Lunes, 18 Nov,2019
En profundidad / MAY 19 2019 / hace 5 meses

Filandia y su inventario cultural y popular para un turismo diferente

Filandia conserva todavía los sitios y determinantes culturales y populares, que también podrían despertar el interés del visitante. 

Filandia y su inventario cultural y popular para un turismo diferente

Aunque muchos residentes han modificado sus viviendas, otros conservan sus casas de bahareque, lo que le da un toque mágico a la ‘Colina Iluminada’ del Quindío.

Ahora, en el más universal concepto del turismo, Filandia ya ocupa un lugar prominente en la disposición de los colombianos, quienes están visitando este municipio por las razones que lo han potenciado a la fama. Estos factores son entre otros, los restaurantes Helena Adentro, José Fernando y El Roble, considerados por los expertos como unos de los mejores lugares de comidas típicas y especializadas de Colombia. 

También se destaca su nuevo título de Municipio de Sostenibilidad Turística, su torre mirador de madera mangle y los más de cien establecimientos comerciales donde se venden mercancías globales.  

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Estos almacenes se encuentran ubicados en las otroras casas antiguas de bahareque de la colonización, que además fueron refaccionadas o modificadas totalmente por sus dueños, lo que obligó a que se demolieran algunas o fueran transformadas otras, sacrificando así los detalles arquitectónicos para complacer al turista que llega a la ‘Colina Iluminada’ del Quindío.

Pero afortunadamente Filandia conserva todavía los sitios, determinantes culturales y populares, que también podrían despertar el interés del visitante. Ello nos ayudaría a moldear un modelo turístico diferente, no depredador, limpio y —lo más importante— que destaque los valores y las personas de la “filandeñidad”. Los siguientes son algunos atributos tradicionales de Filandia; cabe aclarar que, por el amplio número de sitios y aspectos culturales existentes, probablemente me haga falta mencionar algunos, por ello creo que este inventario para un turismo diferente no está acabado, sino que se encuentra en un continuo e interesante proceso de construcción. Estos atributos se pueden disfrutar plenamente con nuestros sentidos, al compartir con los dueños en sus establecimientos comerciales, que todavía conservan la memoria de sus negocios. Se puede comprar un café en esos lugares o colaborar comercialmente con la adquisición de los productos de aquellos personajes que perseveran en la venta de sus manjares o de sus creaciones

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El centro de interpretación del bejuco al canasto, el marco del parque principal y su armoniosa arquitectura, la casa de don Ernesto Peláez. El colegio del Sagrado Corazón de Jesús, casona de un siglo de existencia con su capilla construida de bahareque. La Calle Real y las fachadas de las últimas casas tradicionales. Los forcheros y las solteritas del parque, la casa de don Gelasio Aguirre, las vendedoras matutinas y vespertinas de arepas de maíz, la Casa del Artesano o la antigua sede de la Escuela de Niñas, el último andén de piedra del Quindío.

Los quesos y la leche fresca de la tienda de don Pedro Ospina. La maqueta de madera que representa el parque principal, considerada como el mejor bien cultural local del país. El cielo raso y los postigos de la antigua casa de Arcadio Arias. El monumento y el óleo de Jesús Resucitado, el primero situado en el extremo sur de la calle del Convento y el segundo en el costado derecho del templo principal. La niebla repentina, las almohadas de carbón de guadua de don Ovidio, las arepas con queso de la tienda de don Manuel Ocampo. los últimos andenes grabados, la casa de don Jaime Londoño, los árboles de yarumo blanco, la casa de la esquina curva de bahareque, el león de cemento de la antigua casa de los Ochoa, la casa de los Martínez, donde vivió la poeta Ester López. El último patio de piedra, al interior de la casa de doña Fabiola Arias. Las artesanías de bejucos del almacén popular de don Miguel Marín. El jeep de los niños, carro de miniatura que da vueltas alrededor del parque. La galería de cuadros al aire libre, con obras de artistas filandeños. La chirimía de los niños en condición de discapacidad. El Café Claudia, el establecimiento de música más antiguo. La fonda de Azael Noreña.  

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Más opciones en Filandia

La casona del último balcón tradicional y el almacén de doña Irene López. La última tienda fonda de don Israel Román. La casa de doña Edelmira Brito. Las colecciones arqueológica y de fotos antiguas de la casa de la cultura. El Museo Casa de los Abuelos, con sus muebles de don Arcadio Arias. La cama de palo de café de don Jesús Patiño, las ventanas antiguas del templo, el catre y objetos de arriería de don José Valencia, entre otras exhibiciones. La colección artística de arte primitivista de la pintora Olga de Chica, en el Museo Casa de Los Abuelos. El parque principal más tradicional del Quindío, la Calle del Tiempo Detenido y su cuadra oriental, la tercera mejor conservada del Quindío. Las empanadas que vende la nieta de ‘Patas de Ala’. Los buñuelos con dulce de guayaba de Fernando. 

El mirador del Quijote, la mejor construcción contemporánea que rescató la arquitectura tradicional. Los canastos roperos y hueveros de don Marino López, en el Museo Casa de los Abuelos. El barrio San José y sus casas taller de artesanías de bejucos. Los últimos vestigios constructivos de tapia pisada, en la Casa del Artesano. Los arbustos de “siete cueros”, la flor simbólica de Filandia. El templo principal, con sus 22 postes de árbol barcino, arquitectura única. Néstor, Fabiolita, Pedrito y Oliver, los personajes populares más queridos. El corregimiento La India. Las casas típicas de la colonización antioqueña, en la vía que conduce al municipio de Ulloa. La revista mensual El Faro, de los escritores Héctor Uribe y Danilo Gómez

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Arquelogía y cultura

La mejor visualización de las colinas arqueológicas, donde los indígenas antepasados habían levantado sus casas, llamadas bohíos. La única despulpadora de café, construida de madera, en la tienda fonda de don Israel Román. La casa del poeta Narciso Vargas y el mural de las hermanas Muriel en su fachada. El cieloraso más bello, en la sala principal de la casa donde funcionó Residencias Bond. Las atalayas y miradores naturales en las esquinas de todos los puntos cardinales del municipio. El cementerio María Inmaculada, donde se filmó la película Milagro en Roma. La parva variada de la Casa del Pandebono. El mural de Henry Villada, al interior del Café Mocafé. El tinto más sabroso, en el café-bar Coquí. Las calles del Convento y del hospital y sus últimas casas tradicionales.


Roberto Restrepo Ramírez
Especial para LA CRÓNICA


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