Inicio / Al descubierto / MAY 15 2020 / 2 semanas antes

María Eugenia Salazar saca a la luz talentos de los seres especiales

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Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

María Eugenia Salazar saca a la luz talentos de los seres especiales

La profe María Eugenia Salazar Vigoya va a las casas de sus alumnos para continuar con el proceso educativo.

Lleva un año como docente de 33 niños del aula de apoyo en formación artística y cultural de Quimbaya. 

 

Enseñarle a las personas en situación de discapacidad cognitiva no fue una labor que la maestra María Eugenia Salazar Vigoya buscara, sino que esta llegó a ella. Desde el año pasado los padres de familia, que conocían de su experiencia previa con estas personas, le pidieron a la licenciada en preescolar que se encargara de educar a un grupo de 33 ‘niños’, como ella los llama, pero sus edades oscilan entre los 15 y 58 años de edad. 

Entre sus alumnos del aula de apoyo en formación artística y cultural de Quimbaya hay personas con síndrome de Down y algunas con un ritmo de aprendizaje lento. Todas ellas son diferentes a quienes llamamos 'normales', pero tienen sus capacidades especiales para los deportes, las danzas, las artes y muchas más cosas que, como buena educadora, María Eugenia ha sabido detectar y se ha encargado de potencializarlas de una manera muy particular. Para ello ha contado con la ayuda de otros docentes, de la alcaldía y de la misma comunidad. 

La profesora tiene la firme convicción de que ellos hacen parte de la sociedad y ha tratado de sacarlos de esa mirada lastimera que muchos les tienen. También ha aprendido que son todos los que tienen que incluirlos y entenderlos y no al revés. LA CRÓNICA dialogó con ella para conocer de su admirable labor y, de paso, para hacerle con su testimonio pedagógico un pequeño, pero sentido homenaje a los maestros en su día. ¿Qué sería de la sociedad sin ellos? 

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¿Cuánto tiempo lleva educando a personas con capacidades especiales? 

El aula de apoyo lleva bastante tiempo acá, sino que las madres de ellos no veían un progreso con los chicos y ellas mismas se reunieron y vinieron a hablar conmigo a ofrecerme que los coordinara. Yo acepté trabajar, no vi ningún problema, porque este programa depende directamente de la alcaldía. Cuando entré a ejercer el magisterio con los niños observé que cognitivamente habían dado lo que tenían que dar. El que aprendió de pronto a medio escribir o a leer, aprendió, el que no, ya no, porque por su edad y por su condición, ya no lo permitía. Entonces empecé a buscar mecanismos de cómo cambiar toda la panorámica que estaban manejando de hacer planas, de presentar un dibujo. Yo quería cambiar, entonces empecé con la huerta. 

Tuve mucho apoyo de la gobernación y ahí comenzaron a incluirse los instructores de acá de Quimbaya de deportes, de danzas, de natación, la chirimía, que ya tiene renombre a nivel departamental, que antes se llamaba Seres maravillosos, pero ya se llama La chirimía del aula de apoyo. Quiere decir que esas terapias, a las que ya ellos no tenían derecho, se las estamos aportando, pero a nivel de formación. 

Son 18 ‘niños’ que pertenecen a la chirimía. Ellos participan y son muy conocidos en el mundo del teatro. Esa era la idea, mirar las actitudes que ellos tenían para buscarles en qué los podíamos ir enfocando para que se sintieran útiles, que pudieran estar incluidos en una sociedad y que no solamente fuera lo educativo, sino también lo cultural y lo social. Más adelante contaron con un apoyo sicológico. Con ella empezamos a hacer un proyecto de vida con los niños para enrutarlos y saber quiénes podían empezar a trabajar porque muchos son muy adultos. 

¿En qué condiciones cognitivas se encuentran las personas que usted educa? 

He intentado quitar eso de que son niños especiales, porque todos los infantes lo son. Ellos tienen formas de aprender más lentas, tienen una condición de discapacidad, algunos son niños con síndrome de Down que a nivel cognitivo no pueden dar más. En todos partes son vistos con lástima, pesar, tristeza, pero yo quiero que los vean como seres maravillosos. Ellos salen acá y la gente los mira por su organización, porque en el aula ellos se atienden solos, no se ven inferiores a los demás y se valoran por lo que son. 

¿Cuáles han sido sus mayores aprendizajes en este tiempo de trabajo con esta población? 

Para mí fue un reto estar frente a ellos, pero la meta mía era mostrar las capacidades que tenían tan especiales y ocultas. Los aprendizajes que he tenido son increíbles porque cada niño es una historia diferente. Ellos no tienen que incluirse en la vida ni en la esencia de nosotros, somos nosotros lo que tenemos que incluirnos con ellos, los que tenemos que dar ese paso para estar a su nivel. Si no es así, nunca vamos a entenderlos, a sentir lo que ellos sienten. Lo otro es que ellos tienen un compromiso increíble. Si usted les dice vamos a hacer tal cosa, lo tienen que ejecutar porque ellos no dejan pasar nada por alto. Con ellos las cosas son claras. Todos son diferentes, mi forma de tratar a uno no puede ser la misma de tratar al otro. Cuando hablo con uno de ellos le digo que me mire a los ojos porque considero que de esa manera va a entender lo que le estoy diciendo, porque algunos no hablan, se expresan con gestos.

¿Qué ha sido para usted lo más complejo de trabajar con esta población? 

Lo más complicado que he tenido han sido los padres de familia, porque muchos de ellos los protegían mucho, entonces convencerlos de que los soltarán más fue un proceso muy duro. Todavía tengo ciertos papás que les da miedo dejar libres completamente a los chicos. 

Por la fama que tiene la chirimía, el año pasado nos invitaron a Pereira. Son 18 niños y solo lleve 3 madres, los demás me los dejaron llevar. Las mamás que llevaba eran de niños que estaban medicados. Pero fue un proceso complejo convencer a los padres, pero ahora se apropiaron los muchachos y dicen que se van a portar bien y lo cumplen. Eso es motivo de alegría para padres e hijos, porque saben que en algún momento van a poder defenderse. 

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Cuando estaba recién llegada a una de las niñas se le murió la mamá, gracias a Dios, a Natalia le ha gustado dibujar y pintar. Lo que hice con los familiares que quedaron a cargo fue empezar a explotarle ese talento que tenía y ahora vende un cuadro, una alcancía, podemos decir que a nivel laboral empezó a desempeñarse. La incluí en un sitio donde puede dar clases de lo que sabe hacer, es buscar esos espacios apropiados para ellos y si el día de mañana se quedan sin familia sean útiles y no se vayan a quedar estancados. 



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