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Leonardo, el médico que le ha visto la cara al coronavirus

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Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Leonardo, el médico que le ha visto la cara al coronavirus

Leonardo Emilio González López le debe dedicar, por lo menos, 3 horas a cada paciente que llega positivo por COVID-19.

Es uno de los 6 emergenciólogos con los que cuenta el hospital San Juan de Dios en Armenia.

 

Nadie, ni siquiera sus colegas médicos, quisieran estar en la piel de Leonardo Emilio González López. Desde que comenzó la pandemia, él, al mejor estilo del Zorro, la ha combatido a capa y espada. Ha tenido la valentía para mirarla a los ojos y hasta para tocarla. Es uno de los médicos que siempre ha estado en la primera línea de batalla contra el coronavirus en el Quindío. Pese al riesgo que ha corrido su vida y la de su familia, ha hecho honor al juramento hipocrático que le ordena salvar vidas.

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A sus 46 años de edad, le tocó asumir el cargo de médico emergenciólogo del área COVID del hospital San Juan de Dios de Armenia, algo que jamás imaginó que iba a vivir en su ejercicio profesional como especialista en medicina de urgencias y cuidados críticos. 

La pandemia para él ha sido un aprendizaje que aún no termina. 

“Al comienzo escuchábamos muchas noticias y todo era un caos, ningún médico dormía bien por la incertidumbre y la presión. Pero debido a eso cambiamos muchos hábitos. Había un bombardeo de información científica, pero también muchas cosas inventadas. Uno miraba el celular y se desplegaban montones de artículos que causaban pánico. 

Los que hacemos parte del personal de la salud optamos por no ver esas noticias, por simple salud mental. Sí nos informamos, porque es necesario, pero ahora con más calma”. 

Así recordó este especialista, que tiene turnos de 12 horas, esos primeros e inciertos días de la pandemia para el personal médico de ese sitio, que es su segundo hogar y a la vez el punto de referencia al que llegan los pacientes infectados en el departamento. 

Este hombre, que también atiende otras emergencias vitales distintas a las de la pandemia, reveló que al ver lo que sucedía en aquel momento en ciudades como Guayaquil, Ecuador, y en países como Italia y España, creyeron que iban a colapsar los servicios de urgencias en el hospital de la ‘Ciudad Milagro’. 

Por fortuna, la situación no ha llegado a esos extremos en esta zona cafetera y la muestra es que en su área solo hay, por ahora, una enfermera jefe, 2 auxiliares y él como médico emergenciólogo. Para atender a los pacientes afectados por la pandemia. Cuentan con 21 camillas de observación y 3 cubículos de reanimación. 

“Nos ha ido muy bien en el departamento, porque luego de 3 meses de cuarentena, en este momento solo tenemos un paciente positivo para COVID-19, que está intubado en la unidad de cuidados intensivos”, aseguró. 

El especialista explicó que el coronavirus le puede dar a cualquier ser humano, pero si es joven o niño puede sobrevivir con más facilidad porque su organismo es más resistente, en cambio si la víctima es una persona que supera los 70 años de edad, sus enfermedades previas la hacen más propensa a complicarse. He ahí la razón por la que tanto debemos cuidar de esta pandemia a nuestros adultos mayores. 

Su capa y espada han sido los elementos de bioseguridad

González López detalló que cuando un paciente llega en estado crítico por la COVID-19, lo primero que requiere, entre muchas otras cosas, es ser intubado y esa meticulosa labor la debe hacer la persona más experta del grupo. 

“El momento en el que hay más riesgo de contagiarse es cuando uno ingresa el tubo por la boca para llevarlo hasta la tráquea y poder ventilar los pulmones. Uno le aplica medicamentos al paciente para sedarlo y en ese momento la vía aérea se abre y es ahí cuando más virus se producen”. Otros procedimientos en los que los médicos corren peligro de infectarse son quitándole el tubo al paciente, las terapias respiratorias y la toma de muestras. 

“Gran parte de los profesionales de la salud que se han contagiado en el mundo ha sido por no usar adecuadamente los equipos de protección personal en esos momentos fundamentales y también por la falta de experticia en el asunto. No es igual una persona que está entrenada para intubar frecuentemente al que lo hace ocasionalmente, porque se requiere hacerlo muy rápido”. 

Esos elementos de protección personal bien usados han sido para ellos como la capa y la espada para un guerrero.

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Metamorfosis de la vida 

El coronavirus ha significado grandes y dolorosos cambios para la humanidad a los que los médicos no se han escapado. “Mucha gente no ha entendido que nosotros tenemos familia, hijos, papás y tuvimos que dejar de visitarlos porque no podemos exponerlos a este problema”. 

González López vive con su hija y su esposa, quien es médica anestesióloga. Por tal motivo, cuando comenzó la pandemia le tocó extremar las medidas de bioseguridad. “La cantidad de riesgo se duplica porque ella también se expone a la vía aérea de contaminación mucho más que el resto de los médicos. Eso preocupa, pero si uno aplica el entrenamiento que tiene, respeta los protocolos y utiliza los equipos de protección adecuadamente, se disminuye muchísimo el riesgo de contagio”. 

En algún momento se planteó, desde su gremio, que todos los que tuvieran contacto con pacientes positivos deberían autoaislarse. “Pero como éramos médicos, pues nos íbamos juntos”, pensaron. Sin embargo, se instalaron en ellos las dudas sobre qué pasaría con la casa, las mascotas y la hija. 

“No sabemos cuánto va a durar esto, es impredecible y entonces si uno hace eso se queda sin familia, imagínese”. Al final, tiraron los miedos al recipiente de los residuos peligrosos y prevalecieron los afectos por encima de algo que sigue siendo incierto. 

Las distracciones que este anestesiólogo tenía para salir de su rutina laboral en sus días libres, ahora son cosa del pasado. 

3 meses atrás solía salir, como cualquier persona, a compartir con sus amistades en los días libres, pero por prevención ahora no lo puede hacer. También aprovechaba para hacer deporte. En la actualidad, así haya tenido un día tranquilo, se siente cansado y el cuerpo no le da. 

A diferencia de lo que ha venido ocurriendo en otras ciudades del país, producto de la ignorancia de la gente, ni a González López ni a su esposa les han rayado la casa con avisos intimidantes para que desalojen, tampoco han sido víctimas de actos discriminatorios de los vecinos ni han sufrido agresiones verbales ni físicas, mucho menos han recibido coronas florales, como le pasó a un médico en Soledad, Atlántico. 

Por ahora, el hombre que le ha visto la cara al coronavirus en Quindío sigue con los elementos de protección bien puestos, porque como él mismo lo dice, todavía no puede cantar victoria.



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