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La Salida / SEP 12 2019 / hace 2 meses

El mexican dream, estreno este jueves en el Festival Internacional de Artes

En Teatro Azul, la tragicomedia que aborda el tema de la migración en una puesta en escena del grupo Mexicali a Secas.

El mexican dream, estreno este jueves en el Festival Internacional de Artes

Grupo teatral de la compañía Mexicali a Secas de México.

Este jueves, a las 7:30 p. m. en el marco del cuarto día del 18 Festival Internacional de Artes Armenia, que organiza Teatro Azul, la compañía Mexicali a Secas de México estrenará la obra El mexican dream. Esta puesta en escena cuenta con la dirección del maestro Ángel Norzagaray, una de las figuras más relevantes y prolíficas del teatro mexicano contemporáneo, y con actuaciones de actores como Felipe Tututi, Miryam Reina y Cristóbal Dearle. Agustín Meléndez Eyraud, autor del texto teatral habló con LA CRÓNICA.

¿Cuál es la historia que cuenta la obra El mexican dream?

Es la historia de dos jóvenes mexicanos. Ellos simulan ser de Centroamérica para sumarse a una caravana migrante. Atraviesan México y van hacia el norte en busca de asilo político en Estados Unidos. No creas que son víctimas de la violencia, o que escapan de la miseria, o la inseguridad. No. Para nada. Ellos lo hacen para conocer Disneylandia. Así como se oye. El novio le promete a su novia que la llevará ‘al lugar más feliz del mundo’ para celebrar sus 15 años. Sin más ni menos, todo se convierte en una extraña pesadilla. Tal vez el público o el lector pueda decir que es cruel por tratarse de un tema tan delicado, pero de ninguna manera es un escudero de la tragedia humana. Al contrario, creo que es una historia que por momentos conmueve y te llena de ternura, que también ilustra la indiferencia y la ignorancia. 

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¿Qué significa para usted que su obra nazca escenificada por Mexicali a Secas?

Es como un sueño hecho realidad. No solamente es un gran honor para un artista mexicalense, sino que son mis amigos y los quiero mucho. El que Mexicali a Secas, que es una compañía de gran trayectoria y prestigio del teatro nacional de México, con más de 30 años de experiencia, y tener esta aproximación con ellos por primera vez, a través de esta obra tan actual y relevante por su temática, pues es algo muy verraco, como dicen ustedes.

¿Cómo ha sido trabajar junto a Ángel Norzagaray?

A Ángel lo conozco desde hace mucho tiempo y he visto muchas de sus obras. Desde que yo era adolescente, alcancé a ver El álamo santo, El velorio de los mangos, luego vino más tarde Cartas al pie de un árbol y otras… Son obras famosas en México y la lista es larga. Montajes memorables, que sin duda lo ponen a él y a su grupo de actores en el pedestal de la escena mexicana. Es uno de los grandes directores de escena que nos quedan en el país, por supuesto que hay otros y muy buenos, pero Ángel tiene ese prestigio que no muchos tienen. Su nombre es sinónimo de calidad. Y yo, como escritor de teatro, apenas comienzo a llamar un poco la atención por mis temas y mis textos. Para mí es un gran honor, como te decía antes. Además el elenco es buenísimo. Felipe Tututi no tiene madre, es un animal escénico. Cristóbal Dearle y Miryam Reina no se quedan atrás como verdaderos histriones. 

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Usted nació en México y actualmente vive en Estados Unidos. Cuéntenos sobre su experiencia personal como migrante

Yo emigré desde hace muchos años, hace casi dos décadas. Me fui desde muy joven en busca de oportunidades. Al principio lo hice de manera ilegal, como tantos que llegamos a Estados Unidos en busca de una mejor vida. Luego tuve la oportunidad de arreglar mis documentos y por años fui y vine sin problema. Pero en enero de 2010 tuve un problema con un agente de migración y me metieron en un proceso de deportación que se convirtió en una verdadera pesadilla. Por casi diez años estuve encerrado en Estados Unidos sin derecho a salir, y fue hasta hace un año, en septiembre del 2018, que pude visitar México y ver a mi familia, amigos y colegas. En ese largo intervalo murieron seres queridos, perdí miles de oportunidades de trabajo, mi carrera artística también sufrió, porque de pronto un día desaparecí del mapa. Fue muy doloroso, porque además de no poder visitar mi tierra, el vivir pensando que en cualquier momento te van a deportar es horrible. Sin embargo, ya viéndolo en retrospectiva, no todo fue malo. Gracias a este encarcelamiento generado por una pesadilla burocrática, fue que mi teatro comenzó a madurar y cobrar un nuevo sentido. También tuve la oportunidad de hacer una carrera exitosa en los medios de comunicación. Actualmente soy periodista y trabajo como productor de noticias para Telemundo.  

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¿Qué resulta tras abordar desde una perspectiva tragicómica la xenofobia y la discriminación?

Creo que es muy subjetivo el resultado, cada quien reacciona a su manera de acuerdo con el tono y el estilo de la obra. También hay gente que se puede ofender y hay público para todo tipo de propuestas. Me parece que el teatro aparte de entretener debe buscar crear conciencia sobre temas importantes. Así ha sido siempre, desde el teatro clásico, hasta el isabelino y posteriormente con la llegada del teatro moderno. Yo me pongo a pensar en Chaplin o Moliere. Ellos hacían lo mismo. Se burlaban del sistema, de su tiempo y eran atacados ferozmente por sus críticos. En mi caso ya me ha pasado que la gente se ofende con mis propuestas, tanto por personajes que son interpretados de cierta manera que les resulta irrespetuoso o por el tipo de tono como se presenta la obra. Cuando yo escribo, trato de ser sincero. En el caso de esta obra, me burlo, no solo del sistema que impone reglas injustas, sino de nosotros como ciudadanos mexicanos que criticamos el sistema norteamericano de inmigración y maltrato y la división de familias por leyes injustas, pero nos comportamos de la misma manera. 


Carolina Marín
LA CRÓNICA

 


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