Martes, 12 Nov,2019
Historietas del más acá / JUN 30 2019 / hace 4 meses

La misteriosa alquimia de las palabras

Su voz carrasposa, inconfundible e imponente retumba por todo el escenario, como si de su garganta saliera un hálito mágico, un soplo que eriza a los aficionados e inspira a los deportistas.

Armenia, cancha de fútbol del barrio La Isabela, domingo 9 de junio de 2019. Es la 1:30 de la tarde, se está jugando el partido por el tercer puesto de la Segunda Copa Municipal Droguerías, en la categoría 50 años. Se enfrentan Redsport Crispollo y PFP Ingeniería.

 


Canchas como El Paraíso, Ciudad Dorada, El Placer o La Isabela son históricas para el fútbol aficionado en la capital quindiana.

El sol parece apiadarse de los jugadores, escondido entre las nubes, o quizás, se aburrió de ver la pelota ir de un lado para otro sin control, de los reproches entre compañeros, de la fuerza desmedida en la disputa de cada balón.

Después de unos pocos minutos del pitazo inicial, en un ataque sin importancia, cuando se veía superado, el defensa central del equipo cuyo uniforme recuerda a la selección española, atraviesa el cuerpo, saca el brazo y le rompe el labio al centro delantero.
 


Cada fin de semana el fútbol aficionado convoca a equipos de toda la ciudad.

Una herida pequeña, casi imperceptible, pero suficiente para una tarjeta amarilla y un amago de bronca. Desde la tribuna, los compañeros y unos pocos aficionados le piden al ‘gladiador’ que se calme.

¡Carevieja, es el problema con usted, hermano! —le gritan. 

Como los ánimos siguen caldeados, y el defensa no para de gritar, el propio árbitro advierte al entrenador, que está sentado en la tribuna como un espectador más. “Si no lo sacan lo voy a expulsar”.

El primer cambio del partido y no van ni 25 minutos, si no fuera por Carevieja, sería poco lo que habría que contar del encuentro deportivo en ese gran rectángulo de polvo donde el césped jamás creció.

La escasa gente ni siquiera le presta atención al partido. Muchos espectadores están ansiosos, quieren que se acabe rápido para poder disfrutar de la final y gozar de una fiesta poco deportiva que estará acompañada de chorizo, chicharrón, chuzo, papita criolla y, por supuesto, cerveza. 
 


Familias enteras se reúnen en torno al fútbol aficionado.

Sin embargo, el que parecía ser el partido más aburrido de la historia del fútbol aficionado, de un momento a otro, casi como un milagro, cambia. Aparecen las gambetas, las paredes, los cambios de frente, las palomitas y las atajadas acrobáticas.
 


Los torneos dan premios hasta de uno o dos millones de pesos, pero lo que los más motiva no es el dinero.

—¡Le va a pegar, le va a pegar, engachóóó… ES PEC TA CU LAR!

Es Gustavo Domínguez Sánchez, su voz carrasposa, inconfundible e imponente retumba por todo el escenario, como si de su garganta saliera un hálito mágico, un soplo que eriza a los aficionados e inspira a los deportistas porque, a pesar de que ya está cerca el final del primer tiempo, corren más, abren las bandas, centran, cabecean y disparan desde lejos, como si se hubieran puesto de acuerdo para jugar al ritmo de la voz del relator o como si el narrador, gracias a sus años de experiencia, supiera la alquimia misteriosa de las palabras que sirve para convertir las jugadas simples en extraordinarias

La gente no me olvida, aún se apasiona con mi narración y yo todavía me siento en capacidad de seguir relatando”, dice Gustavo, una vez terminada la primera parte del cotejo. 

Pero quién va a olvidar la voz de este hombre que durante décadas colmó de alegría los corazones de los seguidores del Deportes Quindío. Muchos aficionados aún recuerdan aquella dupla maravillosa que formó junto a James Padilla Motoa en RCN, que recorrió los estadios del país cantando los regates de Campagna, las atajadas de Massiel o los goles de Tilger. 
 


James Padilla, Ferney Cardona y Gustavo Domínguez cuando transmitían deportes para RCN.

“Yo jamás he dejado la radio, sigo vinculado cada 8 días en fútbol aficionado”, afirma como pensando sobre su pasado glorioso, pero luego explica. “Empecé con Los Tres del Deportes, hace 14 años, por falta de trabajo en la radio, cuando en la emisora en que trabajaba se presentó un problema con la transmisión de un partido de fútbol aficionado me sumé al equipo de John Jairo Cañaveral, y, desde entonces me ha ido mejor económicamente”.
 


Se adaptó porque su única pasión es el fútbol y narrarlo, por supuesto.  

“Lo más bonito es que ahora, desde las canchas promovemos campañas para que mejoren los escenarios deportivos. Durante las transmisiones los políticos llegan y los comprometemos directamente con la ciudadanía”, dice con orgullo y gran sencillez.

Su sueño es morir narrando fútbol, por eso cuida la voz como la más preciada reliquia, ya no trasnocha, a donde va siempre lleva chaqueta para no resfriarse y evita tomar bebidas frías. “A mí las mujeres frías tampoco me gustan”, señala con un tono malicioso, mientras se despide para retomar la narración, porque una entrevista inesperada le robó unos minutos del segundo tiempo y ya las personas empiezan a aburrirse con el partido, hace falta la magia de su voz
 

 

Carlos Wílmar López Rodríguez
[email protected]
@hdelmasaca​

Especial para LA CRÓNICA


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