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El pequeño gigante de los cuentos en Quimbaya

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Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

El pequeño gigante de los cuentos en Quimbaya

Hace 8 años que se dedica a educar por medio de esta narrativa oral con la que pretende dejar enseñanzas.  

Aunque pocos lo crean, Quimbaya tiene su propio duende, pero a diferencia de los que se han construido en el imaginario colectivo, este no le hace maldades a la gente, sino que la entretiene y la educa a punta de cuentos. En vez de hacer perder a las personas en sitios desconocidos, como dice la leyenda, las hace encontrar con sus propias realidades, al sacarle enseñanzas a cada historia que dramatiza con lujo de detalles, para luego inducir a su público a reflexionar.  

Cristian Julián Buitrago Restrepo mide 1.58 metros de estatura, tamaño que por cierto le cayó como anillo al dedo para personificar a ese ser mítico, pequeño, travieso y juguetón que hace parte de tantas leyendas de los pueblos. Además, tiene un cabello tan abundante como el repertorio de historias fantásticas que ha acumulado durante 8 años, en los que se ha dedicado a usar los cuentos también como una autoterapia, como una estrategia sicológica para vencer su propia timidez. 

Cristian Julián reveló que al comienzo no le fue fácil contar cuentos, justamente porque esa pena lo dominaba y cada que hablaba la embarraba. 

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“Yo generaba mucha inquietud porque mis cuentos no salían bien, porque tenía problemas de comunicación. Entonces mis mentores me pusieron un ejercicio que me ayudó a generar muchas estrategias para mejorar la forma de contar. Consistía en que durante las vacaciones debía encontrar a un niño y contarle un cuento. Ellos son el público más sincero que hay en este mundo, si usted está siendo aburrido el pequeño no tiene problema en decírselo. En ese momento uno tiene que buscar la manera de innovar, de que ese personaje se escuche dinámico, de que la historia suba y baje la tensión. Yo hice ese trabajo en el 2013 y el pequeño, que me sirvió como conejillo de indias, me hizo gastar todo el repertorio que tenía porque le gustó cómo le contaba”.  

Fernada Buitrago Restrepo, la hermana, que está ahí como su sombra para apoyarlo en todas sus ocurrencias literarias, que rozan ese estrecho límite entre la realidad y la ficción, reveló: “A la familia nos extrañó porque era extremadamente tímido y los cuentos fueron una manera en la que él pudo exteriorizar eso. Nadie se imaginaba que fuera a ganar concursos de cuentería en otras ciudades, que fuera a participar a nivel nacional. Él hace eso con los niños también y les da herramientas de comunicación”. 

Este pequeño y singular personaje, que es licenciado en español y literatura de la Universidad del Quindío, se hace llamar el Duende cuenta cuentos. 
 

Su vida es todo un cuento 

“Cuando entré a ese centro de estudios me gustaba bastante la cuentería y me llamó mucho la atención la forma cómo Luis Hernán Arango Gómez, conocido como Piripi, que es el director de Tejecuentos de allá, se valía de los cuentos para atrapar a las personas y hacer que aprendieran un tema cualquiera de una manera amena y divertida. Al entrar al curso de cuentería me di cuenta de que era el complemento perfecto para la carrera. Encontré gran cantidad de cuentos que me permitieron, siendo profesor, llamar la atención del joven”. 

La cuentería le ha dado tan buenos resultados en su vida que reveló que no tuvo que pagar un peso para cursar la carrera en la universidad porque lo becaron. El duende cuenta cuentos es un verdadero artista y pedagogo que se vale de la palabra, del cuerpo y de la voz para empelicularse a fondo con lo que está contando. “Como yo lo disfruto, el público infantil también y se dan cuenta de que cada cuento tiene algo que va más allá de lo que estamos viendo, puede traer miles de mensajes y de reflexiones que son válidas”, aseguró Cristian Julián. 

Hoy en día se desenvuelve como pez en el agua para relatar todo tipo de cuentos en cualquier escenario y no solo ante niños, también le echa cuentos a los adultos, a pacientes de hospitales, al mejor estilo clown, y hasta a las personas privadas de la libertad, donde ha dejado ‘encanado’ su particular estilo de relatar historias. 

También lo hace en universidades y se ha codeado con los duros de la cuentería a nivel nacional en el festival Había una vez, que se realiza en la Universidad del Quindío cada año, pero que hace presencia en comunidades vulnerables del departamento. Él mismo se ideó un cuento llamado Ferno, que dura 30 minutos y en el que imita sonidos, personajes y ambientes de una manera tan llamativa que le permitió participar en el Encuentro Nacional Universitario del 2016 en Santa Marta, donde ocupó el sexto lugar. 

Aseguró que con el tiempo aprendió a ser intuitivo, a hacerle un diagnóstico mental al tipo de público al que se va a dirigir para saber cómo hablarles. Porque si entre ellos hay un ciego la comunicación debe de ser muy verbal y descriptiva para que este pueda pintar en su mente los paisajes orales, pero si hay un mudo debe ser más gestual. 

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Ahora con el ‘cuento’ de la cuarentena estuvo inactivo por unos días y empezó el síndrome de abstinencia cuentera. Entonces, con ayuda de su hermana, abrió una página en Facebook a la que llamó El duende cuenta cuentos y allí ha venido retomando sus relatos orales por medio de la transmisión de Facebook live. De la contrario, estaría loco  por no tener su dosis de cuentos.   
 

El cuento de poner a pensar con cuentos 

“Estaban 2 azulejos sentados en la rama de un árbol y uno le dijo al otro que mirara cómo unos hombres talaban los árboles del bosque. ¿Sabes por qué lo hacen? Le preguntó, a lo que el otro le respondió: Están cavando su propia tumba”, relató El duende cuenta cuentos para dejar pensando a más de uno. 

Para Cristian Julián contar cuentos no es más que un pretexto para contar su propia historia. 

“El Tío Conejo es un animal pequeño que al no tener fuerzas ni garras como el tigre ni como el oso, recurre a su inteligencia y entonces es capaz de engañar a los animales más salvajes y hasta al mismo hombre”, esas características de aquel cuento del testamento del paisa de Euclides Jaramillo, asegura él, reflejan su propia vida. 

Los cuentos como la poesía y la escritura son los medios perfectos para viajar a cualquier lugar del mundo sin necesidad de montarse en un vehículo porque tienen el poder de poner a volar la imaginación. 

“La palabra es tan fuerte que puede generar sensaciones como el frío y el calor y emociones como la tristeza, la nostalgia y la alegría”, aseguró este pequeño gigante de la narración oral, quien también ha rescatado los mitos y las leyendas como parte de un proceso de recuperación de la memoria histórica en la vereda de Puerto Alejandría de Quimbaya, donde es visto por sus pobladores como lo que es: todo un personaje.


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