Inicio / Al descubierto / AGO 03 2020 / 2 semanas antes

El ‘Amparo’ de la población con discapacidad

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Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

El ‘Amparo’ de la población con discapacidad

Amparo Rosas también promueve una revista y un programa radial llamado Para todo el mundo.

Amparo Rosas también hace talleres anuales con periodistas para enseñarles sobre el lenguaje incluyente.

“Las personas con discapacidad motriz pierden una habilidad pero siempre ganan otra. Sin embargo, la comunidad suele darle más valor a la falta de un miembro que al humano que vive esa situación”. Así siente Amparo Rosas la realidad que, a su juicio, padece esta población de la que ella hace parte.  

Desde que tenía 7 años, por motivos que no es necesario revelar, ella quedó con una discapacidad que le afecta la movilidad de sus miembros superiores. Esa situación hizo que su ingreso al mundo escolar se tardara más de lo normal y llevó a que su madre tuviera más cuidados y fuera más permisiva con ella que con el resto de sus hermanos. Pero tales circunstancias no fueron un impedimento para graduarse como química de la universidad del Quindío. Tampoco para dictar clases de esa área del conocimiento en colegios de primaria de los rincones más apartados de Colombia. Aunque su estatura es baja, sus metas siempre han sido grandes y nunca se sintió menos que nadie por tener un problema físico. 

Sin embargo, es consciente de que ella y otros seres humanos con situaciones similares a las suyas se mueven en un mundo que no está diseñado para ellos, porque la demás gente los mira como seres extraños, diferentes al resto de los mortales y los gobernantes de turno diseñan las ciudades y las construyen poco amables con ellos, como algunos ciudadanos que también se muestran indiferentes ante sus necesidades especiales. 

Para comprobar ese argumento, Amparo asegura que basta con ver el comportamiento despectivo de algunos de los conductores del transporte público, quienes prefieren seguir de largo antes que ayudar a una persona con problemas de movilidad para que aborde el automotor. Es tanta la ignorancia de la comunidad en torno a sus condiciones diferenciales frente al resto de la población, que a muchas personas ciegas no las dejan subir a los buses o en los taxis cuando van con sus perros lazarillos. Ignoran que no se trata de una simple mascota, sino que es un animal que está entrenado para servirles a ellos como guías para moverse por cualquier lugar, que son su bastón, su soporte, su apoyo de cuatro patas. 

La mujer recordó que además esos vehículos, como los andenes en las calles, no cuentan con rampas para facilitarles el acceso, en la mayoría de los casos. Pero la lista de los mobiliarios urbanos que los excluyen como personas es tan larga que no cabría en esta página. 

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Una muerte que le dio vida a su misión 

Amparo Rosas rememoró que la muerte de su madre la llevó a darle un giro completo a su vida, a pensarse para tomar acciones que le permitieran vivir para servir a su población semejante con la firme convicción de poder incidir en las esferas de poder para cambiar el entorno agreste que los rodea. 

“Empecé a reconocer que no me había detenido a analizar la vida de otras personas con discapacidad que no fueron al colegio ni a la universidad. Entendí lo que había representado para mí el hecho de tener a una  mamá incluyente, que hizo que pudiera vivir una vida en igualdad. Yo pude presentar  mi hoja de vida para acceder a un empleo, era un reto tenaz, pero lo hice. Aprendí que tenemos que contribuir a cambiar nuestra propia realidad”. 

Entonces se dio a la tarea de generar conciencia de que las personas con discapacidad pueden llegar tan lejos o más que el resto de los mortales, pero solo necesitan que los incluyan, que los miren como iguales y que les abran los caminos —que han tenido tan cerrados— de las oportunidades: el acceso a la educación, la atención en salud y las posibilidades de empleo. Comprendió que acceder a esos derechos sería el camino para alcanzar muchas metas, incluso, para subir la autoestima, que muchos de ellos tienen muy baja porque se sienten excluidos hasta en sus propias familias. 

Desde 2010, Amparo Rosas decidió empuñar, con firmeza, la bandera de la discapacidad. “Empecé con un reto extremadamente grande que no depende solo de mí y de las personas con discapacidad, sino de la sociedad y de las políticas públicas”. Según ella, no se trataba de mendigarle nada a ningún político de turno, pero sí de hacer efectiva para su comunidad aquella frase que usó Arquímedes para explicar el funcionamiento de la palanca: “Dame un punto de apoyo y moveré el mundo”. 

Pequeña con grandes visiones 

Ella asegura que, como el buen jugador de billar, aprendió a darle a la bolita que era, para poder hacer moñona en las políticas públicas y favorecer a su población. Como haciendo honor a su propio nombre, le brindó amparo a su gente y entendió que sí encontraba espacios para desarrollar y descubrir sus talentos artísticos e individuales, estas personas le encontrarían más sentido a vivir. “Les hemos ayudado para que estudien, para que terminen su bachillerato o una carrera universitaria. Los proyectos de artística son una excusa para incentivar el desarrollo humano”. 

En medio de sus reuniones con la población discapacitada, ella notó con especial atención que sí una persona era ciega podría desarrollar con gran holgura la capacidad de oír para cantar afinado y bonito, que sí no podía pintar con sus manos porque las había perdido, entonces el universo la dotaba de un talento especial para hacerlo con su boca y hasta con los dedos de los pies. Eso, dice Amparo Rosas, no son rarezas, sino simples diferencias individuales entre los seres humanos. Tan distintas que sí alguno de nosotros, que decimos ser normales, quisiéramos hacerlas, quizás, moriríamos en el intento. 

De esa lectura de sus propias realidades, ella supo sacar partido para formar un grupo musical de personas con discapacidad. “Cuando me veo como discapacitado, me veo desde mis debilidades, pero si me reconozco como persona me veo desde mis fortalezas”, aseguró Amparo Rosas. 

Ella es la muestra palpable de que la discapacidad no significa incapacidad y que las barreras siempre serán mentales, porque las físicas se superan con tesón y voluntad



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