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En profundidad / JUL 21 2019 / hace 3 meses

Me encontré en la vida con… Mayra Vélez Uribe

Mayra Vélez Uribe es un símbolo maravilloso del viejo Quindío y de una época que se ha ido para siempre.

Me encontré en la vida con…  Mayra Vélez Uribe

Foto : Archivo particular.

Benemérita ciudadana y líder cívica nacida en Armenia el 6 de noviembre de 1924 y fallecida el 11 de julio de 1991, sus padres, Daniel Vélez Montoya destacado comerciante, oriundo de El Retiro Antioquia, y Ana Isabel Uribe Bernal de Rionegro, seis hijos: Mayra, John, Hernando, Cilia, Ruth y Blanca. Cilia se destacó en el civismo; Blanca vivió en Plato Magdalena; Ruth se casó con el médico Enrique Barros Baquero, hijos: Enrique, David, Elsa, Margarita y Ramiro.

Debe recordarse que John se destacó como comerciante pero por muchos años fue un jardinero de alto turmequé en Bogotá y escribió libros de gran valor costumbrista; el parque de Chapinero lleva su nombre como homenaje a su labor en beneficio del embellecimiento de la ciudad capital; de otro lado, Hernando fue un reputado médico, por años al servicio del Instituto del Seguro Social, razón por la cual el otrora CAB del sur, ahora de Redsalud, lleva su nombre en homenaje a su gestión humanitaria.

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Por razones de negocios la familia se trasladó a la Cumbre Valle y allí Mayra hizo sus estudios primarios en el colegio San José de la Montaña, más tarde culminó como normalista con las monjas Franciscanas en la misma ciudad, formación que le permitió consolidar un buen bagaje cultural. De regreso a la ciudad milagro en 1940, comenzó su etapa laboral en el almacén La Estrella más tarde se desempeñó en la Caja Agraria .

En esas calendas conoció al urbanizador y comprador de café Jesús Vélez Palacio, con quien contrajo matrimonio el 14 de febrero de 1946, nueve hijos: la bella Luz Marina, casada con Jaime Martínez, ya fallecido, actualmente residenciada en Londres, un hijo Jaime Alberto Martínez Vélez conocido dirigente político; Álvaro, reputado abogado de la universidad Externado de Colombia, casado con Mercedes Rueda, dos hijas; Ana Isabel, distinguida arquitecta residenciada en Medellín, con José Raúl Jaramillo, dos hijos; María Elena, con Jaime Alberto Mejía Jaramillo ambos desaparecidos, dos amigos entrañables de la UGC, dos hijos; Jorge Eduardo, fallecido, casado con Margarita Alzate Montoya, un hijo; Gilberto, fallecido, casado con Luz Aída Zuluaga, tres hijos; Olga Lucía, con Philip NYE, dos hijos; Mauricio, casado con Luz Dary Posada, un hijo y Luis Alberto casado con Ángela Palacios, dos hijos.

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Los jardines de Armenia en sus manos

En la compañía de la gran Eunice Restrepo, fue defensora insigne de los jardines y los parques de la ciudad, en una tarea maravillosa que Mayra hizo hasta muerte y que heredaron los doctores Rubiel Mejía y Felipe Palacios ; desde el paradisíaco sector de Maravélez, las dos señoras, trajeron el tronco del parque de Fundadores, que aún reposa en el lugar cerca del riachuelo que lo baña.

Sin duda fue la mejor época de conservación y arreglo de los jardines y los árboles, sin mayor apoyo distinto al prestado por un operario de la SMP.


Dirigente cívica por excelencia

Mayra se destacó por su participación en la Unión de Ciudadanas de Colombia, en la defensa de la lucha por los nacientes derechos de la mujer, en el derecho al voto y a ser elegida; primero fue concejal de Armenia y después diputada a la Asamblea del Quindío en 1957, participó con su voto en la creación del municipio de Buenavista.

Fue entusiasta colaboradora de las juntas pro creación del departamento del Quindío; con un grupo de amigas hizo una vibrante campaña telefónica para el buen éxito de las comisiones que viajaban a las barras del Congreso de la República.

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Haced el bien siempre

Fiel a su condición humana de servicio social infatigable, durante mucho tiempo colaboró con remesas y ropa con los leprosos de Agua de Dios; con las señoras de la caridad en la protección de la joven y con mucha intensidad la ayuda anónima urgente para las familias vergonzantes, tarea bondadosa que después continuó la gran Clara Luz Jaramillo Tobón, condecorada hace pocos días con la medalla que lleva el nombre de la maravillosa Mayra Vélez Uribe.

Participó activamente en la Sociedad de Mejoras Públicas y con el presidente de la época Emilio Acosta incursionó en múltiples actividades propias de la SMP; fundadora del Club de Jardinería de Armenia y socia honoraria. Debe destacarse su ayuda constante con la Junta pro- catedral de Armenia, a la cual perteneció y ayudó con eficacia.


Condecoraciones-reconocimientos

Su retrato permanece en la sala de honor de la SMP, entidad que le otorgó su máxima condecoración especial y única, prendedor de oro con esmeraldas, por su notable aporte a la creación del departamento. Recibió medallas del municipio y de otras entidades y clubes.

Mayra fue una mujer convincente, con gran fuerza en los argumentos y una inteligencia práctica y aguda que adquirió a lo largo de su existencia, pero que acrecentó con sus vastas lecturas, afición de todos los días que recibió con la educación alemana y que la convirtió en poseedora de una buena biblioteca; su amor por los libros la hizo una gran formadora, primero en su hogar con sus hijos y desde luego en los ámbitos sociales por donde actuaba su mano bienhechora.

Su vida fue símbolo de lucha constante, muy activa en sus obras sociales, no era ajena a la pintura que desarrolló en sus últimos años, a la poesía que conocía y leía con frecuencia, en suma, una notoria espiritualidad para la época con una lucidez excelsa que la hacía productiva y servicial.

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Caminamos fieles a la memoria, con su hijos Mauricio y María Isabel en el bello sector de Murillo; los recuerdos agolpan y la imagen de Mayra Vélez Uribe se proyecta como la señora que fue superior a su tiempo, que nunca dejó de servirle al prójimo, al más necesitado y que siempre fue fiel a su lema que ganar la vida luchando, aquí entre los seres humanos.

Sin ser ajena a la actividad política, Mayra entregó su vida al servicio social, y la región debe estar orgullosa, del magnífico aporte vital de su vida y de su obras, casi todas realizadas en silencio, además de la formación de su bella familia, orgullo del Quindío y de Colombia.

Mayra Vélez Uribe es un símbolo maravilloso del viejo Quindío y de una época que se ha ido para siempre; con profunda admiración y regocijo, al conversar con su hija Ana Isabel, he sentido la presencia de la gran dama y de la señora amable y lúcida que supo vivir con plenitud en el pensamiento y en la acción; una mujer luchadora y vital que permanece entre nosotros, en la estela de sus hijos y sus parientes, en el recuerdo agradecido de sus conciudadanos.
 

Gabriel Echeverri González
ESPECIAL PARA LA CRÓNICA


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