Región / ABR 05 2020 / 1 month before

Fundanza y Teatro Azul, dos procesos en las entrañas de la cultura del Quindío

Autor : Por Roberto Restrepo Ramírez

Fundanza y Teatro Azul, dos procesos en las entrañas de la cultura del Quindío

El logro más destacado de Fundanza es, sin duda, el de la Primaria Artística, que hoy trata de mantenerse en la prevalencia de las políticas culturales de cualquier administración.

Ambos de relevancia y que deben ser evaluados en estos tiempos de crisis, de aislamiento, de recogimiento y de reflexión.

En las entrañas del desarrollo cultural de este departamento, que ahora extrañamos profundamente en sus actuaciones, han estado dos emprendimientos desde hace más de 20 años, con sus esfuerzos y logros bien merecidos.

Fundanza ha sido considerado embajador de las artes en todas las regiones de Colombia –y del mundo– donde su coreografía sobre la danza de los macheteros, por ejemplo, dejó el sentido amable de los quindianos. Por su parte, Teatro Azul, con su “teatro necesario” como consigna de su mensaje, no sólo ha marcado la conciencia de dramaturgia con investigación y calidad, sino que – como Fundanza – ha sido conocido en otras naciones del mundo a través de sus lecciones y presentaciones de corte social.

A principios de 2016, el gobernador sacerdote tuvo a bien nombrar en su equipo de gobierno a James González Matta en la dirección de la secretaría de Cultura. Pocas veces había tenido el Quindío una acertada designación, porque él como gestor cultural, tenía –y tiene– algo que le falta a otros administradores en ese campo del espíritu. Me refiero –acogiéndome a la calificación popular– a la dolencia por la cultura. Sin duda, este propulsor de Fundanza, dejó huella y buenas ejecutorias.

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Por su parte, Leonardo Echeverri y Ximena Escobar, directores de Teatro Azul, sin pertenecer a la burocracia oficial o estar inmersos en el bloque de contratistas consuetudinarios del Estado, han demostrado gestión y coparticipación en las buenas decisiones de la oficialidad. Lo único que han hecho, desde 1999, cuando inició Teatro Azul con su labor, es crear, investigar, compartir, formar, educar y promover en el vasto ejercicio del arte y la cultura del departamento y la nación.

Los estragos del coronavirus lastimarán profundamente a todos los entes culturales de la nación. No obstante, aquellas realizaciones de algunos organismos serán evaluadas constantemente, en tiempos de crisis o no, porque ellas han obedecido a los pasos rigurosos de procesos culturales y no de actuaciones casuales o de momento coyuntural.

Fundanza y Teatro Azul son dos buenos referentes del desarrollo procesual del arte y la cultura. Gran parte de lo que hoy vemos, asimilamos y apropiamos, son frutos de la constante dedicación de sus gestores, de sus multiplicadores, de sus artistas, de sus maestros, de sus actores y actrices. Incluso, los logros de su quijotesco recorrido, nos dejan las lecciones más claras de empoderamiento. Los que llevamos más de 30 años en el panorama cultural, recordamos dos inicios difíciles, que condujeron a dos plantas físicas que albergan sus exitosas trayectorias. Y ello, costeado de su propio peculio, sin utilizar dineros oficiales.

Fundanza, en la década de los noventa, funcionaba en la sencilla sede del también modesto Barrio San José de Armenia. Teatro Azul aprovechó la placidez de una casa antigua, la casa de la familia Aristizábal, levantada en el entorno del Parque de los Aborígenes, en el norte de la ciudad. Con muchas dificultades, pero con tesón, sacaron adelante sus proyectos, reconocidos por el compromiso y el entusiasmo.

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Por la buena gestión, dos décadas después, sus sedes crecieron, no por la ayuda económica del Estado, sino por la permanencia tozuda del personaje que, ladrillo tras ladrillo, levanta constructivamente sus sueños.

Se constituyen hoy en dos escenarios culturales, que no son solamente el cascarón operacional de la empresa dirigida con responsabilidad. El de Fundanza es también el colegio o institución que forma a muchos estudiantes en la educación artística. El de Teatro Azul, es el teatro más bello – interna y externamente – de Colombia, porque a su vez es un edificio que, de principio a fin en su fachada, es toda una obra de arte pictórico, gracias al mural del maestro Luis Guillermo Vallejo, llamado La explosión de las almas unidas. No se encuentra en el sector de Armenia donde estaba aquella casa de bahareque que fue el comienzo inspirador de Echeverri y Escobar, porque absurdamente ella se demolió, siendo un reconocido testimonio del patrimonio arquitectónico de la colonización. La actual sede de Teatro Azul está hoy a una cuadra del Parque Sucre, enseguida del lote que ha sido pensado como el ansiado Teatro Municipal que requiere Armenia.

El esfuerzo constructivo es apenas una parte de aquellas dos empresas culturales. El resto lo constituyen sus ejecutorias, enmarcadas en procesos que han sido tomados como modelo a nivel nacional. El más destacado de Fundanza es, sin duda, el de la Primaria Artística, que hoy trata de mantenerse en la prevalencia de las políticas culturales de cualquier administración. El de Teatro Azul es el de la investigación y la creación, desde la obligación que tenemos los seres humanos por reconocer al otro y solucionar la problemática de nuestros semejantes. Los beneficiarios de este proceso continuo de creación y de formación son – y serán – los habitantes del Quindío, que han encontrado en las obras del azulado grupo la condición humana que se lleva a las tablas, con todos sus conflictos y los vaivenes de la cotidianidad. Y serán – también – los niños y jóvenes que hoy aprenden teatro en su semillero de actores y actrices, una labor que no se da a conocer con rimbombancia mediática. Simplemente transcurre, silenciosamente, en su devenir.

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Los resultados de las entidades son magníficos. La danza de los macheteros, por ejemplo, no es sólo un montaje artístico, es un proceso de investigación sobre la grima montañera y la música que acompañaba a los juegos de machetes en las fondas caucanas y del centro del país, entre otros descubrimientos del folclor y musicología regionales. Las presentaciones artísticas de Teatro Azul no son pasajeras instalaciones de las tablas, pues su cristalización requirió pesquisa histórica, antropológica, documental y etnográfica. Como la que demuestra una de sus últimas producciones, Entre Líneas, que nos sensibiliza en el drama sin fin de la migración transnacional, con sus afugias y sufrimientos.

Dos procesos culturales del Quindío, para ser evaluados en estos tiempos de crisis, de aislamiento, de recogimiento y de reflexión.



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