Al descubierto / ABR 03 2020 / 1 month before

La cuarentena es la constante de don Javier Salazar

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

La cuarentena es la constante de don Javier Salazar

Javier Salazar Torres también cree en el poder de decretar para lograr los objetivos que cada quien se planteé.

Es vegetariano, practica el yoga y conoce al pie de la letra la historia del cacique Calarcá.

 

Para Javier Salazar Torres, de 60 años de edad, el aislamiento al que se está viendo sometido el mundo en este momento no le es ajeno. Desde hace 21 años ha estado muy aislado del ruidoso mundo urbano y se ha dedicado en conjunto con su esposa, Luz Estella Miller Hurtado, a sembrar árboles, ya llevan 20.000, a la filantropía, al vegetarianismo, a la meditación mediante la práctica del yoga. Él también comparte con las personas que lo visitan la historia del cacique Calarcá, el indígena más importante que pobló estas tierras quindianas. Sobre esos detalles de su vida dialogó con LA CRÓNICA.

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¿Quién es Javier Salazar Torres?

Soy ingeniero civil, tecnólogo en obras civiles y topógrafo. Tengo una especialización en ingeniería hidráulica y ambiental y una cantidad de cursos relacionados con el turismo, la gastronomía, el servicio al cliente, la decoración, la ambientación y el sonido. Mi familia estaba conformada por mi mamá, mi papá y 10 hijos en total. Por esos avatares de la vida nos fuimos a vivir a Armenia. Mi papá trabajaba en el campo y nosotros dependíamos de ese jornal agrícola para vivir en una ciudad que por muy barata que fuera, un jornal del campo era muy poco. Algunos de mis hermanos se dedicaron a trabajar y a buscar algún modo de producción para ayudar al sustento de la familia.

Al salir del campo a la ciudad, llega un momento en el que uno se asfixia demasiado porque le toca comprar todo. A mí también me llegó como esa situación de crisis de ver cómo pasamos de la comodidad que teníamos en el campo a sentirnos estrangulados en la ciudad. Pasé de estudiar de día a cursar el bachillerato nocturno para ayudar a cubrir las necesidades de la casa. Para alegría de mis padres, quienes desde alguna ventana del cielo nos están observando, creo que hoy se sienten tranquilos porque la familia superó esa situación de pobreza extrema en la que vivíamos. Hemos logrado hacer un estilo de vida en el que se trabaja, pero sin tanta afugia.

¿Qué tan valioso ha sido para usted el aporte que ha tenido de su esposa en la vida?

Mi esposa Luz Estella Miller, con quien llevó más de 40 años compartiendo, ha sido un valuarte inigualable. Ha sido una gran compañía, una coequipera que ha ayudado a empujar en la misma dirección, porque cuando me ha faltado la fuerza, ella la ha puesto; cuando he tenido ideas flojas, ella las ajusta. Nos encontramos muy jóvenes y ahora estamos más firmes que nunca.

Usted hace parte de una fraternidad espiritual. ¿Qué ha aprendido en ese mundo?

Paralelo al encuentro con Luz Estella en el camino de la vida, nos involucramos en un proceso en el que llevamos 40 años con La Gran Fraternidad Universal. Es una entidad cívica que tiene unas líneas de trabajo alrededor del bienestar de la persona. Propone una disciplina entorno al vegetarianismo. Además, complementa con unas actividades de gimnasio, de relajamiento consciente, de postura del yoga, de meditación y un poco de estudio entorno al esoterismo y la filantropía de una filosofía altruista. Se va uno formando en un estilo de vida que lo hace acercar más a las personas desde lo humano y también le permite sensibilizarse y a entender que a la vida hay que sumarle en valores y en actividades positivas para uno ayudar a que los demás trasciendan.

No se trata de crear una doctrina ni de decir que esta es la palabra revelada y que quien no esté acá se salva, no. Sencillamemnte lo veo, lo siento, lo expreso y lo hemos vivido a lo largo del tiempo y es una forma de compartir aprovechando el entorno y beneficiando a la comunidad porque al fin al cabo eso es lo que busca el altruismo, la trascendencia, que todos nos beneficiemos y el entorno también.

Este estilo de vida me ha permitido, por ejemplo, en ciertas actividades laborales de la vida profesional, ganarme un voto de confianza, como sucedió entre 1995 y 1996, cuando estuve trabajando en Costa Rica en el proyecto Piscícola Acuacaribe. Consistía en construir toda la infraestructura, los estanques, canales y lagos para cultivar la tilapia. La razón para que resultara ahí era que aparte de que tenía experiencia por haber trabajado en la construcción de Truchas Cocorá y también en Truchas Rioazul en Pijao, era que necesitaban a alguien allá que prácticamente se controlara él solo. Yo era vegetariano y no bebía, les daba la confianza de que iba a estar dedicado al proyecto.

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¿Cuéntenos un pedacito de la historia que usted conoce del cacique Calarcá?

Según la historia, el cacique Calarcá es el indígena más importante del país. Al que más páginas le han dedicado en los diarios y en los libros de historia. El cuento surgió en el año 1600. El cacique Calarcá era uno de los más fuertes y aguerridos de este sector. A los conquistadores les interesaba llegar a estas tierras del Quindío. Ellos se planteaban cómo llegar desde Cali comandados por Sebastián de Belalcázar o desde Bogotá, coordinados por Gonzalo Jiménez de Quesada. Pretendían llegar por la parte baja del río Cauca y donde encontraran un río con un buen caudal meterse a la derecha aguas arriba buscando el territorio donde tenía el asentamiento principal el cacique Calarcá. Esa tarea la delegaron en un hombre llamado Jorge Robledo, quien a su vez, delegó en un capitán que siguiera aguas arriba por ese río hasta encontrar la comunidad en la que estaba asentado el Cacique Calarcá, que era los quimbayas pijaos. En algún recodo del río el capitán se encontró con una anciana que lavaba su ropa y estaba cargada de oro, tenía anillos, candongas, pulseras, collares y narigueras. Entonces el capitán expresó que esa vieja estaba rica. Dicen que de ahí apareció el nombre del río De La Vieja. Pero el cuento es más largo.



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