Viernes, 28 Feb,2020
Al descubierto / ENE 21 2020 / hace 1 mes

El ‘pitazo final’ es con el servicio

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

El ‘pitazo final’ es con el servicio

Fernando Panesso fue uno de los gestores del museo del deporte en Armenia.

El exárbitro Fifa, Fernando Panesso, considera que ahora le llegó el tiempo de aportar su experiencia a la formación deportiva. 

Fernando Panneso Zuluaga dejó huella en las canchas del fútbol profesional colombiano y en las del extranjero, donde se destacó como un árbitro honesto en sus decisiones desde 1988 hasta el 2006. Rechazó dineros de reconocidos mafiosos que en su momento quisieron torcer los resultados de partidos que tenía a su cargo, lo hizo aún cuando sabía que le podría significar el ‘pitazo final’ de su vida. 

Ahora considera que es el momento de servir, de retribuir a la sociedad con lo que aprendió en todo ese tiempo. Por eso aporta con su valiosa experiencia como subdirector técnico del Imdera en Armenia y como gerente de Indeportes Quindío. 

Desde el 2010 también da su granito de arena para que los niños con discapacidades intelectuales sean incluidos en las prácticas deportivas por medio de la fundación Special Olimpics.  Sobre estos y otros asuntos dialogó con LA CRÓNICA

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¿Cómo un hombre que se gradúa como licenciado en educación con especialización en química y biología termina convertido en un árbitro destacado de fútbol? 

La carrera nunca la ejercí porque realmente siempre me enfoqué por el lado de la práctica deportiva, que fue la que me llevó a meterme en todos esos asuntos del deporte y a terminar en el arbitraje. 
Al salir de la universidad me metí, hace 35 años, como catedrático de educación física en colegios de bachillerato y de primaria del Quindío. Lo hice por mi formación deportiva de toda la vida.  
Me volví experto en natación y cursé una especialización en esa materia con la Escuela Nacional del Deporte, hicimos un escalafón con entrenadores de esa entidad y laboré acá con ese tema. Fui casi 15 años instructor de natación en la universidad y con Coldeportes. 

¿Desde pequeño sintió que lo suyo era el deporte? 

Sí. Pero no tuvimos los recursos para estudiar la licenciatura en educación física que solo estaba en Bogotá, por lo que me quedé en Armenia y me metí por el lado de la licenciatura en educación con énfasis en biología, que fue la que más relación tuvo con el deporte. 

¿La escasez de árbitros en la universidad del Quindío lo llevó a debutar en ese cuento? 

Laboré con la universidad en natación, pero también me gustaba el fútbol y una vez estuvimos en un encuentro de universidades a distancia y ellos consiguieron de todo, pero no tenían árbitros, por lo que me pidieron el favor de que pitara porque sabían que yo era un hombre del fútbol. Me metí a arbitrarles y vieron que tenía condiciones para eso y por ahí me fui porque vi la posibilidad de triunfar, pese a que estaba demasiado adulto para tomar las riendas de esa materia, me puse con eso sabiendo que las cosas tenía que hacerlas con rapidez y así fue. 

¿Actualmente qué metas tiene? ¿A qué se dedica? 

Pienso que con toda esa gloria que de alguna manera pude tener en la vida, ahora lo que quiero es devolver gratitud, servicios y estoy poniendo todo ese bagaje de experiencias que tengo en el deporte y en la ciudad para ayudarle a salir adelante a mucha gente, a mi región, a Armenia, a Colombia. Mi ilusión es la de poder servir. 

El año pasado el arbitraje en el fútbol estuvo muy cuestionado, ¿a qué cree que se debió? 

Es algo que me parece que son oleadas. Eso se presentó el año pasado, hace cinco años, hace diez años, cuando yo arbitraba en el 90 pasaba lo mismo y ocurre por las mismas circunstancias  —fallas humanas, de apreciación, de contexto y de ubicación en el campo—, pero ha ido mejorando con las ayudas tecnológicas que permiten que el árbitro pueda tomar mejores decisiones. Son de todas esas situaciones que uno como persona no alcanza a determinar muchas veces por las mismas circunstancias del partido. 

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En dos partidos importantes Pablo Escobar y los hermanos Rodríguez Orejuela le mandaron emisarios con dinero para desviar el curso de los cotejos a su amaño, pero usted no aceptó esas dádivas. ¿Qué piensa hoy de esos episodios? 

Sentí mucha tranquilidad, dignidad y sinceridad frente a lo que hice en esa época, que fue muy difícil no solo para el arbitraje sino para el país. La mafia era la que ordenaba los destinos de Colombia. Se sentó un precedente de que la honestidad y la transparencia están por encima de otras cosas. Me causó mucha tristeza en la casa, desengaños familiares, bastantes líos con mis hijas, con mi pareja, pero ahora digo que valió la pena porque gracias a Dios estoy vivo, porque fueron circunstancias muy peligrosas, pero pude dejar un testimonio de haber hecho las cosas como se tienen que hacer. 

¿Sintió temor por su vida en ese momento? 

Claro, muchos sufrimientos, desvelos, llantos porque se siente uno incólume ante todas estas cosas de las cuales salir no era fácil. A pesar de que arriesgué mi vida con esas decisiones, pienso que en ese momento, a pesar de que no era una situación muy positiva, eso me dio más respeto en el mundo del fútbol, del deporte y a nivel social. 



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