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General / FEB 08 2016 / hace 3 años

‘La Mano Negra’ del ancizarismo

‘La Mano Negra’ del ancizarismo

LA CRÓNICA DIGITAL  Además de su labor política, Ancízar López era un hombre 50% del campo y dirigía la recolección de café en sus fincas.

Presentamos la segunda parte de la mirada biográfica desde la investigación reflexiva, el pensamiento crítico y el análisis político a la trayectoria pública del dirigente quindiano Ancízar López, hecha por el periodista e investigador Alpher Rojas Carvajal. Mañana, tercera y última entrega.

 

Gran parte de su vigencia social y económica se sustentó en la actividad de un grupo denominado por el periodismo independiente como ‘La Mano Negra’ integrado por contratistas de obras públicas, caficultores y banqueros —“niños, toros y morenos”—, cuyas firmas acaparaban los contratos oficiales nacionales y regionales, aupados por el influjo político del barón regional. Tres de ellos fueron alcaldes, dos fueron nombrados gobernadores y miembros de juntas directivas públicas cuyos presupuestos controlaban de manera excluyente y hasta hace muy poco mantenían a su servicio una grotesca amalgama de alcahuetes y paniaguados mediáticos que exageran sus virtudes  y ocultan sus impurezas éticas.

  El electorado de Ancízar López provenía, en un principio, de los municipios de mayor producción cafetera de donde eran raizales sus principales tenientes políticos, el ancizarismo rural: Lucelly García —Calarcá—, Rogelio González —Circasia—, Horacio Muñoz —Génova—, Alberto Marín y Hugo Tabares —Montenegro—, Apolinar Londoño —La Tebaida— y Habacub Araque —Filandia—, entre otros. 

Estos tomaron independencia de Ancízar cuando se aprobó la elección popular de alcaldes —A.L. 01 de 1986—, que determinó un nuevo conjunto de reglas de juego e incrementó la participación electoral de los ciudadanos. De la hegemonía se pasó a la anarquía diseminada de pequeños feudos con los que se vio cada vez  más forzado a negociar parcelas de su poder tradicional. Y aunque sus dominios electorales se vieron replegados a las barriadas pobres de la capital, las series estadísticas de sus últimos comicios indican que sus votantes procedían predominantemente de los sectores más ricos ligados a la industria cafetera en decadencia, que expresaban así una cierta solidaridad de clase con el ocaso del cacique.  

 

Un animal político
Era un animal político que jugaba todas sus fichas en una sola parada, asegurado en la fidelidad de su fuerza burocrática y su capacidad de lobista en el alto gobierno. Era la antítesis constitucional del planeador racional, del pensador y del hombre de ideas. El expresidente Alfonso López Michelsen, en su estilo guasón les confesó a unos contertulios suyos después de una reunión con Ancízar: “Puede que este hombre haya estudiado en la Javeriana, pero parece egresado de la Academia de Julio César —Turbay—”. 

No profundizaba en el estudio de las ideologías ni encontraba interesante la reflexión sobre sistemas políticos, por lo menos esa era la impresión que quedaba tras sus intervenciones públicas. Pero tampoco se inspiraba en métodos demasiado racionales ni se dejaba tentar por la lógica política. Es decir, no tenía una metodología derivada de ninguna ciencia, sino que simplemente se dejaba guiar por su instinto de ser rural informado, alerta, audaz, con los oídos atentos a las señales de la tierra para captar las corrientes de opinión y rastrear cuidadosamente los caminos planeados por sus adversarios. Por ello, durante su vigencia de operador político fue siempre un hombre liso que abandonaba y volvía al mismo sitio tantas veces como fuera necesario, sin dejar huellas en su laberíntico periplo. 

Iba siempre de prisa y en ocasiones hablaba solo, como interrogando a un interlocutor imaginario —“raspando el tosco peñón de la soledad”—, al que no solo parecía increpar con sus balbuceos sino con agitados ademanes, tales eran los grados de su concentración mental cuando deambulaba sin saludar a los transeúntes. Se necesitaba no conocer su carácter para aproximarse a él en sus soliloquios cuando las cosas electorales no le salían bien. 

Los miembros más connotados del grupo ancizarista tuvieron un lánguido y trágico final. Quienes no fueron procesados por la justicia quedaron sumergidos en un limbo político definitivo. Marconi Sánchez Valencia, vigoroso orador y penalista fue víctima de un atentado con una granada descargada entre sus genitales mientras conducía un campero en las calles de su natal Montenegro el sábado 17 de diciembre de 1983; Lucelly García de Montoya, exgobernadora y cacica electoral de Calarcá, fue asesinada de un disparo en la cabeza mientras viajaba hacia la capital de la República en la vía hacia Ibagué el jueves 10 de febrero de 1994. 

 

Cafetero y político 50% y 50%
Pero Ancízar López era 50% hombre del campo: Conocía a la perfección las diversas labores de administración requeridas por el cafetal y su sombrío; en sus enormes fincas La América y La Calabria, él mismo dirigía la recolección en épocas de grandes cosechas y sabía de abonos y de la influencia planetaria y meteorológica sobre los cultivos. 

En tiempos de prosperidad sacaba cosechas de 100.000  arrobas de café que se exportaban a tres dólares la libra. En 1998 las plagas redujeron al mínimo sus cosechas por cuyos granos contaminados era poco el precio de pago. Hombre de convicciones fuertes, rechazó el ofrecimiento de la Federación Nacional de Cafeteros que pagaba a los caficultores un millón de pesos por cada hectárea tumbada de café para sembrar otro producto.

Obstinado, se negó a pactar y zarpó solitario en una aventura que lo habría de llevar a dificultades económicas y a poner en peligro el patrimonio familiar pues, a pesar de sus esfuerzos, ningún cafetero volvió a vivir las épocas de esplendor que él guardaba entre sus nostalgias. Por el contrario, quebró, y se endeudó con los bancos que, aunque sabían de su situación, le giraban el dinero porque todavía manejaba los hilos residuales de su poder.   

 

—Espera mañana la tercera y última entrega—.

 

 

Por Alpher Rojas C*


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