Domingo, 23 Sep,2018

En profundidad / JUL 08 2018 / Hace 2 Meses

Lo que no se quiere ver del Paisaje Cultural Cafetero. El caso Quindío

Infortunadamente los habitantes de esta zona no han visto la importancia real que tiene la cultura propia y se han dejado desplazar por el turismo y el dinero.

Lo que no se quiere ver del Paisaje Cultural Cafetero. El caso Quindío

Las riquezas culturales no se han valorado y ello ha hecho que se vayan perdiendo sin razón.

Un aforismo –sabio desde la óptica de los abuelos- se aplica a la disposición que tenemos los habitantes del ahora llamado Triángulo del Café, frente a lo que se conoce como el Paisaje Cultural Cafetero de Colombia (PCC). Es la expresión “no hay peor ciego que el que no quiere ver”.

Y es que el 25 de junio de 2018 se han cumplido siete años de ese acto de consideración de la condición de Patrimonio Universal en la lista de Unesco. Y aquí está vigente el primer error. No es declaratoria de la Unesco, como órgano adscrito a las Naciones Unidas en materia de Patrimonio Cultural. Es claramente ingreso en una lista, a la que sólo muy escasos países han tenido acceso. También es claro que Unesco no declara sino que incluye, porque cuando un bien o manifestación tangible llega como candidato a París (sede de Unesco), es porque el país proponente ya lo ha declarado patrimonio con sus conciudadanos.

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No obstante, se sigue escribiendo, como lo menciona el único artículo de prensa, en El Diario de Pereira, que recordó los siete años de la inclusión cuando afirma que el PCC es declaratoria. Síntoma preocupante de algo que le falta a este Patrimonio Mundial, que se conoce como apropiación social, y de lo que se adolece totalmente.

Los habitantes, los promotores del PCC, los funcionarios de las entidades responsables de hacer efectiva su función social no quieren ver lo que es y representa tal privilegiada condición simbólica.

Veámoslo desglosado por municipios, a manera de ejemplos, de grave impacto histórico y procesal.

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Armenia: Nunca se vio el valor arquitectónico, el valor de uso y la declaratoria nacional de la recordada Plaza de Mercado de Armenia. Se fue al suelo y sus consecuencias han sido funestas. La más grave, la capital del Quindío, se convirtió en sus calles en un mercado general que no ha podido controlarse.

Calarcá: Sus casas de bahareque, también declaradas Patrimonio Artístico y Cultural de Colombia en 1986 por Colcultura, no son queridas por sus habitantes y moradores. Esto representa negar un agregado cultural implícito de estas casas, que sí son vistas como “ranchos viejos”.

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Circasia: El valor del patrimonio inmaterial que representa un monumento arquitectónico funerario, único en Colombia, llamado Cementerio Libre, es poco a poco borrado por muchos habitantes. Más de la mitad de los turistas que llegan al Quindío pasan raudos en sus vehículos frente a este inmueble simbólico, cuando se dirigen en la vía Circasia-Montenegro hacia la ilusión turística llamada Parque del Café.

Montenegro: El casco urbano de este municipio quindiano es el único que se incluyó en la cobertura principal del PCC, lo que obligaba a la conservación de sus casas de bahareque centenarias como un conjunto especial. Pero la realidad es otra: refacción, modificación y desaparición de ellas, lo que no se considera apropiado para la demostración de una sostenibilidad turística o arquitectónica.

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Pijao: Ha sido singular el proceso de categorización llamado Ciudad sin Prisa, un título que tienen pocas ciudades del mundo. Eso convoca al disfrute de sus atributos de buen clima, de buena calidad de vida y a la preservación de sus riquezas ambientales. Pero tal posición está en peligro, si sus habitantes no se empoderan del proceso. Como caso especial, el tesoro natural llamado Valle del Chilí, un ecosistema paramuno, así como las palmas de cera que se avistan en el camino de tránsito hacia esas alturas, están en serio peligro por la llegada indiscriminada de visitantes que no respetan los frailejones y las especies endémicas que allí crecen, poniendo en peligro, de paso, los recursos hídricos.

Córdoba: La guadua es su símbolo agrario; sin embargo, el espacio museístico llamado Centro Experimental de la Guadua no ha sido puesto en valor educativo y cultural. Como tampoco se ponderó el patrimonio humano representado en un artífice del bambú, don Jaír Londoño, quien dejó una serie de maquetas elaboradas de pequeños trozos de material artesanal y que él llamó Galería Flor del Café.

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Génova: No se ha visto su conjunto arquitectónico de la colonización, donde todavía se aprecian colores tradicionales, generalmente en monocromía, andenes grabados, cielorrasos y detalles de mampostería antigua. Pero lo más importante, la calidez humana de sus habitantes, en medio de un ambiente campesino surcado de cafetales, cañones donde corren sus ríos y casas rurales que parecen puntos en el paisaje verde imponente.

Salento y Filandia: Nunca se vio el conjunto arquitectónico de las primeras casas construidas en el Quindío, hoy destrozado, refaccionado sin fidelidad histórica y desfigurado. Por no ver sus detalles y su autenticidad, las nuevas casas del turismo son llamadas erróneamente, hasta por sus alcaldes dizque las viviendas coloniales. Se afirma que sus arquitecturas son de tipo colonial, sin entender que, con dicha expresión, estamos negando la marca de nuestros fundadores.

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Buenavista: No se vieron y estimaron las condiciones de su patrimonio cultural inmaterial, al desaparecer el constructo simbólico del Cerro de las Tres Cruces, sacrificado por el emplazamiento de un teleférico que tampoco funcionó en el plano turístico. Hoy, el turismo masivo que ha vulnerado la armonía de los habitantes de Salento y Filandia, amenazan a los que viven en esta población de los paisajes bellos. Porque sus moradores son los últimos en tenerse en cuenta en planes de turismo que nunca se consultan.

Quimbaya y La Tebaida: Sus aspectos arqueológicos nunca se han evaluado. En sus jurisdicciones se encuentran las estructuras líticas (o tumbas de cancel) del Instituto Quimbaya, completamente abandonadas. En el Edén Tropical del Quindío, el panorama es más delicado. Allí nunca se tuvieron en cuenta los petroglifos, yacimientos de las culturas prehispánicas, de inmenso valor cultural. De manera absurda, La Tebaida quedó por fuera del Paisaje Cultural Cafetero.

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A nivel general, es más patético el panorama: El PCC del Quindío no se ve por su cultura cafetera. Su territorio se ha invadido por otras perspectivas, como el aguacate hass. Y el factor humano, el caficultor, sigue ignorado. O como dicen los filandeños o salentinos, ellos, como habitantes urbanos, han sido desplazados en su propia tierra, por efecto de un turismo voraz que no consulta la realidad cultural.


Roberto Restrepo Ramírez
Especial para LA CRÓNICA

 


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