Inicio / Fauna / JUL 13 2020 / 3 semanas antes

Los organismos olvidados: insectos parte I

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Autor : Carlos López

Los organismos olvidados: insectos parte I

El trabajo con los menores de edad resulta indispensable para formar conciencia acerca de la protección de estos seres, que miden la salud de los ecosistemas. 

A través de la colección de insectos de la Universidad del Quindío se hacen ejercicios con los ciudadanos para dar a conocer la importancia de estos seres.  

Andrea Lorena García Hernández es bióloga de la Universidad del Quindío y magíster en Entomología de la Universidad Nacional. Desde niña siempre estuvo enamorada de los insectos, perseguía hormigas, les dejaba comidita y hasta los coleccionaba, todos los que encontraba muertos los recogía, los guardaba en una cajita, así que cuando ingresó al pregrado contaba con su propia muestra de bichos.  

Se graduó de bióloga gracias a su estudio sobre los insectos acuáticos, especialmente motivada por el interés de conocer los nombres, las relaciones y describir especies. Posteriormente estuvo trabajando en la universidad como joven investigadora de Colciencias donde conoció los insectos asociados a las heliconias. Cuando hizo la maestría, trabajó en el ciclo de vida de la mariposa monarca, como un modelo para poder enseñar ciencias naturales en la educación media.  

Desde 2013 está vinculada como docente tiempo completo a la Uniquindío y orienta asignaturas que tienen que ver con entomología, biología de invertebrados y biología de artrópodos. Sin embargo, trabaja básicamente en la colección de insectos, que tiene unos 40.000 ejemplares, del departamento y de otras regiones del país. Esta colección es bastante reconocida, pues hace parte de las redes y sistemas de registros nacionales. 

LA CRÓNICA conversó con ella sobre su trabajo como entomóloga y la importancia de los insectos para el equilibrio de los ecosistemas del departamento. 
 

¿Qué nos puede decir de los insectos en los ecosistemas quindianos? 

El Quindío tiene unas particularidades geográficas muy interesantes que hacen que se den algunos grupos que son difíciles de encontrar en otras partes del país, no solamente de insectos también de otros organismos. Tener a las cordilleras a los lados, de tal manera que se forme esta hoya geográfica, hace que haya unas particularidades también climáticas que también propician el desarrollo de muchos organismos. 
 

¿Por qué es importante estudiar los insectos? 

Cuando uno comienza a estudiar de una manera más profunda los insectos se da cuenta de lo maravillosos que son y nunca termina de asombrarse, nunca termina de apasionarse, no se aburre, no parece algo que ya has hecho. Aunque obviamente es una utopía porque dedicarnos solamente a estudiar insectos es imposible, nosotros cumplimos con un montón de obligaciones más, tanto administrativas como académicas en asignaturas distintas. 

Es decir, esto es una pasión, muchas de las investigaciones que hacemos se hacen en nuestros tiempos libres. Cuando se consigue financiación generalmente es para hacer entomología aplicada, para ver esa respuesta de los insectos ante las perturbaciones del paisaje. 
 

¿Para qué sirve estudiar los insectos? 

Hemos descrito varias especies de insectos, sobre todo de un grupo con el que yo trabajo son acuáticos. A través de ellos se puede aprender sobre cómo los cambios del paisaje provocan alteraciones en las comunidades de insectos y pueden indicar que los paisajes están más sanos o más perturbados. 

Los insectos acuáticos han sido mostrados por mucho tiempo como indicadores de calidad de agua, hemos acuñados algunas cosas que son erróneas porque las hemos traído básicamente de Europa y hemos tratado de adaptarlas a nuestros ecosistemas, pero, en realidad, funcionan muy poco aquí. Nos falta conocer muchísimas especies y saber cuál es la sensibilidad real que tienen para poder hablar de la bioindicación. 

Hay muchísimos insectos en el agua que no se han descrito y que la gente no entiende cuál es el rol que juegan dentro del ecosistema, también hemos hecho algunos trabajos con ecología urbana, con indicadores de calidad de agua. Desafortunadamente la gente no tiene presente que cuando echan el cloro por el lavadero u otros químicos, estos terminan en los cuerpos de agua. En Armenia tenemos 54 quebradas, todas contaminadas porque son la cloaca de todos nosotros y desafortunadamente los químicos que le arrojamos hacen que los insectos, en su mayoría, mueran.  

Hay que hacer un trabajo muy grande en términos de saneamiento hídrico para poder mantener estos insectos, que son descomponedores de materia orgánica, es decir, hacen que esa materia, que está grande, se pueda disolver en el agua y se convierta en nutrientes que le van a servir a las plantas y a la misma agua, sin ellos solo tendríamos caños malolientes en todas partes.   
 

¿Qué se está haciendo para llegar a las comunidades con este mensaje? 

Desde la colección de insectos de la Universidad del Quindío, hemos tratado de empezar a hacer ejercicios de ciudadanía, de salir a las calles, de mostrar la importancia de los insectos, para que la gente vea que no son tan feos, que no hay que matarlos por sospechas, que nuestras acciones tienen repercusiones sobre otros organismos y que tenemos que aprender a convivir porque el planeta no es nuestro. Nosotros solo somos una especie, se calcula que en el planeta hay registradas 1.500.000 especies, de las cuales 1.100.000 son de insectos. Eso es sin contar las que todavía faltan por describir. Así que debemos dejar de vernos como el centro del universo, por eso tratamos de ir a los colegios, abrir las puertas de las colecciones para que la gente los empiece a ver de una manera distinta. 
 

¿Cómo se han visto afectados las poblaciones de insectos ante la acelerada intervención del ser humano en los paisajes? 

No hay un estudio de hace 50 años para poder comparar cómo se han visto afectadas las poblaciones, sin embargo, a nivel global se ha demostrado que las transformaciones del paisaje, ese decir, que los bosques sean fraccionados, sumado al aumento de los carros, de las edificaciones, de las luces, si las están afectando, por lo menos, a las que viven en las zonas urbanas. Cada vez que se construye un edificio, la cantidad de individuos de una sola especie que muere es irremplazable, no tenemos cómo medirlo, pero es obvio. Muy seguramente hay especies que lo soporten y migren, pero otras que quizás no lo logran. Sin embargo, cuando nosotros, los humanos no estemos aquí, los insectos sí perdurarán.  



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