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La Salida / DIC 20 2018 / hace 11 meses

Manuel Delgado logró su sueño de ser médico con una beca

Manuel Delgado logró su sueño de ser médico con una beca

Se graduó con honores de la universidad del Rosario de Bogotá, con un presupuesto mínimo.

Manuel Alejandro Delgado Díaz, de 23 años de edad, culminó sus estudios de medicina con disciplina y esfuerzo, que han sido sus pilares más grandes para conseguir sus metas. Su carrera fue becada con el 100% debido a su excelencia académica y mejor Icfes del Quindío de los colegios privados. Para el futuro, Manuel espera especializarse como internista y seguir practicando baloncesto, su deporte favorito.

¿Hace cuánto inició su gusto por la medicina?

Empezó en los dos últimos años de colegio, donde tenía un conflicto porque me gustaba mucho matemáticas, física y biología, pero en especial biología y conocer toda la fisiología del cuerpo humano, que es un organismo perfecto y asistí a muchas ferias universitarias pero me interesé mucho más en la medicina.

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¿Cómo llegó a estudiar en la universidad del Rosario?

En las ferias universitarias a las que asistí conocí un poco más del plantel educativo y de otros más, pero me interesé particularmente en el pénsum, el campus y lo que ofrecía la universidad del Rosario, porque además existía la posibilidad de acceder a una beca por Icfes, así que decidí prepararme mucho en el último año y obtuve el mejor puntaje en las pruebas del Quindío entre los colegios privados, por lo que sin problemas pude ingresar a esta universidad, además de esta beca también estuve postulado en Ecopetrol, pero ya había empezado a estudiar en la universidad, así que me descartaron.

¿Siempre pensó en salir de la ciudad para estudiar?

En 11 pensé en irme de la ciudad, pero siempre considerando la universidad del Quindío que maneja un excelente programa de medicina y cuando conocí la oferta académica de la del Rosario, me enamoré, y como también accedí a la beca, no dudé en tomar la oportunidad.

¿Qué fue lo primero que pensó cuando sabía que iba a irse para la capital?

Lo primero es que era una ciudad caótica, que llegaba de una ciudad que es mucho más pequeña en la que todo queda más cerca. Llegar a la capital del país, en la que no iba a conocer nada, pensé que iba a ser una de las mayores dificultades. Lo otro a lo que temía era que iba a estudiar en una universidad privada y de alto prestigio, en donde las personas tienen un estatus económico muy alto e iba a sufrir algún tipo de discriminación, pero esas cosas fueron solo mitos, no tuve dificultades de ese tipo, las personas me abrieron las puertas e hice grandes amigos.

¿Cómo le fue con los altos costos de Bogotá?

Es una ciudad muy costosa, pero corrí con la ventaja de ser becado y lo que mi papá no tuvo que gastar en una universidad lo podía invertir en mi manutención y mi madre también me ayudó mucho en la parte económica y gracias a eso, nunca me vi alcanzado de dinero.

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¿Cuál es la rama de la medicina por la que quiere enfocarse?

Es la medicina interna, creé un gusto enorme desde los primeros semestres que se enfocan mucho en el funcionamiento del cuerpo humano y me gustó mucho ver todo por sistemas y cuando ingresé a clínicas, donde la primera rotación fue como internista, me enamoró completamente ver que tratan una enfermedad sistémica desde todos los aspectos, desde que ingresa hasta que finaliza y en el último año reafirmé mi gusto por esta especialidad.

¿Cuáles cree que fueron sus mayores logros en la carrera?

Uno de los mayores logros que obtuve en mi carrera fue este año, al ser el director del V Congreso Nacional de Internos, que organiza la universidad del Rosario, un espacio para internistas, médicos y especialistas que están interesados en el tema, fue uno de mis mayores logros porque aunque muchos quisieron ser los directores, lo pude conseguir, aparte de eso, el evento tuvo mucho éxito, 394 participantes en los dos días y alrededor de 21 conferencistas a nivel nacional y un participante de Estados Unidos, que nos habló sobre el uso de cannabis medicinal. El segundo logro lo obtuve el día de mi grado, que fue la medalla Monseñor José Vicente Castro Silva, otorgada al mejor alumno de toda la carrera, por mi participación interdisciplinaria y por promedio, incluso con la selección de baloncesto que no es algo en lo que muchos médicos participan, yo logré uno de los mayores triunfos junto a mi equipo, ganar por primera vez en los Interuniversitarios Cerros, donde participan todas las instituciones de educación superior de la ciudad.

¿Cómo hizo para fusionar la medicina con el deporte?

Fue muy difícil, medicina es una carrera a la que uno tiene que entregarse 100%, sin embargo, algo que me deja la carrera, es la disciplina y fue lo que me ayudó mucho también con el deporte, entonces si uno es disciplinado, tiene tiempo para varias cosas.

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Dicen que un médico nunca deja de estudiar, ¿qué piensa de eso?

Estoy de acuerdo, siempre tenemos que estar actualizándonos constantemente y la tecnología es de mucha ayuda, tenemos acceso a los últimos estudios e investigaciones que han salido.

¿Qué proyectos vienen ahora?

En enero se hace un sorteo para saber si tenemos o no que hacer servicio social obligatorio un año o si estoy eximido de este, si tengo que hacerlo, primero me dedicaré a eso y luego pensaría en la residencia para internista y en caso tal de que quede eximido, lo que tengo pensado es trabajar un año acá en Armenia para reintegrarme con mi familia y el próximo año regresar a Bogotá a hacer mi residencia.

¿A quién quisiera agradecerle por el acompañamiento en el proceso?

Primero que todo a Dios, porque sin él nada de esto hubiera sido posible, segundo a mis padres, porque sin ellos no hubiera logrado mis metas, el amor incondicional que me brindaron estos años fue fundamental para conseguir mis objetivos, a mis amigos del colegio que aportaron su granito de arena, a la escuela Maes Sport, que me vio crecer y con la que empecé a formar mi disciplina y a mis docentes del San Luis Rey, sobre todo a Wilton, a Lucho y Óscar Rodríguez y a la universidad del Rosario.


Carolina Molina Marín
LA CRÓNICA


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