Inicio / Ciencia y Tecnología / JUL 05 2020 / 4 semanas antes

Mitos acerca de la tecnología 5G

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Autor : Diego Arias Serna

Mitos acerca de la tecnología 5G

La radiografía tomada con un equipo de rayos X es clave para que el médico dé un acertado diagnóstico del paciente. El aparato funciona con radiación ionizante controlada.

Por qué hay tantos temores con algunos avances tecnológicos, si varios sistemas de diagnóstico médico usan equipos con alto campo magnético y señales con alta frecuencia.

En la primera entrega de este artículo del pasado domingo, resaltaba que nosotros vivíamos rodeados de ondas electromagnéticas y que el Sol emite un espectro amplio de esas señales, y parte de ellas tenían frecuencias superiores a la usadas en la tecnología 5G, como la luz blanca del Sol. Entonces, podemos afirmar que nuestro organismo se adaptó a este fenómeno natural y es capaz de soportar dosis de radiación electromagnética sin que nuestra salud se vea afectada. También se afirmó que sin esa radiación solar la vida hubiese sido imposible.  

Pero no solo del Sol nos llega radiación electromagnética, ya que dichas ondas igualmente vienen de las estrellas, diferentes al astro rey, es decir, estamos bombardeados de radiación cósmica. Para superar los miedos de la tecnología 5G, hay que decir, además, que estamos irradiados tanto por el mundo exterior como por nuestro propio cuerpo. Así mismo, ciertos alimentos y el agua que ingerimos todos los días, irradian pequeñas cantidades. Por lo tanto, se debe aclarar cuándo son peligrosas las ondas electromagnéticas naturales —como las del Sol— y si las artificiales —las usadas en telecomunicaciones— lo son. 

Estudiar el efecto sobre la salud de las ondas electromagnéticas implica clasificarlas en 2 campos: ionizantes y no ionizantes, siendo la interacción del material biológico —en este caso nuestro cuerpo— con estas señales, lo que determina los daños que puedan acarrear. A frecuencias muy altas como las de la luz ultravioleta —UV—, entre 10 elevado a la 15 y 10 elevado a la 17 hertz —Hz— y los rayos X, entre 10 elevado a la 17 y 10 elevado a la 20 Hz, frecuencias muy superiores a las usadas en la tecnología 5G, pero con suficiente energía como para afectar la salud, como es el caso de los campos ionizantes.  

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El problema que plantea esta radiación ionizante, cuando interacciona con los tejidos de los seres vivos, es que puede llegar a romper los enlaces químicos modificando la estructura de las cadenas de átomos, alteraciones que pueden ser perjudiciales si afectan a la estructura de nuestras células, especialmente a la molécula del ácido desoxirribonucleico —ADN— que se encuentra en el núcleo celular. A diferencia de la radiación ionizante, la no ionizante no tiene la energía necesaria para romper los enlaces químicos de la materia con la que interacciona. 
 

La radiación no ionizante es inofensiva para la salud

Los estudios científicos realizados hasta ahora con el propósito de determinar si la radiación no ionizante también podría tener algún efecto perjudicial para nuestra salud, solo han logrado constatar un incremento leve de la temperatura de los tejidos irradiados. Por esta razón, hasta ahora no hay ningún indicio tangible que refleje que esta última forma de radiación tenga un impacto negativo en nuestra salud.

Por fortuna, buena parte de la radiación con la que convivimos a diario es no ionizante, tales como las ondas electromagnéticas que transportan las señales de radio y televisión; igualmente, las conexiones Wifi y de telefonía móvil, las microondas y la luz visible son formas de radiación no ionizante.

Pero como ha sido habitual con todo avance tecnológico, siempre aparecen los informes sensacionalistas que señalan los supuestos peligros para la salud. Recordemos que así sucedió con la corriente alterna descubierta por Nicola Tesla. Para ilustrar este tipo de publicaciones, acudo al texto Bioelectromagnetismo: Campos eléctricos y magnéticos y seres vivos, escrito por el doctor en física de la Universidad Autónoma de Madrid, Miguel Aguilar Gutiérrez, y publicado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España. 

Allí expresa: “El comienzo de la preocupación a nivel de alarma social por el efecto de los campos electromagnéticos fue una serie de artículos sensacionalistas escritos en el New Yorker por Paul Brodeur en 1989. El primer estudio estaba basado en el estudio epidemiológico realizado por Nancy Wertheimer y De Leeper en 1979 sobre un porcentaje anormalmente alto de niños que morían de leucemia en Denver —Colorado EE. UU.— y que vivían cerca de las líneas de alta tensión, y en el ‘descubrimiento’ por el propio Brodeur de un ‘brote’ de casos de cáncer en una calle muy pequeña que contenía una subestación eléctrica en la ciudad de Guilford Connecticut, EE. UU.”.
 

¿Hasta los computadores son peligrosos?

Agrega el experto en física: “En artículos posteriores, Brodeur advierte del ‘riesgo’ de usar las pantallas de ordenador y televisores por ser peligrosas para la salud. Finalmente, publicó un libro cuyo título era realmente provocador y alarmista: Corrientes de la muerte: Las líneas de electricidad, terminales de ordenador y el intento de cubrir su amenaza para la salud. El recurso a la conspiración de silencio y encubrimientos, como en el caso de los Ovnis, dio sus frutos”.

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Señala que “el resultado fue la alarma social que se extendió a todo el mundo. Reporteros sensacionalistas —y Hollywood con algunas películas— y científicos mal informados han contribuido en todo el mundo a dar una imagen absolutamente distorsionada de la interacción de los campos electromagnéticos con los seres vivos y a una creencia irracional en una relación de dichos campos con distintos tipos de cáncer”. 

Aguilar también expresa en su texto que el libro de Brodeur ha causado tanto impacto que la revista Scientific American, en abril de 1990, le dedicó un artículo para desenmascararlo. Así mismo, el Comité sobre Radiación de EE. UU. publicó en 1991 un documento explicativo exponiendo los errores de Brodeur. Ya nos podemos imaginar el efecto social, con la desinformación que vemos todos los días en la red, de los daños a la salud de la tecnología 5G.   
 

¿De qué debemos protegernos?               

Para finalizar, hay que decir que la radiación ionizante, además de alterar directamente la molécula de ADN, puede ionizar otras moléculas de la célula, por ejemplo, las de agua, dando lugar a la aparición de los radicales libres. Estas últimas moléculas también pueden interaccionar con el ADN dañándolo e impidiendo el correcto funcionamiento celular. Sin embargo, las células de nuestro organismo pueden recurrir a la apoptosis para programar su muerte y evitar que su malfuncionamiento dañe nuestra salud. De esa manera, se evitaría una posible replicación indiscriminada que daría lugar a la aparición del cáncer. 

Posiblemente quienes le temen a la tecnología 5G, no se protegen de la radiación UV que nos llega del Sol, y que si no hay protección produce cáncer de piel. También el exceso de horas frente a las pantallas del TV, el computador y los celulares afecta tanto la salud corporal como la mental, pero no es por las ondas electromagnéticas que como una telaraña nos tiene atrapados. Igualmente es sano recordar que en los equipos médicos, algunos utilizan alto voltaje como el desfibrilador, usado en la activación de una parálisis del corazón, o alta frecuencia como los rayos X. 

 


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