Inicio / Región / MAY 03 2020 / 2 meses antes

La pandemia de la desinformación oculta otros ‘virus’

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Autor : Diego Arias Serna

La pandemia de la desinformación oculta otros ‘virus’

En países como Colombia, la pandemia también ‘desnudó’ aún más todas las inequidades sociales. Hay que mirar de frente y atender realidades tan dolorosas como el hambre y la desnutrición infantil.

“El mundo está volviéndose cada vez más complejo, y la gente no se da cuenta de lo poco que sabe sobre lo que está sucediendo”: Harari.    

“La gente rara vez es consciente de su ignorancia, porque se encierra en una sala insonorizada de amigos que albergan ideas parecidas y de noticias que se confirman así mismo, donde sus creencias se ven reforzadas sin cesar y en pocas ocasiones se cuestionan”. La frase, que está en el texto 21 lecciones para el siglo XXI, de Yuval Noah Harari, refleja, en parte, lo que se vive en el caudal de pseudoverdades que circulan en medios de comunicación, y en particular en las redes sociales.

Hasta personas con formación académica olvidaron a René Descartes (1596–1650) y su planteamiento sobre “la duda metódica”. Esa ignorancia es peor cuando el manejo de la supuesta verdad está respaldado por un sesgo ideológico, político o creencia religiosa. Esa otra pandemia, la de la desinformación, en algunos casos - sino en muchos - ha permitido que ese pequeño virus -responsable de un 2 % de decesos de las personas afectadas- oculte una pandemia mayor, como la que se manifiesta en el número de desempleados, quienes ya se suman al que se tenía antes de la cuarentena.  

Asimismo, la pandemia de la pobreza, que ya la traía Colombia, será más aguda después de que se salga de la cuarentena; igualmente pasará con la educación y la salud. Estos 2 elementos -tan importantes en una sociedad- mostraron su debilidad tan pronto llegó el aislamiento. En el caso de la salud, se manifestó en todos aquellos países donde sus gobiernos entregaron la prestación de los servicios de la salud a entes particulares, como en el nuestro, en donde unos fantasmas enmascarados en siglas de 3 letras –EPS, ARL, IPS- reciben el dinero de la salud y este desaparece.

Otro ‘virus’ que ya se estaba manifestando en distintos lugares, es el que atenta contra la democracia, la cual se ha ido debilitando y un país como EE. UU. -presentado como símbolo de ella- está en ‘cuidados intensivos’, al tener un presidente de tan bajo nivel intelectual y, peor aún, sin escrúpulos en el acto de gobernar. Todas estas situaciones negativas aumentarán después de superar la pandemia, por ignorancia de sectores de la población y por el flujo de la información sin soporte científico, fenómeno más evidente con la presencia de la COVID-19. En esta ocasión situaré el artículo en lo que está sucediendo con este virus. 

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El exceso de información y sin contraste, engaña

En Investigación y Ciencia –edición en español de Scientific American- de abril, se publicó el artículo El coronavirus más mediático. La difícil relación entre la “ciencia exprés” y los medios de comunicación. Su autor fue Ignacio López-Goñi, profesor de microbiología en la Universidad de Navarra, España, quien manifestó: “En el momento de escribir este texto, ya pueden consultar más de 600 artículos en Pub.Med sobre el nuevo coronavirus –Sars-Cov-2– o la enfermedad que causa –COVID-19–, además de otros tantos disponibles en los repositorios de artículos todavía no revisados”.

A su juicio, “jamás en la historia de la ciencia ha habido tanto conocimiento sobre un virus a los 2 meses de haberse descubierto. Es una muestra de las posibilidades que tenemos hoy en día para combatir ese tipo de amenaza. Sin embargo, debido a la necesidad de compartir datos por la urgencia del tema, algunos de esos trabajos se han publicado sin el control de calidad habitual (…), son informes preliminares que no han sido revisados por pares y que, por tanto, no deben considerarse concluyentes, ni guiar la práctica clínica ni el comportamiento relacionado con la salud, ni ser comunicados en los medios como información verificada”.

Sobre esta situación reveló igualmente: “De hecho, varios de estos “artículos exprés” ya han tenido que retirarse porque se ha detectado que contenían errores. También, por primera vez en la historia, estamos viviendo una epidemia a tiempo real: todos los medios de comunicación, varias veces al día, todos los días, en todo el planeta, están hablando del nuevo coronavirus. Una ebullición mediática a la que hay que agregar el efecto multiplicador de las redes sociales”. 

El autor resaltó que es precisamente esa conexión entre la “ciencia exprés” que comete errores por la prisa, y una sociedad hiperconectada en la que la información –contrastada o no– se transmite con velocidad, lo que puede llevar a otra ‘pandemia’ de alarmas y desconciertos que poco ayuda a gestionar la crisis real. López-Goñi señaló varios casos. Veamos algunos.


La COVID-19 no surgió en un laboratorio

“Uno de los artículos que menos tardó en retirarse ha sido el que sugería que el nuevo Sars-c Cov-2 era una mezcla artificial entre un coronavirus y el VIH. El 30 de enero fue publicado en el repositorio bioRxiv por un equipo encabezado por Prashant Pradhan del Instituto de Tecnología de la India: El 2 de febrero fue retirado por los propios autores, al comprobar que había errores en los análisis bioinformáticos y en la interpretación de los datos. Sin embargo, y por desgracia, ha sido uno de los artículos más comentados en las redes sociales”.      

Como en su momento afirmó el autor, ese artículo promovió la errónea idea de que la COVID-19 se había creado por ingeniería genética en los laboratorios. También, en el artículo se señala el reporte de otros investigadores. “(…) Hong Zhou, de la Academia de Ciencias Médicas de Shandong, ha comparado el genoma del Sars-Cov-2 con el de cientos de coronavirus de murciélagos. Sus resultados publicados el 2 de marzo en bioRxiv, sugieren una fuerte relación entre ambos genomas”. Los investigadores concluyen que la COVID-19 surgió de forma natural por recombinación de virus presentes en murciélagos y otras especies animales.

Asimismo, López-Goñi señaló que otras investigaciones aclararon que el virus no llegó por una serpiente, como también se ha dicho, o de virus aislados de pangolinis de Malasia. Así que el origen de la COVID-19 no está resuelto y que tampoco fue producto maléfico de un laboratorio. Igualmente, llama la atención en el sentido de que el quehacer científico no siempre es compatible con la prisa de los medios, y que la ciencia necesita reposo, tiempo, repetición de experimentos, que otros verifiquen nuestros resultados y que nos evaluemos una y otra vez.

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Bajémosles el tono a las teorías de la conspiración 

Recientemente salió otro engaño, cuando se adjudicó al Nobel de Medicina 2018, Tasaku Honjo, la afirmación de que el coronavirus lo creó el ser humano. Además, se dijo que él había trabajado 4 años en el laboratorio de Wuhan, China. El origen de este bulo es la cuenta de Twitter @TasukuHonjo que se hacía pasar por Honjo. En nombre del Nobel, la universidad de Kioto ha solicitado a Twitter desactivar esa cuenta, aclarándose de paso que Honjo nunca ha trabajado en China.

Otro aspecto que se debe conocer y que ayuda a superar la xenofobia contra China, es que a los pocos días de notificarse la aparición de la COVID-19, sus científicos aislaron y secuenciaron el virus e hicieron algo poco común en las condiciones actuales de puja por el liderato de las potencias: compartieron los resultados de sus investigaciones con la comunidad internacional, lo que ha permitido acelerar los esfuerzos de la comunidad científica para encontrar diagnósticos, terapias, remedios y vacunas. Se le debe bajar el tono a las teorías de la conspiración que solo generan pánico.        
 

Profesor-investigador universidad del Quindío
[email protected] / [email protected]



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