Al descubierto / MAR 28 2020 / 2 months before

El San Juan de Dios se prepara para atender pacientes con Covid-19

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

El San Juan de Dios se prepara para atender pacientes con Covid-19

Con la emergencia de salud por el coronavirus, el centro médico ha tomado medidas para atender a los pacientes con esta enfermedad y para evitar que otros se contagien.

La pandemia actual obligó a disminuir el número de visitantes. En tiempo récord, el pasado sábado adecuaron una sala especial para personas diagnosticadas con el coronavirus y otra para los que presentan síntomas. 

 

Si hoy las calles de las ciudades parecen un desierto en medio de la pandemia, el hospital San Juan de Dios de Armenia no se escapa a esa realidad. Si antes las salas de espera de cada área se veían llenas de pacientes y de sus acompañantes, ahora, la soledad es la constante.

En un abrir y cerrar de ojos el centro médico más importante del Quindío se vio obligado a adecuar sus instalaciones para atender a los pacientes infectados de COVID-19, a los que presentan síntomas y al resto de la población, con medidas preventivas especiales nunca antes vistas. 

Para nadie es un secreto que el personal médico convive a diario con la muerte, pero antes esta se llevaba solo a los pacientes graves, ahora muchos temen que también se los lleve a ellos. La pandemia es tan incluyente que no discrimina a enfermeros, médicos, especialistas, camilleros y a los mismos enfermos. Por fortuna, hasta ahora, ninguno de allí ha salido afectado. Con el mundo entero frenado por un enemigo invisible, estos guardianes de la vida no se pueden dar el lujo de parar sus labores, aunque ahora las ejerzan en un escenario completamente diferente al que en tiempos normales se percibía allí. 

Los cambios 
Voceros del hospital informaron que desde que se decretó la cuarentena en el departamento, en cinco horas, adecuaron el sexto piso, donde permanecían personas hospitalizadas. Aquellos pacientes que necesitaban quedarse por una situación estrictamente necesaria, los reacomodaron, a los que podían seguir su tratamiento desde la casa, los mandaron. Una parte de ese nivel fue modificado para abrirle espacio, en una zona, a los afectados por aquel mal de salud pública que hoy tiene en jaque al mundo y que hasta ayer en el Quindío reportaba 15 enfermos. 

El área de los infectados por el virus la aislaron del resto de las habitaciones con paredes que no permiten el paso de un lado al otro. En sus ventanas y puertas se puede leer en letras grandes COVID-19, una dependencia que jamás existió allí, pero ahora asusta a más de uno. Está tan aislada, que parece una habitación en la que confinaban, como castigo, a los presos rebeldes en las cárceles. Aquellas personas afectadas con la pandemia cuentan con un ascensor exclusivo para subir hasta allí solas. 

Si antes a los ascensores podían ingresar hasta 15 personas, ahora, gracias al mencionado enemigo, solo 5 almas entran allí para que guarden la debida distancia entre ellas. En Unidad de Cuidados Intensivos solo puede estar un acompañante, mientras que antes del COVID-19 entraban hasta 3. Afuera de la sección de pacientes renales hay seis sillas para acompañantes, que antes eran copadas sin problemas. Ahora, una persona se sienta en la primera, mientras que las cuatro siguientes permanecen aisladas con cintas, que en otras palabras indican peligro, para que quien se sitúe en la última conserve una distancia adecuada. 

Al sótano del hospital llegan aquellos pacientes con síntomas respiratorios que pueden llevar a creer que padecen coronavirus para que, mediante exámenes médicos, sean confirmados o descartados. Esa área cuenta con 25 camas y hasta ahora no se ha saturado, explicaron funcionarios, porque las personas, por fortuna, están usando las líneas destinadas para confirmar los síntomas, antes de abarrotar ese lugar y poner en aprietos al personal médico. 

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En ese mismo piso están los pacientes atendidos por urgencias, pero totalmente aislados por paredes de sus vecinos sospechosos de padecer aquel mal tan nombrado por estos días. Si antes a las urgencias podían llegar acompañantes y visitantes del afectado, ahora no lo pueden hacer, excepto si se trata de un adulto mayor con dificultades para moverse. 

Algo parecido pasaba en las urgencias pediátricas, que hasta ayer permanecían vacías. Cada niño solo puede estar con un acompañante. Porque, entre otras cosas, el COVID-19 no es un juego de niños, como muchos, que andan tranquilos por las calles, creen. 

Todas esas medidas se implementaron para evitar las aglomeraciones y el contacto entre personas en un sitio que fácilmente puede ser un foco de infección. 

Cualquier cosita es cariño 
Los directivos del centro médico establecieron estímulos para los especialistas, los médicos, los enfermeros y los camilleros que, en razón de sus funciones, deben permanecer allí 12 horas diarias. Ellos tienen derecho a un almuerzo diario. 

Después de que se decretó el toque de queda, el pasado sábado, el transporte público se complicó también para que el personal pudiera llegar a cumplir su misión. Entonces en el hospital contrataron un vehículo para movilizar a los colaboradores desde sus casas hasta el las instalaciones y viceversa. 

Al llegar a sus viviendas estos guardianes de la vida dejan los zapatos afuera, se quitan la ropa, se bañan y se ponen una vestimenta diferente, porque además de cuidar la existencia de sus pacientes, también velan por la de sus seres queridos, a quienes por estos días no pueden abrazar con el cuerpo, pero sí con el alma. 



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