Inicio / Al descubierto / JUN 18 2020 / 1 mes antes

La científica quindiana que tiene las ‘pilas’ puestas en las baterías

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Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

La científica quindiana que tiene las ‘pilas’ puestas en las baterías

Laura Cristina Loaiza Rodríguez —derecha— en uno de los laboratorios del departamento de física de la Universidad Tecnológica de Chalmers, en Gotemburgo, Suecia.

Laura Cristina Loaiza Rodríguez fue destacada a nivel mundial por su investigación.

Aunque llegó a contemplar como opciones de vida la literatura y al arte, cuando de niña visitaba el laboratorio clínico en el que laborara su madre y tuvo la posibilidad de ver y entender lo que ella hacía, sintió que ese era el lugar en el que quería estar por el resto de su trasegar por este mundo para hacer experimentos que ayudaran a mejorar la calidad de vida del ser humano. 

Laura Cristina Loaiza Rodríguez, de 29 años de edad, es oriunda de Salento y egresada de la carrera de química de la Universidad del Quindío. Siempre se sintió inquieta por el funcionamiento de las baterías, tan útiles para los celulares, los portátiles, los aviones, los carros eléctricos y para muchos otros equipos que hoy hacen más fácil la cotidianidad de las personas. 

Su interés por ese campo ha sido tanto que actualmente cursa un posdoctorado y es investigadora de la Universidad Tecnológica de Chalmers en Gotemburgo, Suecia. Forbes la destacó recientemente por la investigación que adelanta sobre la seguridad en las baterías, en las que trabaja para aislar el material inflamable y evitar que se incineren o que exploten. Sobre ese mundo científico, tan desconocido para muchos, en el que está inmersa, sobre sus logros y hasta de su vida en el ‘Municipio Padre del Quindío’, dialogó con LA CRÓNICA. 

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¿De qué se trata la investigación que adelanta? 

El problema con las baterías de litio es que están compuestas de un ánodo, de un cátodo y en medio de estos, un electrolito. Las baterías convencionales usan un electrolito líquido, que está integrado por solventes que son inflamables en el caso de que haya una fuga. 

El uso de líquidos puede también acarrear algunas fugas en la batería. La idea de la investigación que estoy haciendo es la de remplazar ese electrolito líquido por uno sólido, que en este caso está hecho de un polímero que va a aumentar la seguridad de la batería, porque no vamos a tener el líquido y no habrá riesgo de fugas. 

Al mismo tiempo da la posibilidad de construir baterías mucho más delgadas y que pueden llegar a ser también flexibles. El problema con el uso de un electrolito sólido es que, por ejemplo, a la temperatura ambiente no vamos a tener el mismo comportamiento que con un electrolito líquido. Para que la batería produzca energía necesitamos que haya un intercambio de iones de litio entre el ánodo y el cátodo. Esto es bastante bueno en el líquido mientras que en el sólido, como las moléculas están más rígidas, tenemos un movimiento del ion litio más lento, pero que se puede mejorar si incrementamos la temperatura. 

Sin embargo, la idea es que también podamos utilizar estos electrolitos sólidos a temperatura ambiente. Esto se está empezando a ver en una compañía francesa que comercializa este tipo de baterías con el electrolito de polímero, que es similar al que estoy estudiando y han empezado a vender carros eléctricos y buses basados en esta tecnología. Sin embargo, funcionan a más de 70 grados centígrados. La idea en la investigación que hago es poder reducir la temperatura para que la podamos meter, por ejemplo, en un celular o en otro tipo de tecnologías. 
 

¿Cuánto tiempo lleva en esa investigación? 

Apenas empecé en febrero, paralelo al inicio de mi posdoctorado. Me gradué del doctorado en diciembre en Francia, con el estudio del ánodo y de cómo incrementar su densidad de energía. Pero esto es producto de investigaciones que vienen desde los años 80.
 

¿De dónde surgió su interés en investigar para mejorar el funcionamiento de las baterías? 

Viene desde que empecé mi máster, que lo hice en diferentes países de Europa y la idea fue estudiar varias áreas de las ciencias de los materiales, pero todo enfocado hacia las baterías. De ahí seguí con mi doctorado y ahorita con el posdoctorado en la misma línea. Creo que esto es bastante importante porque vemos que la industria alrededor de las baterías se está desarrollando mucho. Hay un incremento de la comercialización y de la investigación muy grande en los últimos años y por lo general no hay muchos científicos interesados en esto, por eso el máster que hice fue específicamente para profundizar el conocimiento en las baterías y en entrenar a científicos que después puedan trabajar en las empresas que las produzcan o las investiguen. 

En Europa se han fijado los objetivos de pasar a una neutralidad de carbono en los últimos 20 o 30 años, entonces para esto lo que quieren es implementar más el uso de energías renovables y las baterías son un elemento clave, porque si tenemos una finca solar pues el sol no va a brillar todo el día y vamos a necesitar almacenar toda esa energía. Por ejemplo, también con las eólicas, unas veces hay más viento, entonces se produce más energía de la que se gasta y se va a necesitar almacenarla y es por eso que las baterías resultan muy útiles. También en la transición energética en el transporte, que quieren pasar todo a algo que sea neutro en carbono. Los carros van a ser eléctricos y para esto necesitamos baterías. Algunas marcas han empezado a vender sus carros eléctrico, en Suecia hay varios prototipos y estas industrias financian proyectos de investigación en la academia. 

Lo que más me gusta de esto es que tengo la oportunidad de estar muy cerca de la academia y de la industria, teniendo en cuenta los objetivos que se fijó la Unión Europea de hacer que el traspaso de esta investigación a la industria se acelere, porque es un espacio de tiempo muy corto, 20 o 30 años para poder implementar algo desde el primer escenario al otro. Esa relación entre industria y academia lleva a que exista más financiamiento a nivel de proyectos. 

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¿Qué es lo que más extraña de Salento? 

Lo que más extraño es a mi familia, también los paisajes. Uno no se da cuenta del lugar tan bonito en el que vive solo cuando sale de allí. La comida también la añoro porque acá en Suecia no se consiguen muchos alimentos colombianos. Durante mi estancia fuera de Colombia he conocido mucha gente que ha visitado mi país y siempre vienen maravillados de lo bonito que es y creo que cuando uno está allá se vuelve algo muy común ver la palma de cera, el valle de Cocora, las casitas de Salento y no se da cuenta de lo lindo que es hasta que otras personas te dicen que vivías en un paraíso.


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