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En profundidad / MAY 12 2019 / hace 4 meses

Germán González Lotero, un médico hermeneuta del pasado precolombino

Desde hace más de 20 años, con su esposa, han querido descifrar los mensajes artísticos de las figuras de oro y cerámica. 

Germán González Lotero, un médico hermeneuta del pasado precolombino

Desde hace más de 20 años, con su esposa, han querido descifrar los mensajes artísticos de las figuras de oro y cerámica.

Crecí, como hijo de médico que soy, en un ambiente bien interesante, rodeado de las contingencias de seres humanos que acudían al consultorio popular de mi padre en búsqueda de la solución a sus dolencias y también de un medio académico y de lectura en la casa familiar, donde nunca faltaba una colección de revistas bien editadas, las MD en Español. Desde pequeño devoré los artículos del interior de sus páginas, sobre diversos temas de literatura, medicina o filosofía. También leía las notas editoriales escritas por su director, el médico español Félix Martí Ibáñez, de quien supe después murió muy joven —a sus 60 años— en 1972.

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La revista MD en Español, siempre renovada por sus descendientes, me mostró esa faceta posible de ser realizada por un médico escritor, algo poco común en la práctica profesional de hoy, cuando nos hemos acostumbrado a considerarlo sólo en su labor, que está simbolizada en la vara de Esculapio.

De hecho, en uno de sus párrafos memorables, Martí Ibáñez escribió acertadamente:

La gente todavía recela cuando trata con médicos que escriben. El plomero de un edificio en donde yo resido me pedía recientemente un médico, 'pero no de esos que escriben libros'. No obstante, la gente que recela, con justicia, del médico que dedica más interés a escribir que al enfermo, debe también recordar que el médico que sólo sabe de medicina, ni medicina sabe, y que la actividad creadora le hará ser mejor médico al ser mejor como hombre”. 

Este artículo, publicado el domingo 23 de noviembre de 1958 en el diario El Espectador, es todavía vigente en la época actual, para entender la importancia que tiene en la formación y en la experiencia de los médicos su dedicación a otras actividades del espíritu, como la escritura o las bellas artes. 

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En Montenegro, Quindío, encontré un personaje sobresaliente, algo así como una versión contemporánea del Félix Martí Ibáñez de aquellas publicaciones. Se llama Germán González Lotero, un joven y dinámico médico caldense, nacido en Filadelfia, y residenciado en el Quindío desde hace buen tiempo. Lo acompaña en su desempeño profesional su esposa, la psicóloga Bibiana Magally Mejía Escobar, nacida en el municipio caldense de Supía.

González y Mejía, una pareja excepcional, que han llevado al mejor término de sus realizaciones personales, un interesante trabajo de investigación llamado por él como el ‘Disco de Aristarco precolombino’

Desde hace más de 20 años, y motivados por los mensajes artísticos y estéticos de las figuras de oro y cerámica de nuestras culturas pretéritas, han querido descifrar los mensajes de los antepasados desde una perspectiva de lo que hoy podríamos denominar con propiedad como la arqueogastronomía prehispánica.

El nombre de Aristarco de Samos, el astrónomo y matemático griego que propuso por primera vez en la historia el modelo heliocéntrico del sistema solar, o sea el Sol como centro del universo, es válido para la atractiva presentación del doctor González, al referirse él a un planteamiento sobre su disco, y para demostrar que existe otra mirada a un objeto del arte amerindio antiguo. 

Esto es, para introducirse en toda una disertación sobre lo que él ha llamado la “secuencia babilonia tacurumbí”. Lo ha logrado desde el hallazgo de aspectos numéricos que se consignan en los discos ancestrales, con la marcación de 297 puntos concéntricos, que parten del 1, el 31 y el 60 como evidencias de novilunios o lunas nuevas y que se van combinando con otras señales para las tres fases restantes de la luna. 

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Admirable labor de un hombre sencillo y emprendedor, que se apasiona con el tiempo de su descanso en las jornadas del desempeño de la medicina, para dedicárselo a la pesquisa de los símbolos contenidos en las figuras de oro y cerámica de nuestros ancestros. En especial le han llamado la atención las clásicas figuras de la cultura Tolima, que son esquematizadas, y los platos cerámicos y discos de oro de la cultura arqueológica Nariño. En esos diseños, y en su conformación circular, González Lotero se ha convertido en el médico hermeneuta, que —tal cual lo asevera— “entra en romance con la luna, para recibir la herencia de aquel conocimiento sobre el astro y transmitirlo a las generaciones contemporáneas”.

Su búsqueda no se ha centrado sólo en dilucidar los secretos de aquel calendario lunar que está inscrito en los objetos del pasado, como los cuencos de barro, discos de oro o hasta en los volantes de huso que utilizaban las mujeres para hilar el algodón. También ha encontrado el sentido de una mitología y cosmogonía en otras figuras, como son las que engalanan los petroglifos, y donde descubrió otro mensaje en las espirales que allí se ven.

En efecto, el médico y su esposa viven en un sector rural de Montenegro, cerca de uno de los petroglifos más hermosos en lo que hoy denominamos arte rupestre. Se encuentra en la frontera con el territorio de Quimbaya y se le conoce como La Piedra de la Salamandra

Sus trazos, realizados hace miles de años en la gran piedra, nos muestran una escena de creación, que parte desde el oeste con una figura alada y se dirige al este con una serie de espirales que marcan el sendero del sol. Es, como lo anotó una estudiante universitaria que lo visitó, “el conjunto de imágenes grabadas que transmiten ideas y significados a la mente, sin necesidad de usar palabras, sonidos u otras formas de lenguaje”. 

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Un médico como hermeneuta del diseño precolombino y de los aspectos calendáricos lunares de los objetos del pasado.  Una labor que, con orgullo, él ha realizado, gracias a su esposa como su principal promotora. Una pareja que no se cansa de explorar su aplicación en otras alternativas que la astronomía ha presentado con otros autores, como lo son el disco de oro de Carl Sagan, el triángulo rectángulo y su analogía en la secuencia numérica de su disco, o en la teoría de “la divina proporción”. 

Debo confesar que, conociendo al médico González y disertando con él sobre las disquisiciones del orden astronómico, recuerdo otro escrito del médico Martí Ibáñez, refiriéndose a la pasión de un artista español famoso: “Cuando El Greco estaba proyectando una de sus mejores obras, le hallaron encerrado a oscuras, mientras que, afuera, Toledo refulgía como una joya cincelada bajo el dorado sol español y en el cielo de raso azul volaban las palomas como pañuelos del adiós. 'Ven afuera, a la luz', le dijeron. Y él contestó: 'Mi luz está en mí'”.

Es indudable que el cultivo de esta labor interpretativa del médico González de Montenegro, le ayudará a encontrar aquella luz lunar que desde hace miles de años está cifrada y que también le permitirá a él o a cualquier médico mejorar su capacidad creadora o su vocación semiótica de los males y dolencias de sus pacientes. En otras palabras, les ayudará a ser mejores seres humanos.


Roberto Restrepo Ramírez
LA CRÓNICA


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