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En profundidad / ENE 28 2018 / hace 1 año

Me encontré en la vida con… Aníbal Jaramillo Botero

“Desde su juventud anhelaba venir al Quindío pero nunca olvidó su ciudad natal y sus jornadas en el campo en las tierras de Cumbarco donde su padre Domingo era campesino de raca mandaca...”

Me encontré en la vida con… Aníbal Jaramillo Botero

Aníbal Jaramillo Botero, empresario quindiano.

Destacada figura cívica y notable comerciante nació en Sevilla, Valle del Cauca el 19 de junio de 1918 y murió en Armenia, Quindío el 21 de noviembre de 2000. Sus padres Domingo Jaramillo, de Salamina y Virginia Botero, de Abejorral. Seis hijos: Marcos, Oscar, Miriam, Gustavo,Teresita y Aníbal. Domingo, arriero, guaquero y campesino de oficio, levantó su familia en la parte más alta de la vereda Cumbarco, zona limítrofe de Génova con Sevilla. En los recuerdos de su familia se observa una foto de Domingo con Heraclio Uribe, fundador de Sevilla.

Aníbal estudió hasta tercero de bachillerato en el colegio Santander de Sevilla, fue discípulo del expresidente ecuatoriano José María Velasco Ibarra y en 1938 decidió viajar al Quindío, el lugar de sus ensueños.

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Contrajo matrimonio con la distinguida señora Melba Arcila Jaramillo oriunda de Montenegro, ampliamente reconocida como gran cocinera. Tuvieron 7 hijos: Martha Cecilia, fallecida, casada con Fabio Londoño Velásquez, dos hijos Fernando y Adriana; Guillermo, Administrador de Negocios de Eafit, su esposa María Inés Jaramillo, Julián y Camila los hijos; Carlos Arturo, Administrador de Negocios Eafit casado con Pilar Castaño, sus hijos Lina,Andrea y Mauricio; Luz Elena, reputada banquetera, casada con Néstor Acosta, Sandra y Juliana, las hijas; Clara Inés, al frente de agencia de viajes; Melba,economista,dos hijas: Carolina y Laura, y Ana María, propietaria de la conocida Estación del Crepe.

 

Aníbal Jaramillo Botero y Cia.

Recién llegado a la Ciudad Milagro, trabajó con su cuñado Alberto Botero Jiménez, en su reputado almacén de ropa pero en 1945 se independizó y montó sociedad con su señora madre Virginia, fundando el conocido almacén que llevaba su nombre y que funcionaba en la plaza de Bolívar,hasta el incendio de 1953.

Esta famosa conflagración quemó un amplio sector de la plaza de Bolívar y como se demoró la reconstrucción del sector, la circunstancia permitió la apertura del Pasaje Bolívar, como se conoce hasta hoy, de acuerdo con el historiador Miguel Ángel Rojas Arias, experto en historia de Armenia.

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Jaramillo, siempre con la línea de ropa para hombre, fundó el Almacén Camel en la calle 21 con carrera 17, hasta 1961.

 

Almacenes Valher

En 1961 se asoció con los conocidos comerciantes Guillermo Vallejo y Alfonso Cardona para poner en marcha los reconocidos Almacenes Valher en tres sucursales que funcionaron muy bien durante varios años, una imagen de seriedad y calidad ante una sociedad cada vez más creciente. En 1974 los socios decidieron liquidar la empresa, quedando Don Aníbal en poder de dos: Almacenes Valher 1 y 3. Con ahínco, pundonor y determinación continúo al frente de su actividad económica hasta el terremoto del 25 de enero de 1999,  en Armenia y por esta razón, debió trasladarse frente al Parque Fundadores, enseguida de la iglesia del Espíritu Santo, donde personalmente atendió hasta 2006 con la colaboración de algunos de sus hijos, especialmente Guillermo.

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Se destacó como uno de los fundadores de Comfenalco y por mucho tiempo hizo parte de la junta directiva de Fenalco. 
 

Líder cívico y social

Paralelo a su inagotable capacidad de trabajo, desarrolló una vasta tarea cívica como uno de los forjadores de la Fundación Anita Gutiérrez de Echeverri, hizo parte muchos años de su Junta Directiva y antes de partir a la eternidad, alcanzó a comprar el lote y poner la primera piedra de la moderna sede de El Caimo. Se destacó como uno de los fundadores de Comfenalco y por mucho tiempo hizo parte de la junta directiva de Fenalco. Fue un miembro destacado de la benemérita Sociedad de Mejoras Públicas de Armenia y concejal de la capital en la lista oficial del Partido Liberal, orientado por Ancízar López López.

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Condecoraciones y reconocimientos

Por sus valiosos servicios a la ciudad y al departamento fue condecorado con el Mercurio de Oro de Fenalco, la Medalla al Mérito Cívico de la Sociedad de Mejoras Públicas, el Cafeto de Oro y numerosos reconocimientos a su labor altruista en beneficio de los más necesitados.
 

¡Sevilla en mi corazón!

Desde su juventud anhelaba venir al Quindío pero nunca olvidó su ciudad natal y sus jornadas en el campo en las tierras de Cumbarco, donde su padre Domingo era campesino de raca mandaca, pero al mismo tiempo guaquero de recorrido y persistencia, conocido como ‘Sacamuelas’. Era fama en la región que el viejo Domingo le decía al ocasional adolorido de una muela: “recuéstese ahí, encima de ese bulto”, y con toda tranquilidad y alicate en mano, atendía al paciente del cuento.

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Aníbal adoraba el campo y su fuerza física era bien conocida en la región, la anécdota que me cuenta su hijo Guillermo, hablabien de se su vigor: “hijo de arriero y caballista, alguna vez el caballo se encabritó ante una ladera desafiante, ante la necesidad de seguir por la empinada montaña, no tuvo más remedio que noquear con su zurda al caballo y asunto arreglado”. ¡De veras, era una zurda de oro!.

A menudo se reunía con la colonia sevillana, horas de recuerdo y simpatía sin fin, con Henry Gómez Tabares, el conocido ex gobernador y otros coterráneos.
 

Amor a nuestra tierra

En una tarjeta que conserva su hijo Guillermo escribió lo siguiente: “Nací en Sevilla, Valle. Hace 60 años vivo en esta ciudad. La vi crecer. La quiero con alma, vida y sombrero. Y espero que mis cenizas sean esparcidas en esta tierra, la más bella del mundo”.

En efecto amó con ardentía nuestro bello Quindío, con inmensa alegría participaba de los eventos de la región y la ciudad; no se perdía partido de fútbol donde jugara el glorioso Deportes Quindío ni acto social que se programara.

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Aníbal Jaramillo Botero fue un baluarte y paradigma del comercio y la sociedad en un largo período de su historia. De origen campesino, su vida fue un legado de honestidad sin tacha, trabajo denodado y capacidad de lucha sin descanso. De las breñas de la alta montaña llegó a la región a trabajar por su desarrollo económico, fue un pionero del comercio y un ciudadano interesado en el fortalecimiento del civismo.

Su familia honorable que sirve bien en varias actividades, ha recogido la herencia moral de un padre ejemplar. Sus cenizas, de acuerdo a su deseo, esparcidas en nuestra geografía, abonaron con vigor y esperanza los anhelos de los nuevos tiempos; alcanzaron a volar por los aires hasta Sevilla. ¡Un gran ciudadano que permanece en el recuerdo!


Gabriel Echeverri González
Especial para LA CRÓNICA


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