Inicio / Al descubierto / AGO 01 2020 / 2 semanas antes

Francisco Luis Bermúdez creó una imagen que no se ha ‘secado’ en 69 años

Favorito

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Francisco Luis Bermúdez creó una imagen que no se ha ‘secado’ en 69 años

Francisco Luis Bermúdez, dueño y fundador de las lavanderías Bermul en Armenia.

Ha sobrepasado dificultades como el terremoto, que arruinó su sede, la muerte accidental de un empleado y ahora flota en las aguas turbias de la pandemia.

 

Aunque tiene 85 años de vida y la empresa que creó ya está en manos de su esposa, Marleny Mejía Martínez, antes de cada quincena don Francisco Luis Bermúdez le pregunta a ella si tiene el dinero completo para pagarle a los empleados los sueldos y también para estar a paz y salvo con los impuestos de los carros. 

La mujer, que estuvo detrás de los éxitos de este empresario de las lavanderías en Armenia, aseguró que por más de medio siglo de existencia de sus negocios fueron sagrados esos 2 compromisos y ninguno de sus trabajadores puede decir que en algún momento dejó de comer porque él les atrasó o les negó el pago. 

Don Pacho, como llama doña Marleny al amor de su vida, hizo hasta tercero de primaria en una escuela de la zona rural de Salento. Por aquella época, cuando apenas tenía 9 años de edad, le llegó una noticia que no solo le tocó el corazón, sino que le cambió la vida: su madre murió. Entonces el padre de Bermúdez lo sacó de estudiar y lo puso a trabajar para que le ayudara con los ingresos de la casa. Eso lo hizo en Tolima. Sin embargo, la violencia partidista de aquellos días los sacó a empujones de esa tierra y huyeron a Armenia tratando de buscar un refugio de paz para hacer una mejor vida. 

Vea también: Ritoré, el periodista que ha ‘toreado’ la profesión en todas las plazas

Una vez instalados en la ‘Ciudad Milagro’, Francisco Luis, siendo apenas un quinceañero inexperto, con ganas de comerse el mundo, empezó a vender mercancía en la selva de cemento de una ciudad tan incipiente como lo que él empezaba a hacer cuando corrían los años 50. Tiempo después, conoció al dueño de una lavandería y le pidió trabajo. Allí usó una bicicleta de carga para hacer los domicilios de ese negocio. “Él le dijo al señor que le enseñara a usar las planchas a gasolina. En las mañanas planchaba y por las tardes recogía la ropa”, rememoró Marleny. 

Pasado un tiempo, por motivos que ya son historia, el dueño de esa lavandería la cerró. En ese momento, Francisco Luis había aprendido todos los meollos de esa pequeña empresa y aprovechó esa coyuntura para abrir su primera lavandería por el sector de la ‘Boca del Túnel’. Con apenas 17 años de edad ya se había casado, por lo que tenía que atender al amor y a su nuevo emprendimiento. Ni en lo uno ni en lo otro las cosas marcharon bien y se separó, tanto de la mujer de ese entonces, como de su proyecto de vida, el cual le tocó cerrar. 

Pero él no se dio por vencido, porque estaba empecinado en sacarlo adelante contra viento y marea. Decidió entonces probar suerte en Bogotá, donde durante 8 meses intentó abrir otra lavandería porque ya venía ‘lavado’ con esa idea, pero no se amañó en ese frío capitalino. 

Sin embargo, sí algo tenía claro era que debía de mantener fija la meta. Persistir, insistir y nunca desistir en las adversidades fue la máxima que mantuvo don Francisco Luis con sus lavanderías. Quizás por eso se conservan hoy vigentes en medio de la tormenta que agobia al mundo. 

El ‘éxito’ de Bermul

Corría el año 1951 y don Francisco Luis volvió al sector de la ‘Boca del Túnel’ en Armenia. Como sí se tratara de una predicción de lo que iba a ser su destino en el mundo de las lavanderías en esta ciudad, él montó otra a la que trató de registrar comercialmente con el nombre de Éxito, pero ya existía esa razón social y le tocó cambiarlo. Entonces fusionó las 2 primeras sílabas de su apellido con la primera letra de su segundo nombre y el negocio se llamó Lavandería Bermul. 

A medida que se iba acreditando vio que podía crecer más y se apoyó en los bancos para adquirir préstamos que le permitieron comprar máquinas de segunda para lavar y planchar, se hizo a un carro y fue vinculando paulatinamente empleados, llegó a tener hasta 12 de día y otro personal para los turnos de la noche. Lavaban de todo y en grandes cantidades. 

“Por aquellos días, la ropa de los señores, en especial los paños, se lavaba más que la de las mujeres y los domingos eran los días de más trabajo, porque los campesinos venían a la ciudad para mandar a lavar la acumulación de prendas sucias de toda la semana”, recordó Marleny. 

Con el paso de los años, don Francisco Luis le buscó mejores ubicaciones a la lavandería, por lo que trasladó sus servicios a la carrera 20 con calle 17. Después se fue para la misma carrera 20 entre calles 15 y 16. Cuando ya el negocio iba como viento en popa y disfrutaba de las mieles del éxito financiero, se volvió a apalancar con los bancos para comprar un lote en la carrera 20 con calle 14 y allí construyó un edificio. De las máquinas de varsol pasaron a las del percloroetileno. 

Marleny rememoró que su esposo siempre quiso mantener el negocio modernizado y por eso iba cada año a las ferias en Bogotá para conocer lo más actual que ofrecía el mercado y adquirirlo. La lavandería duró casi 40 años en aquel sitio y pudo haber durado más de no haber sido por el terremoto del 25 de enero de 1999, que le ‘lavó y le secó de tajo’ el trabajo de toda una vida. Aquella construcción terminó convertida en ruinas y escombros. Por fortuna, no murió ningún empleado y lograron rescatar las máquinas. 

Resurgió para perdurar en el tiempo

Como el ave fénix, a don Francisco Luis le tocó resurgir, no de las cenizas, sino de los escombros, y en poco tiempo su lavandería volvió a tomar vuelo en un local del norte de Armenia. También montó una en el sector de El Caimo, pero hace poco a su familia le tocó cerrarla porque la pandemia no dejó otra opción. 

Hoy en día cuentan con 2 sedes en el norte de Armenia, que también han sido golpeadas por la actual crisis, pero ahí están, dando la misma batalla que dio su creador porque de él aprendieron que de las caídas hay que levantarse más enérgicos y que después de las malas temporadas siempre llegan épocas de bonanza. “Después del terremoto tuvimos un año muy bueno de trabajo”, recordó Marleny. 

Relató que don Pacho siempre conservó un trato humano con sus empleados que hoy sigue reinando y aunque le tocó reducirles los salarios en esta cuarentena, no ha sido capaz de despedirlos porque eso significaría abandonarlos en el momento más complejo, algo que sería injusto porque ellos han sido la columna vertebral de la empresa. Consciente de eso, don Francisco Luis siempre los hizo sentir como parte de su familia. “Muchos han conseguido estudio para ellos y para sus hijos, se han hecho a una casa propia y hasta se han pensionado con nosotros”. 

Hoy, que el fundador de las lavanderías Bermul goza de su buen retiro, sus clientes también lo recuerdan con gratitud porque los consentía tanto como a sus trabajadores. Lo cierto es que don Francisco Luis Bermúdez dejó una imagen tan buena entre sus clientes de la ‘Ciudad Milagro’, que 69 años después de fundar sus lavanderías aún no se ha ‘secado’.



COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net