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En profundidad / MAR 06 2018 / Hace 8 Meses

Mujeres: entre el acoso sexual y los techos de cristal

Escándalos a nivel nacional y local que hacen un llamado a la manera en que se considera a la mujer hoy. ¿Continúa el machismo y abuso de poder?

Mujeres: entre el acoso sexual y los techos de cristal

No son pocas las mujeres en este país de machistas, que han sido acosadas sexualmente. / Pixabay

No deja de sorprendernos el escándalo que tuvo resonancia en el cual el comandante de Policía Quindío, coronel Ricardo Suárez Laguna, fue acusado ante la Fiscalía por el supuesto delito de acoso sexual, por la subordinada Natalia Andrea Rodríguez Cifuentes, quien se desempeñó en 2016 como asesora jurídica de esa institución, que coincide con el escándalo de violación por uno de los hombres más poderosos de este país. (Lea: C. Ricardo Suárez Laguna, denunciado por acoso sexual, dijo que autoridades llegarán a la verdad)

Dos caras de una misma moneda, uno de acoso y otro de violación que conducen a la misma idea equivocada, preestablecida y machista de que las mujeres somos inferiores para algunos hombres con poder y en consecuencia nos pueden acosar sexualmente y hasta violar.
 

Casos comunes

Dichos hechos constituyen el resultado de haber naturalizado ese comportamiento de hombres egocéntricos con poder, que por ser jerarquizados de manera vertical, tratan a las mujeres por más respetables que sean, como objetos de sus deseos, con la falsa idea de que las mujeres no se les pueden resistir a sus poderes. Estos no han entendido que las dinámicas del mundo están cambiando.

Las mujeres hoy están reconociendo que callar no es una solución y que por el contrario, en el país existe una legislación que respalda a las mujeres como la Ley 1010 de 2006 que advierte que el acoso sexual de los trabajadores está prohibido por la ley y que el empleador tiene la obligación de adoptar medidas preventivas y correctivas para hacer frente a problemas de acoso en el lugar de trabajo.

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De igual forma, esta ley define el acoso como una conducta permanente y demostrable adoptada contra un empleado por parte de un compañero de trabajo, superior o jefe, con el propósito de generar miedo, intimidación, terror y angustia, o de inducir la renuncia de ese empleado. El acoso incluye generalmente cualquier conducta capaz de ofender o amenazar la dignidad, la vida, la integridad física o la libertad sexual.

Así que no son pocas las mujeres en este país de machistas, que han sido acosadas sexualmente por sus jefes, profesores, parientes o compañeros de trabajo y es todavía muy bajo el número de organizaciones e instituciones que han adoptado medidas internas para sancionar severamente este tipo de conductas inadecuadas, en donde ni siquiera los grupos subversivos que parecían ser más horizontales, sus mujeres pudieron escaparse del acoso y de los demás delitos sexuales, es toda una patología de nuestra sociedad que parece no haber aprendido a respetar a sus mujeres.

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El artículo 29 de la ley 1257 de 2008, incluyó el acoso sexual en el código penal como un delito que puede dejar penas hasta de 3 años de prisión

La conducta debe determinar a través de material probatorio que existe una condición de predominante entre el victimario y la afectada, que se aproveche de su condición económica, laboral, social y familiar.

No es salamería de las mujeres, ni un problema de confusión como dijo Antonio Caballero en su desafortunada columna del 12 de diciembre de 2017, cuando advierte: “Pero no hay que exagerar. Proponer un masaje puede ser de mal gusto, pero no es una agresión sexual. Coger una rodilla por debajo de la mesa puede ser de mala educación, pero no es un acoso machista —ni feminista—. Tratar de dar un beso en la boca sin haber sido invitado puede ser una impertinencia, pero no es un empalamiento. Palmotear una mano, echar una mirada libidinosa, no son actitudes criminales. Hay que guardar las proporciones. Eso es lo normal: como las danzas nupciales que hacen algunos pájaros”.

El acoso sexual se caracteriza principalmente porque hay de por medio una relación de poder —jefe-subordinada— y buscan abusar de la víctima para obtener favores sexuales. Los tocamientos no deseados, comentarios sexuales, entre otros, no solo son incómodos en medio de una relación de poder, sino poco éticos y representan una clara coacción a la libertad personal.
 

Los Techos de cristal

Miles de mujeres en el mundo han tenido que renunciar a sus exitosas carreras, que no les permiten avanzar y romper lo que los estudios de género denominan ‘Techos de cristal’ para referirse a los obstáculos que tienen las mujeres para lograr el ascenso laboral y acceder a cargos directivos. Es la forma de interpretar simbólicamente esa superficie superior que permite a las mujeres mirar hacia arriba pero que les impide traspasarla, está construido sobre la base de rasgos que son difíciles de detectar, por eso no se ve, y a las que se les agrega el acoso sexual como otra barrera para continuar adelante con su meteórico ascenso, por temor al desprestigio personal y al ostracismo profesional, como ocurrió con la exreina de belleza y abogada Astrid Helena Cristancho, secretaria privada del defensor del Pueblo en 2016, Jorge Armando Otálora, denunciado por acoso sexual y laboral.

Por eso en Colombia ese delito es más común de lo que se piensa y se vuelve noticia simplemente cuando se denuncia, por el temor de las mujeres a las retaliaciones de los poderosos.

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La pregunta es ¿qué pasa con una subalterna que denuncia a su jefe comandante de la Policía por acoso sexual?, muy sencillo: no va a lograr ascender laboralmente y siempre será cambiada de lugar de trabajo o destinada a tareas menores para hacerla aburrir y obligarla finalmente a renunciar y a que se calle, eso mismo le pasará a cualquier mujer en el lugar de trabajo y en las mismas circunstancias.

La Fiscalía tiene registros de denuncias y casos investigados a partir de 2008, cuando el acoso se convirtió en delito

Hay una cifra general que deja al menos 11.098 casos, de los cuales 6.000 se encuentran inactivos. Víctimas que no se acercaron más a la Fiscalía o que desistieron de las agresiones sin informar a las autoridades. 

Las cifras aumentan, según los investigadores de la Fiscalía, en la medida que los casos se conocen más. De cuatro denuncias en 2008 se pasó a 1.656 en 2017, más de cuatro casos diarios. Menos mal, las estrellas de Hollywood llamaron la atención en todo el planeta y dejaron en claro a través de la campaña “Me too” que hasta aquí llegaron esos poderosos que basaban su poder y su éxito en el acoso y el chantaje a las mujeres.

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Todo esto nos obliga a pensar en la necesidad de establecer en todas las instituciones públicas y privadas una ruta de atención y se incorpore al código de conducta o al de convivencia que prevenga el acoso sexual y las violaciones contra las mujeres y les garantice su derecho fundamental a estar y vivir en ambientes seguros. ¡Que tiemblen los acosadores y violadores de mujeres! ¡No más silencio!


Betty Martínez Salazar
Docente e investigadora.
Especial para LA CRÓNICA


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