En profundidad / ENE 05 2020 / 4 months before

La democracia, un sistema político en decadencia

La democracia, un sistema político en decadencia

Fueron muchas las banderas de diferentes países que fueron ondeadas por manifestantes que protestaban por las condiciones de pobreza y pérdida de libertades.

“Una gran democracia debe progresar o pronto dejará de ser o grande o democracia”: Theodore Roosevelt (1858-1919), político estadounidense.

Desde la aparición del neoliberalismo, finalizando los 70 e iniciando la década de los 80, hasta los últimos años, se vienen presentando varios fenómenos: agotamiento de la democracia, pauperización de la clase media —en todo el mundo—, aumento de la corrupción de los gobernantes, privatización de entidades estatales, degradación de la educación desde la básica hasta la universidad, afectación de la prestación de servicios fundamentales como la asistencia médica, aumento del desempleo, etc. 

Como colofón a tanta putrefacción, surgen dos hechos que son inherentes a esos fenómenos: aumento de la protesta social e incremento de la represión por parte de quienes gobiernan. El 2019 estuvo ‘bañado’ de noticias que daban cuenta de todos los movimientos sociales que se surgieron por la geografía del planeta; protestas que tenían casi todos los mismos ingredientes, con la excepción de Hong Kong, donde la lucha ha sido por libertades políticas. 

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Que la “tela de araña” que sirve de hilo conductor, ha sido la pauperización de la población, lo enseña el caso de Francia, país pujante con un gran estado de bienestar que los gobernantes han ido agotando en las últimas décadas, casualmente con la aparición del   neoliberalismo. Así escribió Serge Halamí, director de Le Monde diplomatique, en diciembre de 2019, en su artículo “Una carnicería”: “(…). Sucede tanto con la universidad, como con el hospital, la agricultura, los bomberos, la escuela, el estado de los puentes”. 

Según él, “tanto en Francia como fuera de ella, treinta y cinco años de privatizaciones, de retrocesos en la gratuidad, de recorte en las ayudas, de controles puntillosos en todos los ámbitos —gracias a internet— tienen como resultado una sociedad bajo presión, aturdida, consumida, que está quemando sus últimos cartuchos”.

Hace referencia a “una sociedad con sectores enteros que claudican. A intervalos regulares, hace constatar su agotamiento, expresan su cólera. Poco a poco, resiste la violencia que los partidos del gobierno se empecinan en infligirle pese a todas las alternancias políticas. En el programa de las últimas ‘reformas’, o de las próximas: el descenso de la ayuda al alquiler, un nuevo retraso de la edad de jubilación, la liberalización del trabajo nocturno, la restricción de la ayuda médica estatal o el endurecimiento de los subsidios por desempleo”. Es un panorama sombrío para los más pobres que viven en la mayoría de los países del orbe

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¿Por qué en algunos países no hay protesta social?

En los países escandinavos no hay protestas sociales, lo mismo que en Suiza, Nueva Zelanda, Australia y Canadá. No es sino indagar sobre las condiciones de los habitantes de esos países; o en qué condiciones viven quienes no tienen grandes fortunas. El asunto es claro: el dúo capitalismo y democracia están en crisis. 

Si se entiende la democracia como el pacto social que ‘firman’ todos los integrantes de una sociedad para vivir en armonía y que todos tengan condiciones de vida digna, ese convenio ha fracasado, en unos países más que en otros. Y la situación se vuelve peor, si se piensa que los gobiernos deben ser los entes reguladores de ese pacto social. Pero si estos están a favor de los grandes empresarios, entonces la democracia está en decadencia o enferma. 

También hay señales de decadencia de la democracia cuando personas con tendencias autoritarias son elegidos presidentes. Así lo afirman los profesores de la universidad de Harvard, Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, en el libro Cómo mueren las democracias. “(…) en 2016, por primera vez en la historia de Estados Unidos, un hombre sin experiencia alguna en la función pública, con escaso compromiso apreciable con los derechos constitucionales y tendencias autoritarias evidentes fue elegido presidente ¿Qué significa todo esto? ¿Estamos ante el declive de una de las democracias más antiguas y consagradas del mundo?”. 

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Asimismo, señalan los autores: “La democracia ya no termina con un bang —un golpe militar o una revolución—, sino con un leve quejido: el lento y progresivo debilitamiento de las instituciones esenciales, como son el sistema jurídico o la prensa, y la erosión global de las normas políticas tradicionales”. 

¿Acaso no es lo que vive Colombia, cuando un expresidente eterno ha manejado la rama judicial como lo ha querido y no lo han podido juzgar? 


¿Quiénes pueden salvar la democracia? 

Levitsky y Ziblatt, sobre la pregunta expresan: “(…) los partidos políticos son los guardianes de la democracia”. Además afirman: “Mientras las personas tengan valores democráticos, la democracia estará protegida. En cambio, si la ciudadanía está dispuesta a responder a llamamientos autoritarios, antes o después la democracia estará en peligro”. 

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¿Acaso la ciudadanía colombiana tiene valores democráticos cuando vende el voto o tiene que participar en la contienda electoral porque necesita defender su puesto de trabajo o aspira a un cargo público? Nuestra democracia sí que está enferma cuando grupos mafiosos manejan la contratación pública y los traficantes de productos psicoactivos patrocinan gobernantes y a un número importante de miembros del poder legislativo.

Los partidos políticos sí que poco pueden hacer por rescatar la democracia. Es muy conocido cómo los partidos tradicionales se han fraccionado, según la inclinación de la balanza electoral y hacen pacto hasta con el ‘diablo’, con el propósito de lograr mantener el control del poder o alcanzarlo. Las únicas banderas que ondean son la de los intereses personales. También la clase media es clave para preservar la democracia, ¿pero qué pasa si esta se extingue? 


Diego Arias Serna
Profesor-investigador universidad del Quindío,
Madrid, España
[email protected]
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