Martes, 28 Ene,2020
Región / FEB 22 2015 / hace 4 años

Hace 20 años se incendió la casa de 'Café con aroma de Mujer' en Filandia

Hace 20 años se incendió la casa de 'Café con aroma de Mujer' en Filandia

Las casas reconstruidas no fueron levantadas desde el espíritu de la conservación.

Las casas de bahareque siguen en peligro y pueden desaparecer, ya no por el incendio o la demolición, sino por su calificativo de “ranchos viejos”,

Hace veinte años, en la madrugada del 20 de febrero de 1995, un pavoroso incendio destruyó por completo cuatro casonas del parque principal de Filandia, sobre la carrera 5ª. Es uno de los más ingratos recuerdos de la historia del siglo XX, como que había afectado el “corazón del pueblo”, pues en una de sus estancias desaparecidas se habían filmado meses atrás las escenas de romance entre Sebastián y Gaviota, personajes de la famosa novela “Café con aroma de mujer”.

Todo comenzó alrededor de la 1 a.m., al dejar prendido un freidor de buñuelos, cuyo material hirviente se regó sobre las paredes centenarias del establecimiento comercial que en horas del día recibía los comensales que consumían las viandas de cualquier cafetería municipal. Otra vez el descuido y las fallas humanas causaron la tragedia, que fue relatada en agosto de 1997 en una crítica obra literaria llamada “Filandia, entre el fuego y el hielo”, escrita por el ingeniero industrial filandeño Orlando Aguirre López y en la que también reseña otra contingencia, esta vez de carácter natural, la nutrida granizada de 10 de julio de 1996.

 

También un incendio de las ideas

Aunque incendios y granizadas han caracterizado el devenir histórico de los municipios del Eje Cafetero, el desastre de Filandia en 1995 acentuó la desaparición progresiva y malintencionada del que hoy (junto con Salento, Pijao y Calarcá) es el municipio que cuenta todavía con una arquitectura tradicional de bahareque que ha dado presentación mundial a la denominada “Ruta de pueblos con encanto”, un recorrido institucional que se promueve en los municipios del Paisaje Cultural Cafetero.

Aguirre López destaca en su obra las realizaciones humanas de aquellas personas que habitaban las casas destruidas por el incendio, así como los esfuerzos de los que auxiliaron la tragedia y también que describe con detalles significativos, lo que nos hace recordar sitios emblemáticos que se fueron con las llamas. Pero, lo más importante, nos hace reflexionar sobre la desaparición de personajes ilustres de Filandia, al referirse sobre ellos en un ejercicio comparativo al que produjo la conflagración. “El incendio de las ideas ya habíase iniciado mucho tiempo atrás cuando los grandes pensadores del municipio se fueron con ellas, cuando sus ideales fueron traicionados, cuando la superficialidad y el utilitarismo hicieron presa de nuestras generaciones…”

 

En peligro patrimonio arquitectónico

Veinte años después, otros locales ocupan los espacios desaparecidos, las casas reconstruidas no fueron levantadas desde el espíritu de la conservación patrimonial y familias nuevas que han olvidado aquel suceso tratan de protagonizar el escenario turístico que vive a diario el parque principal. Pero será difícil borrar de la memoria el bar Ganadero, donde el actor Guy Ecker (Sebastián) y la actriz Margarita Rosa de Francisco (Gaviota) representaron las añoradas y románticas escenas de la novela. La fuente de soda Claudia, de don Humberto Hoyos, donde se quemó una de las más completas colecciones de música de discos compactos de 78, 45 y 33 rpm (revoluciones por minutos). La elegante casa de la educadora Ester Marín de Peláez, con sus muebles antiguos, sus atuendos y muchas joyas históricas. El estanquillo La Mazorca de Ancízar, la casa esquinera de Aura, los segundos pisos que eran propiedad de Hernando Mesa y Pedro Hernández, la panadería La Victoria (donde comenzó el incendio) y hasta un puesto de dulces que estaba frente al Ganadero.

Diez años después del incendio, dos absurdas demoliciones —también producidas por la indolencia de algunos ciudadanos— llevaron al suelo la más soberbia construcción de tres pisos de Filandia (el Colegio de la Santísima Trinidad) y el Bar América, de la plaza principal, en cuyo interior también se había firmado la novela cafetera.
Las casas de bahareque, el orgullo de la “ruta de los pueblos con encanto”, que a su vez hace parte de Las rutas del Paisaje Cultural Cafetero y que hace poco fue merecedora de un galardón internacional (Premio Ulises de la O.M.T.), siguen en peligro y pueden desaparecer, ya no por el incendio o la demolición, sino por su calificativo de “ranchos viejos”, que sus propietarios le endilgan, lo que no ayudará en la tarea de su preservación.

 

Por: Roberto Restrepo Ramírez. 
Vigía del Patrimonio Cultural


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