Jueves, 09 Abr,2020
En profundidad / FEB 23 2020 / 1 month before

Me encontré en la vida con… Rafael Cárdenas Melo

Autor : Gabriel Echeverri González

Me encontré en la vida con… Rafael Cárdenas Melo

Rafael Cárdenas Melo cuenta con una de las mejores voces líricas de Colombia y es ejemplo de pulcritud y un ciudadano sin tacha.  

Brillante barítono de la ópera colombiana nacido en Bogotá el 8 de julio de 1941, sus padres Jorge Luis Antonio y Josefa, oriundos de Machetá, Cundinamarca, trabajadores del campo que emigraron al Quindío, cuando Rafael tenía cinco años; del hogar nacieron además, dos hermanos: Eloísa y Arturo.

Cursó sus estudios primarios en la escuela Santander y hasta ahí le alcanzó la formación escolar, después de esos años por su propia cuenta se fue formando como autodidacta, alcanzando altos niveles en música y en cultura general.

Contrajo matrimonio el 29 de julio de 1968 con la distinguida periodista Libia Zuleta Gómez, ya fallecida, directora por varios años de Ecos del Quindío, periódico de buena circulación y amena información; de la unión tuvo una hija: Magda Milena, abogada funcionaria de la rama judicial.

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Indequi- Indumetal

Aprendió mecánica gracias a la colaboración de Alfonso Miller, primero en Instalaciones Mecánicas del Quindío, Indequi, y más tarde en Industrias Metálicas del Quindío, Indumetal, durante ocho años y medio, terminando esta etapa laboral como jefe de personal de la empresa.

Más tarde, fue gerente de la fábrica de tornillos Torcol, durante tres años. Después montó su propia empresa Industrias Armenia, Imar, de corta duración.


¡Usted es un tenor!

En forma accidental Cárdenas se encontró un grupo de miembros del Conservatorio de Música y sorprendido por la tarea que realizaban, decidió un día acudir donde su director el afamado Gonzalo Hincapié; sin ninguna idea de lo que eso significaba, obedeció las primeras órdenes del maestro de pararse al pie del piano, comprar un cuaderno de pentagrama y consignar treinta pesos para la matrícula. 

A los tres meses comenzó a salir la maravillosa voz, gracias a la disciplina que imponía el maestro y el avance significativo en el aprendizaje musical de un mecánico, convertido por coraje y tesón en un cantor lírico de primera línea.

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Academia Santa Cecilia

Al languidecer el conservatorio, Gonzalo Hincapié y su esposa, la notable musicóloga italiana doña Rina Silva, crearon esta importante academia de música, que prestó invaluables servicios a la vida cultural de la región; por su espaciosa casa desfilaron los futuros artistas que darían renombre al Quindío: Jorge López Palacio, Bernardo Sánchez, José Valencia, Héctor Aristizábal y Rafael Cárdenas, para solo mencionar algunos nombres.

La academia educó en música a muchas personas aficionadas y propició conciertos en su sede y en los municipios del departamento.


Fundación amigos del arte

Animada por el abogado y juez Silvio Saldarriaga, ya fallecido, su presencia en el mundo artístico irrigó colaboración y apoyo a artistas como Rafael Cárdenas; en una reunión organizada por Saldarriaga en la sala de música Giuseppe Verdi, con la presencia de la notable cantante Carmiña Gallo y su esposo Alberto Upegui, responsable del teatro Colón, como parte de la audición musical lo escucharon cantar Granada, desde luego quedaron atónitos al oír semejante vozarrón, al final lo invitaron a viajar a Bogotá; no lo hizo en ese momento y un año después previa convocatoria, aceptó concursar.


Ópera de Colombia

Tiene hitos históricos que se remontan a la primera mitad del siglo XIX con fragmentos musicales de compañías españolas que se movían principalmente por el río Magdalena; avanzando el siglo XX se registró el arribo del tenor y músico italiano Orestes Sindici, famoso por ser autor de la música del himno nacional.

Un fenómeno aislado en los años cuarenta fue el tenor Carlos Julio Ramírez, quien muy joven hizo parte de la Compañía de Ópera del teatro Colón de Buenos Aires.

La conformación de una compañía estable vino en 1976 —en el gobierno de Alfonso López Michelsen— cuando Gloria Zea, directora de Colcultura, secundada por Alberto Upequi y Hjalmar de Greiff, dio inicio a la Ópera de Colombia, que debutó el 20 de agosto de ese año.

Allí llegó Rafael Cárdenas, primero en los coros del maestro Charles Gabor y enseguida en la ópera propiamente, como barítono brillante en el Barbero de Sevilla, en el papel de Fiorelo; como Comisario Imperial en Madame Butterfly; como el Marulo en Rigoleto; en Carmen en el coro; en Tosca, como el hermano de Tosca y en otras obras, para completar ocho temporadas estupendas, que el maestro compartió con su oficio de almacenista de la ópera de 1976 hasta 1984. Es digno de recordar que a la ópera también se vinculó el notable Bernardo Sánchez, oriundo de Calarcá, y el maravilloso barítono y cantante Gerardo Arellano Becerra, muerto en el famoso avión de Avianca derribado por la mafia.

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Ópera de Cali

Durante los años 1984 y 1985 fue llamado por la reconocida artista Zoraida Salazar a integrar el equipo de Cali, de corta duración.


La música siempre

Con su antiguo compañero de la academia Santa Cecilia, Ernesto Riveros, notable guitarrista, conformó un dueto, interpretando ritmos colombianos, boleros y aires de serenatas y tenidas, a pesar que su antiguo maestro Gonzalo Hincapié le había pedido que no se saliera de la música lírica; lo hizo cuando la ópera había concluido su tarea y no contaba con más apoyos. En algunas oportunidades se ampliaba a trío, incluyendo a Orlando Riveros. De todas maneras conservaba su taller de mecánica, que todavía es su actividad laboral para el sustento de su familia.


¡Señor hazme instrumento de tu doctrina y muéstrame el camino!

Esta imprecación que hizo como propia desde su niñez, se ha cumplido en el camino del humilde campesino, que con solo cinco años de estudios primarios, avanzó en su trabajo sin saber que contaba con una de las mejores voces líricas de Colombia; gracias al descubrimiento del maestro Hincapié, su vida dio un giro sorprendente y lo llevó a la cima del canto culto, una de las mejores voces de la ópera.

Rafael Cárdenas Melo es un ejemplo vivo de superación personal, gracias a su dedicación permanente al trabajo y a la perseverancia para forjar su carrera; humilde al exceso, excelente esposo y buen padre, alcanzó su máxima distinción en el canto lírico, pero mantiene su condición de trabajador incansable en su vida diaria, un homenaje a sus padres campesinos colonos de Cundinamarca, en nuestra tierras.

Conozco a Rafael hace años y lo aprecio con mucho afecto, consigno su bella estela vital, como un ejemplo de pulcritud y como un ciudadano sin tacha. Como una realización personal simple, sin vanidades ni imposturas.


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