancia de su mesa. Como “Hija de los Andes” domina al Quindío desde su mirador.


Mirador, en el municipio de Filandia


Este escenario rico en diversidades vegetales y buenos sabores en los ranchos aromatizados con café, dio paso en 1884 a la fundación de La Plancha, llamada después Circasia, donde sus habitantes quisieron volar hasta el lugar donde desaparecieran las amarras para dar acceso a la tranquilidad de un Cementerio Libre. Hasta los muertos disfrutan de esta tierra.


Cementerio Libre de Circasia


Y se fundó Calarcá, la “Antena Cultural” de Luis Vidales Jaramillo y Baudilio Montoya Botero, la que en 1886 vio la luz como heredera del legado del Cacique de quien sus hijos aprendieron a llegar hasta la cumbre de Peñas Blancas, simulando fugas hacia el parnaso de la literatura colombiana, sin olvidar la riqueza natural del Jardín Botánico, incluido el mariposario.

Las siembras de los calarqueños parecen hechas en surcos de donde afloran versos con altura griega y reconditeces indias que le han merecido a Calarcá los calificativos de “Cuna de Poetas”, “Meridiano Cultural del Sur-occidente Colombiano”, “Villa del cacique”, “Corazón vial de Colombia” y “Puerta de entrada al Paisaje Cultural Cafetero”. Se remonta al pasado en Peñas Blancas y los colores vuelan en el mariposario.


Monumento al Cacique Calarcá


Donde había un corazón capaz de cambiar por milagros la esperanza, apareció Armenia en 1889, la que con solo 38 años mereció del poeta Guillermo Valencia el título de “Ciudad Milagro”, y del hijo de éste, el presidente Guillermo León Valencia Muñoz, la condición de Capital del Departamento del Quindío, habiéndole bastado únicamente con ser joven para merecer la ciudadanía y el reconocimiento generoso de los pueblos hermanos.

Hija de Jesús María Ocampo, Hipólito Nieto, los hermanos Suárez y demás colonizadores, Armenia fue favorecida por la suerte; por eso hoy la vemos mostrando lozanías y dirigiendo el destino de este pedacito de Colombia, confirmando la utilidad de la odisea protagonizada por más de cincuenta colonos fundadores. Aquí se erigió un Parque a la Vida, un Museo a la Cultura Quimbaya y se le rinde culto al pasado en altares construidos en paredes y barrancos. Armenia recoge su pasado en el Museo Quimbaya y se proyecta en el Parque de la vida como “Capital de la Esperanza” y “Ciudad de Inmortales”.


Plaza de Bolívar de Armenia

 

Como aludiendo culturas de otros tiempos, en 1890 aparecería “Villa Quindío”, rebautizada como Montenegro, antes dominio del Cacique Tucurrumbí, tierra que llegaría a ser emblemática de la quindianidad siendo la preferida del cafeto colombiano, cuyo aroma inspiró la sede del primer monumento contemporáneo, comúnmente llamado Parque del Café. Su tradición verde enmarca el Parque de la Cultura Cafetera.


Parque Nacional del Café ubicado en el municipio de Montenegro


En 1902 seguiría la fundación de San José de Colón, llamada después Pijao, tierra que confirma su hospitalidad en las ramas de sus árboles convertidas en “Dormitorio de las garzas”, donde se respira la placidez y tranquilidad de las pocas ciudades sin prisa que hay en el mundo. Su calma propicia la vida lenta y el turismo sostenible.


Arco en la entrada al municipio de Pijao


La correría fundadora llegaría a las tierras donde en 1906 se fundaría Génova, la homónima de la cuna del descubridor de América, tras la búsqueda de sus lagunas encantadas, en donde los ríos toman nombres de colores, desde el rojo hasta el gris, tierra que se perfiló como el más “Bello rincón quindiano” y “Frontera del Sur”. En este bello recodo quindiano se recuerda el pasado y se piensa en el futuro.

Ostentando su riqueza como emporio del acero vegetal, se fundó Córdoba en 1912, tierra donde los vientos nacidos en las montañas, se mezclan con el aroma del café, mientras se contemplan las cascadas escondidas entre breñas, cafetales y pastizales. El ulular del viento susurra en sus guaduales.


Museo de El Centro Nacional para el Estudio del Bambú Guadua


Ya era 1914, desde las intimidades del mito y la leyenda, presagiando el futuro, Quimbaya, la otrora Puerto Alejandría, comenzó su historia como “Tierra de luz” encendiendo sus faroles misteriosos para acompañar las plegarias de un pueblo que se sintió sepultado en el tiempo y que emergió clamando justicia en los mismos campos donde antes habitaron los mejores orfebres aborígenes, algunas de cuyas obras son expuestas en el museo de mismo nombre que hace gala de sapiencia e historia y en donde, además, se ratifica la vocación de este territorio en los parques temáticos de Panaca y Los Arrieros. 


Monumento ubicado al ingreso del municipio de Quimbaya


En 1916, una familia poseedora de algunas de las tierras más cálidas de la región que habían sido sembradas con guacas aborígenes, invocando un nombre usado en el alto Egipto fundó La Tebaida, escenario de fertilidad reconocido después como el “Edén Tropical del Quindío”

Transcurridos 91 años, el recorrido de colonización termina con la fundación de El Tolrá en 1934, ubicado tan estratégicamente que, cuando sus habitantes se asomaron a la ventana, exclamaron: Buenavista. Desde este “El balcón del Quindío” puede apreciarse la más hermosa panorámica de esta región privilegiada de la Patria.

El Quindío, identificado desde sus comienzos como “Departamento piloto”, lleva en sus venas la sangre de quienes le han aportado lo mejor de su haber a través de la más variada riqueza humana y cultural, hasta convertirlo en una isla de verdor en el Paisaje Cultural Cafetero. 

Además de destino con todos los encantos turísticos del proceso del café, senderismo, desfile del yipao, arquitectura, balsaje, trekking, cabalgatas, parapente, avistamiento de aves, fauna, flora, parques naturales y temáticos, representaciones típicas, artísticas y culturales, desde el Quindío puede irse al resto de Colombia, siempre llevando la impresión de haber conocido y disfrutado la segunda versión del “Paraíso terrenal”.

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El Departamento del Quindío, con 12 municipios que son “doce granos de oro” para la riqueza colombiana, se levanta airoso como “Corazón de Colombia”, escenario de tiples y de hachas, de violines y guitarras, de bambucos y pasillos, de intelectuales y labriegos, de chapoleras y cosecheros, de creadores y recreadores capaces de sembrar en esta tierra fértil, la noble inspiración de sus pisadas.

Gratitud eterna para el Presidente Guillermo León Valencia Muñoz, favorecedor y firmante de la Ley Segunda del 19 de enero de 1966 por medio de la cual se creó el departamento del Quindío. Honor para sus gestores Ancízar López López, Rodrigo Gómez Jaramillo, Silvio Ceballos Restrepo, Juan Zuluaga Herrera y Humberto Cuartas Giraldo. Reconocimiento perenne para Solita Lozano de Gómez, creadora del escudo y la bandera; Jorge Robledo Ortiz, autor y Luis Uribe Bueno compositor del himno; Roberto Henao Buriticá, autor de la estatua de Simón Bolívar y del monumento al Hacha que engalana los escudos de Armenia y el Quindío; Rodrigo Arenas Betancur, creador del monumento al Esfuerzo y demás cultores que han procurado lo mejor para los quindianos…y gracias por siempre para los 29 ciudadanos y ciudadanas que han orientado los destinos del Quindío durante los 54 años que se cumplen este miércoles.


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