Miércoles, 11 Dic,2019
La Salida / AGO 17 2019 / hace 3 meses

Laura Orozco ganó La leyenda del Dorado

Laura Orozco ganó La leyenda del Dorado

Este fin de semana será bastante riguroso, pero Laura asume cada carrera como un nuevo reto.

La carrera de ciclomontañismo afronta una gran variedad de terrenos y climas. 

Laura Orozco Zuluaga, estudiante de economía de la universidad del Quindío, se ha destacado por el deporte. Este sábado estará en la versión 15 de la carrera de ciclomontañismo con muchos descensos para el Club Milenium que sale desde La Tebaida y termina en Buenavista. Este domingo estará en una carrera de ruta en el Gran Fondo del Quindío. La joven habló con LA CRÓNICA sobre esta pasión con la que ha logrado reconocimientos.  

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Háblenos un poco de usted.

Tengo 21 años de edad, nací en la ciudad de Armenia pero siempre viví en el norte del Valle, en el corregimiento de La Paila, un lugar muy lindo, lleno de árboles, trochas, zonas verdes, parques llenos de niños, donde viví mi infancia al máximo, corría todos los días, jugábamos lleva, era una niña muy activa.  Luego viví en Roldanillo, Valle y después nos fuimos a vivir al municipio de Caicedonia en el cual terminé todo mi bachillerato y donde terminé de crecer. Luego entré a estudiar economía y actualmente curso noveno semestre, vivo en Armenia pero viajo cada ocho días a visitar a mi familia. Me considero una persona positiva, perseverante y disciplinada, que lucha y lo que sueña trata de lograrlo.

¿Cómo empezó en el mundo deportivo?

Todo surgió cuando  tenía diez años, mi papá me inscribió en patinaje en La Paila y realicé este deporte por unos años pero lo dejé y cuando llegué a vivir a Caicedonia volví a retomar unos 6 años más, aproximadamente. Siempre me gustó la competencia, me gustaba ir a carreras y ganar, ya que he tenido la vena competitiva. Cuando entré a la universidad, también estudiaba inglés, así que tenía muchas cosas que me trataron de alejar del deporte pero seguía entrenando patinaje en las noches. Poco a poco me fui saliendo porque empecé con el ciclismo. 

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¿Cómo conoció el ciclismo?

Un amigo me invitaba pero a mí no me gustaba ni un poquito. Una vez me llevó a montar en trocha y no lo disfruté para nada. Pero empecé a montar en carretera, a subir al mirador de Caicedonia que queda a unos 23 kilómetros del pueblo y para mí llegar allá era el logro más grande del mundo, me sentía campeona, como si alcanzara el Everest. Todos los días procuraba subir una vez, hasta un día que decidí subir dos veces y la satisfacción era mucho mayor. Después de eso, mi mamá empezó a montar  conmigo y subimos a Sevilla y decidimos inscribirnos a una travesía que se hizo en el pueblo. La verdad ese día pensaba retirarme pero fue mi mamá la que me impulsó a seguir.

¿Cuál es su mayor motivación?

Mi familia es mi pilar, ellos son los que me han motivado en todo, siempre me han apoyado incondicionalmente en el deporte. Mi papá siempre ha estado conmigo en todas las carreras. Pienso en ellos porque sé que se sienten muy orgullosos de mí. 

¿Qué es lo que más le gusta de esta disciplina?

La verdad yo soy más maratonista, me considero una persona que le va mejor en los fondos que en las pistas que son muy explosivas; sin embargo, este año vamos a ir a los Juegos Nacionales Bolívar, que se realizarán en noviembre, donde voy a representar al Quindío y será una experiencia nueva porque la pista no es lo mío; pero puede serlo, tengo que entrenar un poco más; así que es un nuevo reto. 

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¿Cuál ha sido esa trayectoria deportiva en ciclismo?

Las carreras más importantes a las que he asistido, son ‘Pedalea por tus Héroes’ en el 2016 donde ocupé el quinto lugar en mujeres élite; ‘Travesía Club Milenium’ en su versión 14 ocupé el segundo lugar en damas élite; al día siguiente estuve en una maratón en Santa Helena, Tolima, en la que obtuve el segundo lugar; en ‘Andes Epic’ en el año 2018, corrimos en parejas mixtas y quedamos en segundo lugar  con Germán Martínez. En una carrera de ruta en el Gran Fondo del Quindío donde tuve la oportunidad de participar en el año 2017. He participado en varias carreras de ruta, las cuales tomo más como forma de entrenamiento. Este año, volví a asistir al Andes Epic, pero no la pude terminar por una lesión en la rodilla. También en la maratón Corazón del Valle en el 2018 y 2017 ocupé el sexto y séptimo lugar respectivamente, en los dos años. Algunas carreras de pista XC Cross Country Olímpico y en la ‘Leyenda del Dorado’ que ha sido la más importante hasta ahora y ocupé el primer lugar junto a mi compañera Daniela Orozco de Pereira. Para mí ha sido el mayor logro. 

Háblenos de esa experiencia.

Es considerada la carrera más dura de Sudamérica, está en el top 10 en el mundo. Llegué ahí gracias a una empresa de Manizales de uniformes de ciclismo que me dio la oportunidad de asistir a ese evento que consta de siete días de carrera; es decir, 7 etapas con un total de kilometraje recorrido de 4.569 y 15.000 metros de altura. Primero se hace un prólogo que sale de la plaza Bolívar; ese día nos fue demasiado mal tal vez por mis nervios,  porque no había entrenado durante esos días y me sentí muy mal sobre la bicicleta. Aparte nos pinchamos y éramos dos niñas, nadie nos podía ayudar, nos tocó solucionarlo solas y pasar esa crisis que tuvimos tan fuerte;  yo no sentía las piernas, me tumbé en el pasto porque no me daba el cuerpo, pero como sea, llegamos. Las chicas que iban de primero nos cogieron casi media hora de ventaja pero teníamos fe que los próximos días nos iba a ir mucho mejor. Y así fue, fuimos mejorando. Solo perdimos una etapa, ganamos 6 de 7 y poco a poco fuimos recortando el tiempo. Finalmente, ganamos La leyenda del Dorado.

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¿Qué momento difícil recuerda?

Precisamente, en La leyenda del Dorado, la etapa del volcán, que fue la número 5, del día 6 de carrera, fue la etapa más dura porque teníamos que subir a 4.700 metros sobre el nivel del mar, salíamos de Termales del Otoño y era muy duro por la altimetría, pues lo máximo que yo había llegado a entrenar era por el páramo del Chilí en Pijao y queda a 3.700 metros, es un ascenso muy técnico pero no tan alto. Logramos llegar a la Olleta del Volcán, fue algo nuevo para nosotras. A mi compañera le dio mal de altura, más conocido como ‘soroche’, que le generó mareos, náuseas, sensación de desmayarse; fue un momento muy fuerte para mí también porque al verla entrando en crisis, me empecé a marear, pero finalmente logramos llegar hasta el alto y allá nos esperaban con hidratación y con la ambulancia y la estabilizaron. Después de eso empezamos a bajar, pero yo la verdad sentía que ya habíamos perdido todo y le dije a ella que ya no me importa, que solo quería que llegáramos bien y Daniela estaba de acuerdo con eso, pues nuestras competidoras nos llevaban mucha ventaja y no teníamos cuando alcanzarlas porque prácticamente el resto de etapa era en descenso, era muy difícil y le dije que bajáramos tranquilas. Sin embargo, guardaba la esperanza y traté de irme más adelante. En un momento, no sé cómo, las alcanzamos y ahí ya sentimos una tranquilidad tan impresionante que llegamos con ellas para evitar forzarnos tanto y llegamos a la meta juntas. 

¿Qué piensas de las mujeres que realizan este deporte?

Yo quisiera ser ejemplo para las niñas y dejar el mensaje de que sí podemos lograrlo, no les dé miedo empezar este deporte o cualquier otro porque van a ser capaces. Muchas personas nos decían que cómo hacíamos si nos veíamos tan chiquitas, pero pienso que las mujeres somos fuertes físicamente y tenemos una capacidad de resistencia increíble que tenemos que aprovechar al máximo.

¿Cómo distribuye el tiempo entre estudio y entrenamientos? 

Esa pregunta me la hacen continuamente. Acomodo mis horarios, si estudio todo el día procuro madrugar y entreno de 5 a 6 de la mañana en un centro de entrenamiento aquí en Armenia con simuladores. Si no puedo en las mañanas, salgo en la tarde y si no, en la noche. Siempre busco la forma de hacer algo, bien sea bicicleta, trotar, gimnasio; lo que sea, pero tengo que hacerlo. Siempre hay tiempo, lo que se necesita es la disposición. Hay que incomodarse un poquito pero si uno quiere lo hace. 


Lorena Zapata López
LA CRÓNICA


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