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La tradición perdida

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Hay quienes añoran las viejas costumbres y se comprometen para que las nuevas generaciones sientan ese extraño vacío en el estómago que daba al ver a la familia reunida en torno al nacimiento, cantando villancicos y comiendo natilla y buñuelos.

 

Dicen que la Navidad ya no es como antes, que el afán desmedido por comprar, el individualismo y el vivir en las nubes de la tecnología han provocado que las tradiciones poco a poco se hayan ido perdiendo. Dicen que la alborada pasó de ser una  fiesta a una especie de ‘noche de la expiación’, donde muchos aprovechan para ‘saltarse’ las normas; que la novena ya no se reza en comunidad; que el pesebre poco a poco ha sido desplazado por la figura del viejo barbudo creado por Coca Cola y que el 25 de diciembre los pequeños no salen a exhibir por las calles del vecindario el estrén y los regalos que les deja el Niño Dios, sino que prefieren pavonearse en redes sociales en busca de likes.

No obstante, hay quienes añoran las viejas costumbres y se comprometen para que las nuevas generaciones sientan ese extraño vacío en el estómago que daba al ver a la familia reunida en torno al nacimiento, cantando villancicos y comiendo natilla y buñuelos. Así lo recuerda Jennifer López, habitante del barrio Tres Esquinas, en el sur de Armenia, quien se dio a la tarea de convencer a todos los vecinos para que se animaran a decorar la cuadra principal del barrio. “Uno siempre piensa en lo que vivió en la infancia, en los abuelitos, y la idea es mantener vivo el espíritu de estas fechas”, asegura mientras sostiene a sus cuatro hijos que no superan los diez años de edad.
 


Jennifer López y sus hijos, a quienes trata de avivarles el legado de lo que le enseñaron en su casa.


​Ubicación del barrio Tres Esquinas (Ver en otras pestaña)


Gracias a esta iniciativa, niños y adultos del barrio, se dieron a la tarea de decorar, colgaron banderines de colores atravesando las calles, armaron el árbol con botellas plásticas reciclables, pintaron los andenes de rojo y verde, y para las novenas van a recrear un pesebre en vivo, con todos los personajes bíblicos interpretados por los más jóvenes. “Vamos a tener hasta minipigs –cerditos— que vamos a traer de una granja”, dicen los niños, mientras juegan importunando a los mayores, que, ocasionalmente les llaman la atención, pero los dejan porque finalmente la fiesta es para ellos. 
 


 

En otro sector de la ciudad, en el barrio Las Acacias, doña Otilia Montoya vive acompañada de su familia en una casa cuya decoración parece un cuento de Navidad: un árbol grande lleno de regalos, muñecos de papá Noel, muñecos de nieve, un reno y hasta un Año viejo, que no tiene pólvora, pero, aun así, está listo para ‘morir incinerado’ el próximo 31 de diciembre. Ella recuerda sus navidades con un poco más de sencillez, aunque mucho más alegres.
 


Otilia Montoya y su nieta, en el barrio Las Acacias.


Ubicación barrio Las Acacias (Ver en otra pestaña)


 

Allí por donde vive doña Otilia, los vecinos aprovecharon la calle peatonal para decorar con unos hermosos arcos de guirnaldas, luces y banderines en papel celofán. El visitante, sin duda, sentirá que está en otro mundo. 
 


 

Quizás las tradiciones navideñas no se han perdido del todo, sino que han evolucionado, solo que la vida suele verse mejor en retrospectiva, al pensar en lo que alguna vez se tuvo y hoy solo perdura como un recuerdo.


Carlos Wílmar López Rodríguez
[email protected]
@hdelmasaca



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