Domingo, 15 Dic,2019
En profundidad / FEB 17 2019 / hace 9 meses

Muchos gobiernos contribuyen a la pobreza

Muchos gobiernos contribuyen a la pobreza

Las mujeres Wayuu lloran la muerte de niños de su comunidad. Como lo informó el periódico El Heraldo el 15 de octubre de 2018, en los últimos 8 años han muerto 4.770 por desnutrición.

“Tengo un sueño, un solo sueño, seguir soñando. Soñar con la libertad, soñar con la justicia, soñar con la igualdad y ojalá ya no tuviera necesidad de soñarlas”: Marthin Luther King.

El acto de gobernar debe ser tal que sociedad, medioambiente, educación, cultura, economía, empleo, libertad, autoridad, etc. Deben armonizarse de tal forma que el conjunto de la comunidad esté satisfecho en sus necesidades básicas. Lograr ese gran objetivo para todas las personas, debiera ser el propósito de todo sistema de gobierno.

Pero no, el drama humano de millones de personas indica todo lo contrario. Y como los países en general, son pocas excepciones, son mal manejados, y los conflictos afloran por cualquier detalle o interés económico, o la idea alocada de un grupo de personas que aspira imponer su concepción de gobernar, su concepto de raza, su religión, su aspiración de extender sus territorios, imponer el negocio de las armas, controlar recursos naturales, etc. Esos aspectos en el siglo pasado generaron dos guerras mundiales, y del desastre surgió la Organización de las Naciones Unidas, ONU.

Uno de sus objetivos ha sido regular las relaciones entre los países, lo que no se ha logrado porque las potencias económicas no lo permiten. También imparte políticas para que las personas tengan una forma de vida digna, que están implícitas en sus necesidades básicas.

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Así que el 20 de febrero es el Día Mundial de la Justicia Social, porque en el ‘mejor’ de los mundos, se presentan muchas infamias. Cerca de mil millones de personas pasan hambre, mientras otros botan la comida lista para ser consumida. Son millones de familias que no poseen donde abrigarse y no reciben atención médica, carecen de agua potable, son víctimas de conflictos armados, los despojan de sus tierras, los hacinan en tugurios de ciudades, además, reciben una educación de pésima calidad y son forzados a emigrar.
 

Los recursos del planeta son cada vez más limitados

Como el mundo cambia, la justicia social debe contemplar otros componentes. Por ejemplo, los recursos del planeta, a diferencia de otras épocas, ya son limitados, por lo tanto, no es posible seguir consumiendo hasta el exceso de desperdiciar, peor aún cuando lo que se tiene es el desperdicio para la contaminación de la Tierra. El bienestar social no puede rimar con la degradación del agua, el aire, los mares, y la tala de bosques no se puede hacer al libre albedrío.

El concepto de justicia social, como lo dice la ONU, hace referencia a la necesidad de lograr un reparto equitativo de los bienes sociales, los grupos de la sociedad más desfavorecidos contar con oportunidades de desarrollo, los derechos humanos deben ser respetados y que no suceda lo que pasa en Colombia, que en solo 2018 fueron asesinados 172 líderes sociales, según datos de la Defensoría del Pueblo. Cada 48 horas del año pasado fue asesinada una persona que defendía los derechos humanos o era líder social, según lo dio a conocer esa entidad del Estado.

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Pero las ONG plantean que fueron cerca de trescientas las personas a quienes le quitaron la vida. Desde enero de 2016 hasta el 9 de enero de este año, fueron 438 asesinatos de líderes sociales y defensores de derechos Humanos. Son cifras que arroja esa defensoría, lo cual indica que en nuestro país no hay respeto por la vida, siendo un derecho fundamental. ¿Qué han dicho EE.UU. y la Comunidad Económica Europea sobre ello? Sus gobernantes parecen tener los ojos vendados. 

La ONU expresa: “La conmemoración del Día Mundial de la Justicia Social, busca apoyar la labor de la comunidad internacional encaminada a erradicar la pobreza y promover el empleo pleno y el trabajo decente, la igualdad entre los sexos y el acceso al bienestar social y la justicia social para todos”, agregando que la justicia social es un principio fundamental para la convivencia pacífica y próspera de los países y entre ellos. Para las Naciones Unidas, la búsqueda de la justicia social universal representa el núcleo de su misión en la promoción del desarrollo y la dignidad humana.
 

Las divisiones geopolíticas se están profundizando

Por otra parte, Antonio Guterres, secretario General, SG, de la ONU, en su mensaje de año nuevo refleja un planeta que gira ‘descarrilado’. El 30 de diciembre pasado expresó: “(…) Estos son tiempos de ansiedad para muchos y nuestro mundo está pasando por una prueba de estrés. El cambio climático se está ejecutando más rápido que nosotros. Las divisiones geopolíticas se están profundizando, haciendo que los conflictos sean más difíciles de resolver”.

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Añadió: “Un número récord de personas se están moviendo en busca de seguridad y protección. La desigualdad está creciendo. Las personas están cuestionando un mundo en el que un puñado de individuos posee la misma riqueza que la mitad de la humanidad. La intolerancia está aumentando. La confianza está en declive. Pero también hay razones para tener esperanza. (…). En las últimas semanas, las Naciones Unidas también supervisaron acuerdos mundiales sobre migración y refugiados que ayudarán a salvar vidas y superar mitos perjudiciales”.

El mensaje es claro, allí no hay una apología de la guerra, el SG está convencido de que los conflictos sociales se deben superar con el diálogo y que los enfrentamientos armados, como siempre, afectan a la población más pobre y la injusticia se agudiza. Algunos ricos hacen sus negocios que hay detrás de las conflagraciones desde los clubes sociales e infortunadamente en los espacios de instituciones gubernamentales.
 

Convivencia pacífica y justicia social 

La convivencia pacífica es clave para que la justicia social esté presente tanto entre las naciones, así como al interior de ellas. También hay prosperidad para todos cuando se promueve la igualdad de género, se respetan las diferencias sexuales, los derechos de los grupos aborígenes, hay solidaridad con los migrantes y se apoya a los mal llamados discapacitados, permitiéndoles desarrollar sus potencialidades y que sean útiles a la familia y a la sociedad. 

La crisis que vive la humanidad por la desigualdad social, tiene sus raíces en gobiernos amparados por poderes económicos, que a su vez reciben la favorabilidad de los mandatarios. Mario Bunge, físico y filósofo argentino en su libro: “Filosofía política: Solidaridad, Cooperación y Democracia Integral”, primera edición en 2009, nos enseña: “Cuando se anunció la crisis económica actual, el superbanquero norteamericano Alan Greenspan se declaró sorprendido, porque la filosofía política que había aprendido de su mentora, la novelista y filósofa pop Ayn Rand, afirmaba que el capitalismo es el orden social natural, ya que responde al egoísmo propio de la naturaleza humana”.

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Luego resaltó: “(…) Greenspan tuvo la honestidad de admitir que se había equivocado; pero persistió en su creencia de que la situación actual se repetiría indefinidamente debido a las incorregibles fallas humanas. (…). Poco después de anunciarse la crisis, los presidentes Bush y Sarkozy, y los primeros ministros Brown y Merkel, anunciaron el fin del laissez-faire, y el comienzo de una política de salvamento”.

 

Democracia y capitalismo son incompatibles

En una sección del libro que Bunge tituló: Instituciones suicidas: la democracia y el capitalismo, enunció: “El financiero y filántropo Georges Soros (1998) advirtió que el capitalismo global no regulado se encuentra en graves problemas y que, además, pone en peligro a la sociedad abierta (democrática y progresista). El economista y socioeconomista Joseph Schumpeter (1950), el sociólogo Benjamín Barber (1984) y el filósofo del derecho y filosofía moral Ernesto Garzón-Valdés (2000) han ido aún más lejos”.

Agregó: “Y el mercado es suicida por dos razones. Una es que los hombres de negocios odian la competencia, ya que esta puede resultarles ruinosa y, en consecuencia, tienden a organizar oligopolios o monopolios, los cuales, para comenzar, aniquilan toda libre empresa que pueda haber nacido. La otra razón es que, al aumentar la productividad, la tecnología elimina puestos de trabajo, lo cual deprime el consumo; lo cual desalienta la inversión; lo cual, a su vez, elimina puestos de trabajo y así sucesivamente”. 

Concluyó: “Echemos un rápido vistazo a seis características del suicidio capitalista: la degradación ambiental, los enormes excedentes, el surgimiento de la industria del desastre, la mengua de ciertos derechos de propiedad, el desempleo crónico y la realización de guerras neocoloniales y de recursos”. Así que el “Día Mundial de la Justicia Social” pasa por el meridiano de quienes gobiernan. Son los gobernantes quienes deben evitar la propagación de tanta desigualdad social y formular mecanismos que permitan el estado de bienestar de las personas y el planeta. 
 

Diego Arias Serna (*)
Profesor-investigador universidad del Quindío
[email protected]
[email protected]
Especial para LA CRÓNICA


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