Lunes, 16 Sep,2019
En profundidad / MAR 10 2019 / hace 6 meses

Guanabanón y estrella de andén, dos historias de marcas culturales escondidas en una calle de Armenia

Cada figura de andén en el Quindío —y también en otros municipios vecinos de Risaralda y Valle del Cauca— es portadora de una historia. 

Guanabanón y estrella de andén, dos historias de marcas culturales escondidas en una calle de Armenia

Un lugar del descanso, para la frugalidad y para la contemplación, se encuentra en la Carrera 16 nº 11-69 de Armenia, figurando como un local de expendio de bebidas frescas. Su importancia estriba en lo que se vende y en lo que se mira. Se consigue allí el sorbetón y té de guanábana. También se aprecia, mientras se degusta el espumoso y espeso jugo, el último diseño de un andén grabado de Armenia, que ha sobrevivido a la intervención arquitectónica de los años recientes.

Dos aspectos del patrimonio cultural que pasan desapercibidos, porque no es común hoy solazarnos con los detalles de los bienes tangibles de la cultura y porque tampoco saboreamos las delicias de la bromatología popular. Sencillamente, nuestra vida transcurre entre las veleidades del consumo, y por ello no queremos apropiar los significativos rasgos que han construido nuestros congéneres humanos del pasado y que determinaron dejarlos como herencia, a través de los productos de su vida disfrutada.

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La guanábana, la chirimoya, el anón y otras frutas tropicales son hoy profusamente consumidas en centro y Suramérica, pero también nos han dejado un historial de realizaciones de los pueblos prehispánicos, representado en su cerámica. La pulpa de estos deliciosos regalos de la naturaleza y su apariencia externa tuvieron que ser motivo de sensación para las comunidades amerindias a lo largo y ancho de este continente, de donde eran originarias.

Asombroso tuvo que ser para los que llegaron a las carabelas españolas encontrar los manjares que constituían las especies frugales que abundaban en el mundo de los indígenas. Si bien solo aparece una reseña sobre la guanábana, siempre llamó la atención la mención que se hizo sobre otras frutas como el caimo y la guayaba en la región del Quindío, lo que está contenido en las crónicas de la conquista. Sobre la guanábana —anona muricata—, Francisco López de Gómara escribió en la “Historia General de Indias”, calificándola como rico manjar: “… El guanábano es un árbol alto y gentil, y la fruta que hecha es como la cabeza de un hombre, señala unas escamas como piñas, pero llanas y lisas y de corteza delgada, lo de adentro es blanco y correoso como manjar blanco, aunque se deshace luego en la boca como nata; es sabrosa y buena de comer, solo que tiene muchas pepitas leonadas por toda ella que molestan al masticar…”

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De la guanábana, traemos del pasado el rasgo curioso, plasmado en una particular vasija de cerámica, que presenta en su textura externa la forma de aquella fruta. Se exhibe dentro de una de las vitrinas de la Sala Arqueológica de la universidad del Quindío, en la calle 20, carrera 16 de Armenia. Pero tal figuración no es solo estéticamente bella. Es profunda y religiosa, pues incluye en su interior otro pequeño ceramio que representa una figurina antropozoomorfa, esto es, con detalles de humano y animal. Lo más interesante es que ese diminuto personaje se puede ver a través de una abertura provocada intencionalmente en la vasija. Hace algunos años, expertos restauradores la sometieron a un examen radiológico en la superficie quebrada y pudieron constatar que ello había ocurrido hace varios siglos, cuando fue elaborado con primer dicho ofrendatorio.


El andén

De la guanábana, en su sabor y su simbolismo, pasamos a recrear la otra historia. En este caso, la referente al tramo de andén que se encuentra en el acceso al negocio de guanabanón y té de guanábana. Soportaron esos centímetros de andén todos los embates de la modernización de la ‘Ciudad Milagro’. Pero quedó allí el ícono en su diseño. Es una estrella, aunque puede interpretarse también como una flor. Está allí desde las primeras décadas del siglo XX, cuando un rodillo de madera fino en el que fue tallado ese dibujo rodó sobre el cemento fresco.

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Cada figura de andén en el Quindío —y también en otros municipios vecinos de Risaralda y Valle del Cauca— es portadora de una historia. Fue creada por alguien que participó en los trazos de las primeras calles y manzanas. El registro de los diseños sobrevivientes ha quedado en un novedoso trabajo de investigación realizado en 1997 por la montenegrina Helena Vargas Tisnéss y que hoy se encuentra compilado en sendas serigrafías guardadas celosamente al interior de una caja y que dio origen a la exhibición titulada “Anden y Recuerden”. Esta caja de singulares supervivencias artísticas se custodia en las instalaciones del Museo del Oro Quimbaya.

La flor o estrella graficada de esta historia hace parte, junto con el rasgo bromatológico con base en la guanábana, del tesoro escondido de una calle también escondida de la capital del Quindío.

De los 219 diseños registrados por Vargas Tisnéss, en igual número de serigrafías, 8 fueron calcados en andenes de las calles de Armenia. Corresponden en su mayoría a motivos agrarios, en las siguientes direcciones: calle 16 # 12-22. Carrera 13 #13-48. Calle 23#12-16. Carrera 13#13-28. Carrera 13#17-16. Carrera 12 #23-24. Calle 17 #15-58. Calle 11 #15-12. Tres diseños corresponden a un racimo de uvas, dos a hojas y los tres restantes tienen rasgos difusos. La totalidad de ellos desparecieron por las modificaciones del entorno urbano.

La estrella-flor del “Guanabanazo”, que no alcanzó a registrarse en el trabajo realizado por Vargas Tisnéss, se convierte en el diseño de una historia gráfica popular de los primeros años del siglo XX en la capital del Quindío.

El recorrido de aquellos dibujos, que nos permite inferir sobre su inventiva y su utilización, nos traslada a los momentos ciudadanos de cientos de personajes que protagonizaron, sin pensarlo, la más curiosa historia de diseño en el Quindío. El que más se repite es el racimo de uvas, los de rasgos zoológicos se encuentran elaborados con moldes diferentes, como el de la galleta solterita, probablemente en las décadas más recientes. Son motivos iconográficos que hoy deberían ser rescatados para la promoción turística o para el conocimiento de un imaginario que no hemos querido desvelar.


En la Sala Arquelógica d ela universidad del Quindío hay una vasija en forma de la exquisita fruta.
 


Roberto Restrepo Ramírez
Especial para LA CRÓNICA


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