Inicio / Región / JUL 12 2020 / 3 semanas antes

Me encontré en la vida con… Magola Arango Mejía

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Autor : Gabriel Echeverry González

Me encontré en la vida con… Magola Arango Mejía

Con su inteligencia y lucidez confiesa las grandes dificultades que vivió en Europa y su decisión de viajar a Colombia para servir al prójimo: “Me he matado para llegar a educar”; como realmente ocurrió.

Brillante pintora colombiana nacida en Armenia el 8 de agosto de 1934, sus padres Félix Arango Arango y Sofía Mejía Villegas, de Manizales, de dicha unión nacieron 11 hijos: Sofi, Amalia, Gabriela, Cecilia, Mercedes —esposa del ex rector de la Universidad del Quindío y cofundador de la AHQ, maestro Bernardo Ramírez Granada, ya fallecido— Fabio, Jorge —exgobernador y exmagistrado, recientemente desparecido— Félix, Jaime, Hugo y Magola.

Cursó sus estudios hasta culminar su bachillerato en el colegio de la Sagrada Familia de las Hermanas Capuchinas y en la flor de su juventud viajó a Manizales en 1951 con el fin de estudiar en la escuela de Bellas Artes, donde fue discípula distinguida del maestro Alipio Jaramillo, pintor consagrado y conoció al profesor catalán Ismael Font Sabaté quién sería decisivo en su formación y en su maravillosa carrera de artista deslumbrante.

Europa, formación y carrera

A los 30 años de edad resolvió viajar al viejo mundo en un poco cómodo barco español que tomó en Cartagena, 30 días mareada siempre, pero el talento y los ideales estaban intactos; llegó a Barcelona donde ya estaba el profesor Font, quién le insinúo que se fuera a Madrid; en efecto, en la capital de España estudió en la escuela popular del gobierno y artes y oficios en la escuela de Bellas Artes; durante 2 años alternó con un trabajo en cerámicas alfaraz, donde hacía cerámica artística y figuras y modelos para esa empresa de un venezolano.

París en el corazón

Después de 2 años en Madrid viajó a la ciudad luz, allí en medio de dificultades económicas estudió en la escuela académica Julien de los impresionistas, etapa decisiva para la cimentación de su talento y en donde afianzó su honda concepción de la sociedad y del ser humano. Expuso en 2 oportunidades y recibió la medalla Paul Gauguin en el VII salón internacional París –Sud.

Permaneció 3 años en París y a los 35 años de edad viajó nuevamente a Barcelona; es dable anotar que después de vivir en Praga, tuvo la suerte de ganarse un concurso para pintar un gran mural para la clínica Solarium, teniendo como temática la vida del padre Francisco Palau Quer; además de ser una obra majestuosa, una época maravillosa de la gran artista colombiana. En esta etapa residió 7 años en Barcelona.

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¡De Europa a Casacará!

Con su inteligencia y lucidez confiesa las grandes dificultades que vivió en Europa y su decisión de viajar a Colombia para servir al prójimo: “Me he matado para llegar a educar”; como realmente ocurrió. Hizo maletas y con la ayuda del señor obispo de Valledupar Vicente Roig y Villalba, llegó al corregimiento de la ciudad de Codazzi, Casacará, a 45 minutos de la capital del Cesar; un caserío en tierra y pobre hasta el extremo, pero fue feliz. Fundó una escuela, pintó las casas del pueblo, atendió la educación de los niños y desarrolló su vena artística; su observación profunda la llevó a una parte decisiva de su creación con figuras humildes de negros, indígenas y campesinos, cuyo paso por la vida, según sus propias palabras, es doloroso, viven y mueren ignorados por todos: “A través de mi pintura he querido mostrar su dignidad, esa que nadie les puede arrebatar”.

Después de la experiencia en el Cesar viajó a Bogotá, donde vivió 3 años, con algunas exposiciones y mucho trabajo artístico, al cabo de los cuales, fiel a su espíritu aventurero y su búsqueda estética, resolvió viajar a Chile.

Por Suramérica

Por tierra viajó hasta Lima, Arica y Antofagasta, con su paleta a cuestas, su entusiasmo religioso y su curiosidad inmensa, permaneció en la Chile de Salvador Allende, hasta su caída, en total 10 años pintando, regalando, exponiendo y vendiendo, en síntesis, entregada a la febril tarea de subsumir la realidad social a sus oleos asombrosos, los rostros del sufrimiento y la esperanza de los pueblos.

En la siempre bella Praga

Regresó al país y con motivo del nombramiento de su hermano Jorge como embajador de Colombia en Checoeslovaquia, lo acompañó a él y a su familia, los 2 años de la misión; en una ciudad tan bella y espectacular, Magola se deleitó observando, aprendiendo y pintando con mucha intensidad. No regresó a su país, volvió a su amada Barcelona, por un tiempo.

Artista deslumbrante

La crítica María Victoria Aramendia dice sobre Magola: “Su obra, inmensamente unida a su diaria y permanente labor, la de educación de los niños y la constante ayuda social a los menos favorecidos. De ellos, los seres desposeídos que la rodean, Magola ha extraído la sicología que se apodera de su pintura. Pintura que posee, por sobre todo, una condición escasísima aun cuando esté en boca de todo el mundo. Autenticidad. Magola ha trabajado intensamente año tras año tratando de plasmar en sus cuadros la interpretación de su mundo, sin que intervenga en ese esfuerzo algo distinto de lo perseguido por su alma y captado por su retina. Modelando con colores frescos, limpios, ajustando con la línea cuando lo cree necesario, mirando el contorno de luces y estructurando con esas mismas luces que resbalan sobre el color” 1.

A su vez el recordado escritor Adel López Gómez, en un texto de exposición en la gobernación del Quindío 2 señaló: “Magola Arango no cree en improvisaciones. Su extraordinaria capacidad creadora, tan vigorosa como diversa, arranca de una vocación que le viene desde la propia infancia quindiana en una ciudad que iba tomando cuerpo y estructura de tal, y en medio de una comarca agraria de colinas y bosques, de cafetales y dehesas (…)”.

Con exposiciones en Europa, en Chile, en Bogotá, en Manizales, en Armenia, como participante de varios salones de artistas del viejo Caldas, Magola Arango Mejía es una de las grandes maestras de la pintura hispanoamericana, gracias a su pincelada ágil, a la espontaneidad en el uso de la paleta, a la forma magnífica como mezcla los colores rojos, naranjas, ocres, violáceos, a su aguda mirada con mucha bondad, de los seres humanos y de la realidad circundante.

Debo confesar mi profunda emoción al conocer a la notable artista, gracias a la distinguida señora Valentina López de González, recorro con alegría sus hermosos retratos, los grandes oleos, las caras de mujeres y de muchos niños, la reina del color. “Pintar es como respirar y la creencia en Dios, energía y sentido de la existencia”, dice con humildad y franqueza. Una dama que se entregó al arte y a servir a los demás, en la plenitud de su madurez y su existencia, una pintora deslumbrante que ha dejado muy en alto a la región y al país; abandono su residencia con la seguridad de haber conversado con una de las más grandes creadoras de la patria: una artista sencilla pero grande en su talento y en su obra imperecedera.

  1. 1 Aramendia, María Victoria. 17-11-2006. Nota de exposición.
  2.   López Gómez, Adel. Nota de exposición, Gobernación del Quindío.


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