Inicio / Al descubierto / JUL 06 2020 / 1 mes antes

Las tortas que son todo un arte de las hermanas Muriel Millán

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Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Las tortas que son todo un arte de las hermanas Muriel Millán

Mónica Lorena y Catalina Muriel Millán, artistas de las acuarela y ahora de la repostería.

En plena pandemia, estas calarqueñas crearon pasteles artísticos, que ahora provocan y roban miradas.

Muchos habitantes y turistas del Eje Cafetero, cuando están de fiesta, han lucido un sombrero y hasta se han puesto el carriel, elementos tan propios de la cultura campesina. También han visitado el valle de Cocora en Salento y se han deleitado observando sus palmas de cera, que engalanan el paisaje. 

Pero nadie creería que todos esos elementos tan propios de esta región y que representan nuestra identidad, tradiciones y cultura, ahora se pueden comer gracias al ingenio y al emprendimiento de las hermanas calarqueñas Mónica y Catalina Muriel Millán. Ellas fusionaron sus conocimientos artísticos y distintos ingredientes para esculpir dulces obras de arte, en las que una mariposa y hasta una piedra se pueden digerir, porque la una es hecha con papel de arroz y la otra es fabricada en chocolate, para decorar innovadores pasteles. 

Ellas ofrecen sus tortas para cualquier celebración y lo hacen acorde al gusto de las personas o de las entidades que se las encarguen. Recientemente, una cliente les contó que era amante de los girasoles y las mariposas. Esos elementos quedaron plasmados de una manera tan real en el pastel que le vendieron, que esa compradora creyó que si los consumía le podía pasar algo. Al contar esa curiosa anécdota estas artistas de la repostería dibujan sonrisas en los rostros, como también las pueden pintar en cualquiera de sus productos, si algún cliente se los pidiera. 

Catalina, de 38 años de edad, estudió licenciatura en matemáticas, pero se ha desempeñado más como ama de casa. Hace 15 años se sintió atraída por la gastronomía y aunque no ha hecho ningún curso formal, se dedicó a leer y a buscar recetas en internet, que paulatinamente iba materializando para su consumo personal y familiar. Así, de forma autodidacta y aprendiendo de otros que tenían esos conocimientos, 5 años después empezó a investigar sobre la repostería y a cocinar sus primeras tortas para algunas celebraciones familiares. 

El arte y el sabor condensados para atraer al buen gusto 

En 2015, Catalina vio que sus productos iban teniendo aceptación y empezó a venderlos por encargo. Sus primeros clientes fueron sus seres queridos y sus amigos. Mientras todo eso pasaba, Mónica, quien es artista plástica, se destacaba por pintar con sus pinceles, hermosos murales que resaltaban los atributos del Paisaje Cultural Cafetero: los coloridos pájaros, las cascadas, los árboles, el verde de las montañas, las flores, el cielo azul y la rica biodiversidad de flora y fauna que hay en esta región. Todos esos elementos se constituían en una fuente de inspiración para que ella, de 36 años de edad, con su mano prodigiosa, convirtiera descoloridas paredes en verdaderas obras de arte, cuyas mariposas y aves pintadas con su profesionalismo, se veían tan reales que parecían tomar vida, al tiempo que embellecían y resaltaban lugares como la reconocida Calle de los Poetas en la ‘Villa del Cacique’. 

Su más reciente creación la plasmó en un parque temático de la región, donde los turistas hacen un recorrido pedagógico por la cultura cafetera. Con la paciencia del artista que no deja nada al azar, Mónica tardó un mes y medio en pintar un mural de unos 100 metros de largo, que sirvió para que deleitar la vista de los visitantes y convertir aquel sitio en un recordatorio de esas riquezas naturales propias. Esos son solo 2 de los más de 100 murales que esta mujer ha pincelado en los distintos municipios de Quindío. 

Las hermanas Muriel llevan el arte en los genes. Don Arturo Muriel Ginand, su bisabuelo, fue hace muchos años conocido en Filandia con el seudónimo de Armoguín. Era maestro de escuela y decían que tenía un lápiz mágico, ya que se sentaba en un café y con una maestría inimitable plasmaba en un papel la caricatura del rostro de cualquiera de los asistentes y hasta la suya. Cuentan que en la década de los años 20, ningún personaje de ese momento a nivel local se escapó de su talento.

En plena cuarentena, las hermanas Muriel se reinventaron con la deliciosa idea de sorprender a sus conocidos con tortas que combinaran el arte de Mónica y el sabor que les ponía Catalina. Para Mónica no fue complejo diseñar el tronco de un árbol, al que le puso plantas y mariposas, que a la vez se podían consumir. Allí apareció Catalina para envolver aquella madera comestible con una provocativa cobertura de chocolate. 

Aquella fusión de conocimientos les quedó tan linda a la vista, que hasta daba pesar comérsela. Digerir aquella torta era literalmente ingerir una obra de arte y eso sería un abuso porque el arte viene en crisis desde que comenzó la cuarentena. 

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‘Ladronas de miradas’ 

“Si el negocio se crece nos tocaría buscar un local y contratar gente para que nos ayude a vender. La meta es más adelante poder hornear pasabocas artísticos, que en una fiesta puedan tener una mesa con dulces temáticos. Por ejemplo, si es una niña que cumple años, que toda la repostería esté adornada con elementos de la Barbie”, anhela Mónica, a quien esta nueva labor le permite estar más tiempo en su casa mientras desarrolla su arte, ahora con un exquisito sabor, y cuida a sus 2 pequeños hijos, que son sus más preciadas pinturas. A ellos y al hijo de Catalina, que también tienen vocación para pintar, los quieren involucrar en este negocio para volverlo más familiar y para que ellos sean unos artistas independientes de la cocina. 

En un mes y medio que llevan con este proyecto, al que llaman Dulce Arte, han vendido 5 deliciosas obras de arte. 

Dependiendo los ingredientes, el peso y el diseño, los precios pueden oscilar entre $140.000 y $180.000. 

Estas ingeniosas hermanas con sensibilidad para el arte y la cocina también fabrican cupcakes, adornados con elementos del Paisaje Cultural Cafetero y hasta con diseños de amor, propios para conquistar corazones.



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