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Los bomberos de Armenia solo tienen el nombre: Alberto Rosas

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Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Los bomberos de Armenia solo tienen el nombre: Alberto Rosas

En la actualidad, Alberto Rosas Londoño dicta diplomados en gestión del riesgo a personal de la reserva del Ejército en el departamento.

En la actualidad, Alberto Rosas Londoño dicta diplomados en gestión del riesgo a personal de la reserva del Ejército en el departamento.

 

Alberto Rosas Londoño se ha dedicado toda su vida a trabajar en la educación para la prevención del riesgo y también a rescatar con sus equipos de trabajo a cientos de personas que han sido víctimas de grandes tragedias en distintos rincones de Colombia. En el Ejército, además de asesorar en la gestión de riesgo, fue instructor de paracaidistas y ayudó a trazar carreteras en las que esa entidad militar laboró. 

Esa experiencia militar le abrió las puertas para trabajar con la Defensa Civil, donde estuvo 24 años como funcionario y 8 como voluntario. Pero antes de eso lideró la atención a las víctimas del terremoto en Popayán, ocurrido el 31 de marzo de 1983, en pleno Jueves Santo. También dirigió todo el acompañamiento y rescate de los afectados en Armero por la erupción del nevado del Ruiz.

Sobre algunas de esas duras experiencias y cómo está hoy el Quindío para enfrentar un eventual desastre, Rosas Londoño, de 73 años de edad, conversó con LA CRÓNICA. 

¿En qué circunstancias ingresó a la Defensa Civil?

Ingresé a la Defensa Civil en 1981, pero en 1979, mientras estaba en el Ejército, le daba instrucción a los miembros de esa entidad sobre gimnasia y supervivencia extrema, ellos iban al batallón y de esa manera hice amigos en la institución. Después me retiré y estuve un tiempo como jefe de personal de una empresa de seguridad. Luego me vinculé a la Defensa Civil como funcionario. Todo se dio por mi buena relación con el director de ese organismo de rescate en Quindío y por mi experiencia en asuntos de supervivencia, de rescate y de primeros auxilios. Allá uno puede trabajar como funcionario y de voluntario. A mí me dieron la posibilidad de acceder al primer cargo. Me llamó la atención porque todavía estaba muy joven y tenía mucho dril de pieza, como decimos los militares. 

¿Cómo vivió la tragedia de la erupción del nevado del Ruiz? 

Me enteré como a las 7 a. m. del 14 de noviembre de 1985 por medio del avión de la Defensa Civil que dio el reporte, un día después, de que se había presentado una avalancha del volcán nevado del Ruiz y que Armero había quedado como un terraplén. A las 3 horas me dieron la orden de desplazarme con mi equipo de labores, un grupo de 15 personas con 2 vehículos y la ambulancia. Procuramos llevar buena alimentación, pero al final fue poco porque tuvimos que salir de afán, era de vida o muerte. La Defensa Civil tenía la responsabilidad de coordinar, pero eso no lo coordinaba nadie. Al llegar a la escena nos encontramos con camillas, ambulancias, socorristas y helicópteros de un lado para el otro, fue una locura porque eran más de 20.000 muertos. 

Llegó un momento en el que nos tocó matar a los cerdos y a los perros porque los pobres animalitos no encontraban comida y en medio del hambre se comían los cadáveres, que era lo único que encontraban. Otro asunto que me impresionó fue que mis socorristas lavaban las cabezas de los heridos, que estaban impregnadas de lodo, y se les caía el pelo y hasta la piel por lo quemados que estaban, pues el lodo bajó caliente. 

Había un punto en el que uno no se podía parar porque se hundía, no teníamos botas ni nada especial para ese tipo de condiciones peligrosas del terreno, escasamente portábamos el morral con una linterna, con algunos víveres, un cuchillo, una cuerda y a trabajar se dijo. La situación fue tan caótica que fue necesario nombrar un alcalde militar, que fue un mayor del Ejército de apellido Ruiz.  

Esa fue otra gran escuela bien compleja, porque ya había tenido un aprendizaje previo con lo ocurrido en el terremoto de Popayán en 1983, que fue mi primera experiencia en atención a víctimas después de estar 2 años con la Defensa Civil.

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 ¿Cuénteme sobre la labor formativa que ha hecho con las fuerzas armadas? 

Yo me retiré como funcionario de la Defensa Civil en 2005, pero seguí de voluntario. En ese tiempo me invitaron de la Escuela de Ingenieros Militares de Bogotá para que les ayudara a organizar el batallón para prevenir desastres. Le hice una capacitación a un personal de oficiales del Ejército, de la Fuerza Aérea, de la Armada y de la Policía. A ellos les dicté un diplomado muy interesante. Luego de eso empecé con los soldados y después me trasladé a Melgar al batallón de desastres y durante 2 semanas los entrené sobre la prevención de emergencias. En la Universidad del Quindío organicé 4 diplomados dirigidos al personal de oficiales de la reserva del Ejército. 

¿Cómo cree que están hoy los organismos de rescate en Quindío para enfrentar una eventual catástrofe? 

Quindío está ubicado en una zona de alto riesgo sísmico, lo que quiere decir que en cualquier momento puede suceder un terremoto de igual o mayor magnitud que el de 1999. En este momento me atrevo a decir que no estamos preparados, nadie lo está para un desastre. Yo molesto mucho por medio de la veeduría ciudadana de gestión del riesgo, de la cual soy miembro, sobre la situación de los bomberos, quienes no tienen equipos para trabajar, no cuentan con herramientas de protección personal, esa gente va a llegar a atender un incendio y le toca con unos sacos viejos y rotos, con unas botas vueltas nada porque no tiene equipos para incendios forestales, carece de una ambulancia en caso de que alguien se accidente, tampoco tiene dotación para trabajar en alturas, cuando en Armenia hay 50 o más edificios de más de 10 y 15 pisos. El personal no cuenta con equipos para atender emergencias con materiales peligrosos, como el caso que sucedió hace poco en el corregimiento de Tasajera, Magdalena. Por nuestras carreteras hacia Pereira, Valle del Cauca e Ibagué son muchos los carrotanques que pasan con materiales desconocidos y esas mejoras las vengo luchando desde hace mucho tiempo. La entidad tiene escasamente el nombre: Cuerpo Oficial de Bomberos de Armenia. Acá pagamos la famosa tasa bomberil, pero esta es la caja menor, la plata de bolsillo de la administración municipal. Esta situación le da a uno grima e impotencia.



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