Domingo, 26 May,2019
Historietas del más acá / ABR 21 2019 / hace 3 semanas

El viejo Uribe

Autor : Ernesto Acero Martínez

El barrio Uribe Uribe fue la cuna y morada de los protagonistas de los acontecimientos económicos, políticos, deportivos, religiosos, culturales y sociales de Armenia.

El viejo Uribe

Muchas de las personalidades que habitaron este barrio, incluso el militar Rafael Uribe Uribe, fueron de filiación liberal.

Ancízar López López les contó a sus hijos que cuando cayó el régimen de Rojas Pinilla, amarró un busto del militar a la defensa de su Studebaker amarillo quemado y recorrió eufórico, desde su casa en el barrio Uribe, la carrera 13 de Armenia, en ese entonces municipio caldense.
 

La voz de Ancízar López López (Oir en otra pestaña)


En el anecdotario del barrio más antiguo de la ciudad también está el robo del monumento del senador y ministro Rafael Uribe Uribe. De la cabeza en bronce del militar liberal no se tuvo noticia durante cinco años, hasta que un residente del sector la vio en manos de una habitante de calle, debajo de un puente en Dosquebradas, y avisó a sus vecinos del Uribe. El bronce fue recuperado, restaurado e instalado nuevamente en la esquina suroriental del parque que lleva su nombre, fundado en 1917, y allí permanece a la sombra de un veterano pino colombiano.

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El barrio Uribe Uribe de la comuna 7, en el que viven 2.621 personas en 715 predios de estratos 1 y 2, fue la cuna y morada de los protagonistas de los acontecimientos económicos, políticos, deportivos, religiosos, culturales y sociales de Armenia. Se dice que en una casa del Uribe habitó el presidente de Colombia y reconocido jurista Darío Echandía Olaya, cuando en 1928 fue encargado de la gerencia del Banco Agrícola Hipotecario de Armenia.

 

Tour virtual por el barrio Uribe Uribe (Ver en otra pestaña)


La fachada y contrafachada de la vivienda marcada con el número 29-25, en la que vivió Ancízar López, el cacique liberal, junto con su esposa Cornelia Botero Mejía y sus cinco hijos, permanece en pie. Resistió el terremoto de 1999 y la modernidad. Adentro circula con fuerza el aire y abunda la luz porque los muros de las habitaciones ya no están. Queda la huella de la escalera que comunica los dos pisos del predio, el patio interior poblado de matas y árboles frutales y muchos recuerdos. El primer gobernador del Quindío, concejal alcalde de Armenia, varias veces congresista, embajador plenipotenciario de Colombia en Estados Unidos, estudiante de derecho de la Javeriana, profesor de matemáticas del San José y árbitro de fútbol, fue vecino del Uribe hasta 1964.
 


Manuel, el hijo de Ancízar, volvió después de muchos años a la casa del Uribe en el que pasó su infancia. Él y su hermano César eran asoleados en el parque por su madre y cuidados por un perro bóxer llamado Coronel.


Enseguida de la casa de Ancízar está la casa de Martha y Álvaro. La casaquinta, remodelada y habitada varios años por el arquitecto italiano Antonio Bernardi, fue abierta como museo y centro de documentación musical desde 1998. Esta casa y la que hay en la esquina, hacia el sur, fue el tipo de construcción con el que Bernardi motivó la transformación de, hasta ese entonces, la aldea de bahareque que era Armenia.

La vida social de Armenia está ligada y tuvo su inicio en el barrio Uribe. Allí comenzaba el bulevar de la 14. El paseo familiar o en pareja, el tradicional y obligado, era a pie hasta el parque Sucre e incluía la retreta de don Anacleto Gallego y un helado casero. Un día de recreo era, comenzaba o terminaba en el parque del barrio, un parque que durante muchos años estuvo encerrado con malla metálica y custodiado por Joaquín, un viejo cascarrabias adueñado de las llaves.
 


La Casa Museo Musical del Quindío, fundada por los esposos Martha Cecilia Valencia y Álvaro Pareja, conserva el diseño propuesto por el ingeniero Bernardi. Un italiano que vivió en esta casa y construyó, entre otras edificaciones, la galería, el instituto de Bellas Artes, y varias trilladoras.


Además de los acontecimientos políticos de la época, el Uribe guarda la memoria y el honor de haber sido cimiente comercial de Armenia. Baudelino Torres Martínez, “la pluma de oro” y quien habita desde hace 60 años el barrio, recuerda con nostalgia el sabor a frutas de los bombones hechos en la fábrica de los Gamboa, que quedaba en la calle 31 con carrera 12; la fábrica de salchichones de don Noé, que no necesitaban refrigerarse; y la fábrica de vinos de la 14 con 28, propiedad de inmigrantes alemanes y que vendió sus productos hasta 1968.

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¿Y don Nicolás?

Nicolás Martínez fue un comerciante y el dueño de varias hectáreas de tierra del sector. En honor a él se construyó el puente que por muchos años fue la única vía de comunicación entre lo que hoy es Calarcá y Armenia. La obra civil fue dirigida por Wilhelm Lehder, el padre de Carlos Lehder, y hoy es usada por quienes transitan entre esta parte del centro de la capital quindiana y Bohemia. Por ese puente cruzaban y subían del río los arrieros, con sus bestias cargadas de arena, para construir las vías y viviendas de la naciente Armenia.
 

Poema a la escuela Rafael Uribe Uribe, en voz de Baudelino Torres (Oír en otra pestaña)


La historia del barrio Uribe es divertida, mítica, dolorosa, antigua y trascendental. Por eso no es extraño si, llegando ya al final de este texto, queda algún reclamo de los lectores por no haber ampliado detalles de la vida de la popular Repollito, que nació en el albergue San Vicente de Paúl de la 13 con 31; de la desaparecida escuela Rafael Uribe Uribe; del colegio Gabriela Mistral, que sigue formando niños y jóvenes; de la fuente de soda La Fontana, testigo del flirteo entre los galanes de botacampana y camisa de flores y las recatadas alumnas de las Bethlemitas; de la reconstruida iglesia Nuestra Medalla Milagrosa; del notario Teodoro Velásquez; de la tarabita entre la iglesia del Carmen y el sector del puente Don Nicolás; de los Jaramillo, los Arango, los Maya y los Velásquez; de la falla sísmica que destruyó casi todo el barrio, incluyendo el comando central de Policía y el centro de salud; y de las distinguidas señoras que arreaban sus vacas, pasando por un costado del parque, con rumbo a la plaza Bolívar para ordeñarlas.
 


Baudelino Torres Martínez, calígrafo de profesión, es otro de los moradores del barrio Uribe. Aquí vivió su madre y él ya ajustó 60 años recorriendo estas calles. Su oficio está en vía de extinción.


 


Ernesto Acero Martínez
@hdelmasaca
Especial para LA CRÓNICA


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