Inicio / General / JUN 24 2012 / 8 años antes

Lo que ya no espera

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Residuo es toda aquella materia generada en una actividad de producción y consumo que no alcanza, en el contexto en el que es generada, ningún valor económico. Desecho, aunque comparte la anterior definición, conlleva además una connotación de cosa vil y despreciable.
La palabra basura viene del latín verrere, y traduce barrer. Esto resume que cuando hablamos de basuras, desechos o residuos, hablamos de sobras de las que es preciso deshacerse.

La línea que separa lo que sirve de lo que no sirve en realidad está lejos de ser estable; pues se sabe que un bien puede acortar o alargar su vida útil según las exigencias o la recursividad de cada dueño. Para muchos de nosotros un color desteñido, un material apenas despicado o una superficie opaca son ya razones suficientes para desechar un objeto. Arrojar cosas a la basura, cuando no es un mero reflejo, pasa por ser una pequeña muestra de responsabilidad. Cómo podría ser esto de otra manera si la educación nunca va encaminada a producir menos residuos sino a “ponerlos en su lugar”; pero ya algunos empiezan a preguntarse si ese “lugar” abstracto donde se arroja lo que ya no sirve, ese mar de las canecas de basura, es realmente un hueco sin fondo o ya se está llenando y tiene fugas.

Materias que han tardado miles y hasta millones de años en formarse son, mediante un proceso de alto gasto energético, convertidas en productos cuya vida útil es risible. Recuérdese por ejemplo la cucharita de plástico con que ciertas heladerías dan a degustar sus sabores; ¿a cuánto llega la vida útil de esa cuchara?, ¿a quince, a diez, a cinco segundos antes de ir a dar a la caneca?

El gran cúmulo o isla de basura, que supera los 700.000 Km2, y que flota en un lugar donde coinciden las corrientes del océano pacífico norte, da un indicio de lo que nos espera, seguimos así y para el 2030 seguramente podremos caminar de Buenaventura hasta Japón. Nótese que esta basura es desintegrada por el agua y el sol en partículas potencialmente tóxicas que ingieren los peces que luego pescan y nosotros compramos.

Aun teniendo en cuenta lo mal informados que nos mantienen nuestros noticieros, sigue siendo un exceso de su parte el que hayan permitido pasar tanto tiempo para mostrarnos esta isla de basura.

Evaluar cómo un objeto puede seguir sirviéndonos, es el primer paso a mano de todo el que no quiera limitarse a esperar la aparición de políticas públicas que aborden con inteligencia el problema de residuos. Pero ese paso seguirá esperando. La recursividad es dispendiosa y con crisis o sin crisis siempre es más fácil estrenar.

Habría que comenzar por desalentar en nosotros al que compra cosas que no necesita y desecha lo que podría seguir usando, habría que ensuciarse las manos, habría que cambiar el orden de importancia a las preguntas que algunos se hacen cuando van a tener un hijo. Esto podría no durar mucho.

Que con los residuos se puedan hacer cosas útiles no es nada nuevo: Compost, papel reciclado, muros con desechos plásticos y hasta conjuntos de casas utilizando con sentido práctico latas, llantas y botellas (léase acerca de Michael Reynolds, el arquitecto de casas recicladas y autosostenibles) para nombrar solo algunas cosas. Pero esas tendencias, por alguna razón todo menos misteriosa, no ganan fuerza, todo lo contrario; y la situación se va tornando delicada.


Por: Camilo Velásquez
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