Lunes, 24 Sep,2018

La Salida / SEP 12 2018 / Hace 12 Dias

Entre hilos y lanas, Martha Arango tejió su historia de vida en Armenia

La antioqueña, de 80 años de edad, construyó a punta de hebras una empresa consolidada como una de las más antiguas en su tipo en la ciudad.

Entre hilos y lanas, Martha Arango tejió su historia de vida en Armenia

Martha Arango es una distinguida mujer antioqueña, que hace 50 años se estableció en el Quindío y fundó una tradicional empresa de hilos y lanas.

Martha Arango es una antioqueña de 80 años, que hace 5 décadas construyó una de las empresas más antiguas de la ciudad, denominada Lanas e Hilazas Acrílicas, Peinadas y Cardadas Industrias Colibrí Ltda. La mujer, que inició con hebras que pedía que le regalaran, tenía no solo el don, sino la pasión para tejer. Motivada por su hijo Jorge Iván, su historia comenzó haciendo sacos para él.
 

Hace 50 años...

‘Nadie es profeta en su tierra’, reza un reconocido refrán que aplica para Martha Arango, que siendo de La Unión, Antioquia, fue en Armenia donde hizo su vida y deja huella hoy gracias a su tradicional labor, que aunque actualmente no la ejerce, el resultado de su emprendimiento es un lugar lleno de colores en formas redondeadas y uno que otro hilo envuelto en tubinos.

Todo comenzó cuando ella pedía las sobras de las lanas e hilos para coserle a su hijo sacos, las personas la empezaron a reconocer por eso, hasta que estuvo en boca del gerente de Colibrí, quien le ofreció un crédito con el que ella inició el proyecto, que describe como algo que necesita la gente para entretenerse y ganar dinero.

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Su interés por las lanas llegó por el gusto y la necesidad de hacerle prendas a su descendiente. “Una señora en Manizales le cosía los vestidos muy bonitos a él”, comenta Arango, recordando que aquella mujer fue una de las primeras que le enseñó a coser, ese conocimiento lo trajo a Armenia, donde siguió con la misma labor.

En la ‘Ciudad Milagro’, la esposa del gerente de Telecom de la época, le dio las últimas puntadas del ejercicio manual, perfeccionando la técnica y avivando su pasión. “Era una pastusa que trabajaba muy bonito y me le hacía también los vestidos a Jorge Iván... Ella me enseñó y a los días yo le volaba en las máquinas”, aseguró la empresaria. 
 

Su primera prenda

Lo primero que hizo fue un saco, lo que siempre le gustó tejer y aunque ahora ya no se dedica a la tarea, ha enseñado a cientos de mujeres, durante todos estos años, a continuar con esta labor. En su época de hilos dorados se volvió muy reconocida por hacer los sacos para los estudiantes de los colegios, también hacía ropa para niños.

Cuando llegaban al almacén le hacían las solicitudes de tonos y formas y ella se sentaba a coser. Hacía 3 sacos en el día, y contaba con una asistente que le hacía los acabados. 
 

Últimas puntadas

Una máquina tejedora ha sido su mejor amiga durante todos estos años, por eso, todavía la conserva, al igual que todos los recuerdos de su vida cuando estaba frente al aparato.

Sin embargo, actualmente ve con nostalgia cómo el arte ya se está acabando, “solo hay unos pocos que trabajan a mano y solo para entretenerse. Ya ni siquiera las máquinas en Armenia se consiguen”, puntualizó la mujer, que aunque triste, ve con esperanza el futuro de la profesión.

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“Para mí, esta labor es maravillosa y productiva. Es muy buena y da plata y todo, pues hice este edificio”, afirmó la dama.

Para ella, el trabajo es su historia de vida, pues construyó el edificio donde se encuentra, según ella, también gracias a su constancia. 
 

Colores y formas

En su empresa comercia lanas e hilos de todos los colores, siendo el blanco el más pedido, su preferido, ¡todos!

En su época utilizó la creatividad para hacerle a los sacos grabados y estilos que le dieran ese toque de exclusividad y característica que la identificara. 

Hizo todo lo que quiso, con su buena imaginación trascendió en el producto. Lo que más recuerda de su experiencia es cuando le encargaban los sacos de los colegios y trabajaba toda la noche hasta tenerlos listos. Lo que más le gustaba... “la platica”.
 

El sucesor

Ya dedicada a inspeccionar que todo esté bien, vigila, como por el ojo de una aguja, que todo marche en orden, para asegurarse de ello, llamó a su hijo Jorge Iván, que estaba en Estados Unidos, para que la acompañara. 

Él viajó a la capital quindiana y se dejó envolver por la tarea. “Le dije, véngase ya, que ya estoy cansada”, cuenta cómo se dirigió a su hijo para indicarle que la acompañara y él aceptó.

Más tranquila, Martha se sienta a observar cómo su labor de 50 años no fue en vano y tiene la esperanza de que seguirá. “Esto no se acaba porque la mayoría de las personas que buscan los materiales lo hace para entretenerse, ¿y quién no se quiere entretener?”. 


Lily Dayana Restrepo
LA CRÓNICA


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