Viernes, 22 Nov,2019
Historietas del más acá / JUL 14 2019 / hace 4 meses

Los primeros gigantes

Las grandes edificaciones en Armenia, nuestros primeros gigantes que aún sobreviven, nos recuerdan el crecimiento de esta capital quindiana. Algunos nos recuerdan la grandeza de otros tiempos. 

El 25 de enero de 1999 ‘El Lobo’ se echó; había estado activo desde 1925, como es característico en los de su especie: trabajando en equipo, con audacia, perseverancia y valor; sus hermanos hicieron lo propio en Cali y Bogotá. Está viejo, eso se nota, pero respira con fuerza, no aúlla pero está sano, ya no le interesa trabajar más pero sí proteger a las familias que permanecen con él, de día y de noche, desde hace 20 años.

Este ‘Lobo’, criado en Armenia por los hermanos Gómez, se aquerenció en la zona comercial Cervantes de Armenia —carreras 16 y 17, calles 21 y 22—, estaba cómodo y se empezaba a imponer por su carácter, pero un incendio acabó con todo lo que había en esta cuadra —incluida la primera plaza de mercado de la ciudad— y lo obligó a buscar otro sitio para seguir madurando. Caminó unos metros y de nuevo se posó, para volver a empezar, pero de allí fue espantado por los violentos saqueadores del 48 que justificaron su actuar vandálico en el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán.

Quería seguir luchando, mantuvo la cabeza en alto y la mirada aguda, fue así como encontró en la esquina de la carrera 16 con calle 17 un lugar amplio, seguro y estratégico. Allí comenzó una nueva vida y se convirtió en el líder de la manada. Fue adoptado por el edificio Gómez, el que todos conocen como edificio El Lobo, una de las construcciones que coincide con la época en la que Armenia dio el paso a la modernidad urbanística.

Los dueños del almacén Gómez Hermanos, abierto en el primer piso de la construcción, hicieron un concurso entre la clientela para renombrar el negocio y escogieron ‘El Lobo’; así quedó bautizado el amplio local en el que se vendieron materiales para la construcción, abarrotes y especias, que dio trabajo a 32 personas y que tuvo satélites en la capital de la república y en la ‘sucursal del cielo’. El cemento usado para la construcción del inmueble de la 17, diagonal al CAM, fue marca Portland y tuvo que ser importado de Inglaterra, el hierro se trajo de Alemania.

Dos terremotos ha soportado ‘El Lobo’, uno social en 1948 y otro físico en 1999. Cuando mataron a Gaitán, el edificio Gómez llevaba dos años en obra, un año después de ‘El Bogotazo’ fue habitado. Las cortinas y rejas metálicas de ambos costados del edificio esquinero impidieron los saqueos ocurridos horas y hasta días después del terremoto del Eje Cafetero, pero sus dueños decidieron que era hora de poner fin a la empresa fundada por Francisco Luis, Ramón y Luis Tito. Desde entonces cinco familias de exempleados de almacenes El Lobo habitan la mole de concreto, no pagan renta, tienen todos los servicios públicos y hasta cuentan con alguien que hace las veces de conserje.

Casi una década antes de que se empezara a levantar esta torre de 5 pisos con sótano y amplia terraza, calculada y diseñada por el ingeniero Luis Alberto Gómez Salazar y en el que se instaló el segundo ascensor de la ciudad, Armenia había comenzado a transitar de aldea de bahareque a capital de concreto, un paso decisivo que tuvo en el italiano Antonio Bernardi De Fina a uno de sus principales motivadores.

Ubique aquí el edificio Gómez (Ver en otra pestaña)


Aunque las ventanas quebradas, las persianas verdes deterioradas y las grietas exteriores del edificio El Lobo le dan un aspecto misterioso a esta esquina, está sano estructuralmente y no amenaza ruina, el lugar mantiene limpio y es muy transitado. Una comisión de cinco ingenieros mexicanos evaluó el edificio después del terremoto y concluyó que era seguro, lo propio consideró la oficina de Planeación municipal y lo declaró habitable; años después un ingeniero con estudios en patología de estructuras confirmó que ‘El Lobo goza de buena salud’.
 

Luis Fernando Gómez, el último gerente de almacenes El Lobo (Ver en otra pestaña)


Una década antes

Varios historiadores coinciden en afirmar que la modernidad urbanística llegó a Armenia comenzando la década de los años 30, cuando arribó a esta tierra el ingeniero constructor Antonio Bernardi. Este italiano estaba en Manizales, lugar en el que desarrolló varias obras, y allí fue conocido e invitado por el comerciante Vicente Giraldo Giraldo para que se radicara acá y echara una mano para impulsar la construcción en esta localidad y eso terminó haciendo el europeo, además de provocar la modernización de las redes de acueducto y alcantarillado.
 


Antonio Bernardi De Fina, junto a sus hijos, posan afuera de su casa en el barrio Uribe, predio en el que hoy queda el centro de documentación e investigación musical.
 

La oferta de Giraldo sedujo a Bernardi y el pacto se selló con la venta de una casa ubicada en el parque Uribe, la transacción se cerró en $2.200 y quedó en firme mediante la escritura 345 radicada en la notaría primera de Armenia el 10 de noviembre de 1932. Ya ubicado en esta parte del país junto con su esposa manizalita y sus hijas, después de haber recorrido Bolivia, Perú y Ecuador, don Antonio marcó el comienzo de una época próspera para la entonces todavía municipalidad adscrita a territorio caldense.

El italocolombiano transformó su casa, hoy sede del museo musical y en el que residen los esposos Álvaro y Martha, en casaquinta, lo mismo hizo con el predio vecino de la esquina. Antes de irse a Cali, en donde murió a los 77 años, Antonio Bernardi desarrolló varias edificaciones en Armenia, entre ellas la del teatro Yanuba, la de la trilladora Colombia, el San Jorge que queda en la calle 21 con carrera 15, la sede para el banco de Colombia ubicada en la 20 con 15, algunas capillas en colegios y la del hospital, la sede del orfanato que quedaba en inmediaciones de donde hoy es el parque De La Vida, entre otras.
 


El edificio del teatro Yanuba, desaparecido luego de un incendio ocurrido en 2008, también fue obra del italiano Antonio Bernardi.
 

En menos de diez años se pasó de la intuición, la guadua, la madera y el bahareque, con el que se había levantado el pueblo, a los cálculos estructurales, el hierro y el cemento que dieron forma a los primeros gigantes locales. Aunque se afirma con insistencia que Bernardi también dirigió la construcción del hoy edificio de Bellas Artes, algunos estudiosos le dan el crédito principal a Lino Jaramillo. En lo que si no hay duda es que Bernardi, Luis Jaramillo y Roberto Henao Buriticá, ganaron el concurso para construir la plaza de mercado, la que reemplazó a la que devoró el incendio de 1935 y que luego sucumbió al terremoto del 99.
 


La sede del Instituto de Bellas Artes de la UQ es otra de las construcciones que marcó el inicio de la modernidad urbanística de Armenia.
 


Bernardi, Jaramillo y Buriticá ganaron el concurso hecho para el diseño y construcción de la plaza de mercado de Armenia, la que funcionó hasta el terremoto de 1999.
 

Aquí puede encontrar el edificio Bellas Artes de la Uniquindío (Ver en otra pestaña)


En la historia de Armenia están grabados y con letras doradas los nombres de ilustres ciudadanos que con trabajo, amor y gran sentido cívico hicieron primero una aldea de bahareque y luego una acogedora ciudad. Capítulo aparte, como elemental muestra de cortesía y de justo reconocimiento, merecería la lista de apellidos extranjeros como Bernardi, Ramelli, Mowerman, Ledher, Sheffer, entre otros, fundamentales para el desarrollo de la ciudad, pero eso será tema de una próxima historieta.


Arquitecta María Eugenia Beltrán Franco habla sobre el aporte de Bernardi (Ver en otra pestaña)


​Los invitamos a consultar las historietas en video a través de Facebook, Youtube, Twitter e Instagram.


Ernesto Acero Martínez
@ernesto_acero
Especial para LA CRÓNICA


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