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En profundidad / OCT 06 2019 / hace 1 mes

Muy pocas mujeres suben al podio de los Premios Nobel

“Nada en la vida es para ser temido, es solo para ser comprendido. Ahora, es el momento de entender más, de modo que podamos temer menos”: Marie Curie.

Muy pocas mujeres suben al podio de los Premios Nobel

Desde que Marie Curie ganó los Nobel de Física en 1903 y el de Química en 1911, tanto en el siglo XX como en el XXI, la presencia de la mujer en Estocolmo y Oslo, donde reciben el galardón, sigue siendo exigua.

Octubre es el mes de los laureados, de quienes han dedicado su vida a la investigación en ciencias naturales, economía, literatura y la paz. Aunque la mujer, a pesar del aislamiento a que ha sido sometida a lo largo de la historia, se ha interesado por el saber y la indagación, siendo hasta ‘apaleadas’, por el solo hecho de dedicarse a la ciencia, como fue el caso de Hypatia de Alejandría quien vivió alrededor del 400 después de nuestra era y fue considerada por muchos la primera mujer científica de la historia.

En los nuevos tiempos la situación no ha mejorado y ellas siguen siendo miradas con desdén por los hombres. Desde que Marie Curie ganó los Nobel de Física en 1903 y el de Química en 1911, tanto en el siglo XX como en el XXI, la presencia de la mujer en Estocolmo y Oslo, donde reciben el galardón, sigue siendo exigua, teniendo en cuenta que hasta el 2017 el premio ha sido entregado 844 a hombres y 49 mujeres. El año pasado solo una de ellas fue laureada: Donna Strickland, quien compartió el Nobel de Física con Gérard Albert Mourou y Arthur Ashkin.

Ese ‘desierto’ del sexo femenino, premiadas con el mayor diploma científico, tan manifiesto en el siglo pasado, sigue revelándose en el actual. Los datos lo indican: En Física hasta el 2017 lo ganaron 205 varones y solo dos mujeres; por eso Strickland fue muy nombrada en 2018, porque recibió el tercer Nobel de Física. En Química el fenómeno sigue casi igual: 174 varones y apenas 4 mujeres

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Ese ausentismo de mujeres Nobel ha tenido como antecedente que en varios años han sido promocionadas como candidatas. Así que no es porque no hubiera científicas. Para el Nobel de Medicina y Fisiología estaban de favoritas: Arlene Sharpe de la Escuela de Medicina de Harvard EE UU, por sus trabajos para aprovechar las propias defensas del cuerpo humano para combatir el cáncer, así como Emmanuelle Charpentier de Francia y Jennifer Doudna, de EE.UU. por desarrollar la técnica de edición genética, que promete salvar millones de vidas con su importante propuesta de manipulación del ADN. 

Otra Física también fue excluida: Lene Vestergaard Hau, de Dinamarca, quien investiga en un laboratorio en Harvard. Ella estaba en el ‘sonajero’ por sus trabajos para frenar la velocidad de un rayo de luz hasta los 17 metros por segundo. La Química, área del conocimiento que tiene un buen número de mujeres que estudian, investigan o trabajan, también se ha sentido desfavorecida. Eso pasó con Carolyn Bertozzi, de la universidad de Stanford, EE.UU. Ella figuraba como candidata por sus investigaciones que permiten la comunicación entre las células, aspecto importante para entender procesos como el cáncer.


A una colombiana le aplazaron el Nobel

Hasta la colombiana Nubia Muñoz se quedó esperando el Nobel. Ella fue propuesta en 2008 por la Asociación Internacional de Epidemiología como candidata, pero tres varones frustraron su aspiración, cuando se anunció que el Premio Nobel de Medicina y Fisiología era para el alemán Harald zur Hausen y los franceses Francoise Barré-Sinoussi y Luc Montagnier

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Ella investigó sobre el virus del papiloma humano y estableció que era la causa principal del cáncer de cuello uterino, enfermedad que provoca la muerte de medio millón de mujeres cada año. Por eso para los expertos no había duda de que el Premio Nobel era también para ella. Los galardonados lo lograron por el descubrimiento del virus del sida y el cáncer del cuello de útero.  

Algunas científicas se fueron “al más allá” a ver si allí les llegaba tan anhelada presea. Eso pasó con la astrónoma de EE.UU. Vera Rubin, quien aportó la primera prueba de la existencia de la materia oscura. 

Murió en diciembre de 2016 a los 88 años. Asimismo, Deborah Jin de EE.UU. quien con solo 47 años murió esperando viajar a Estocolmo. Sonó con el Nobel de Física por sus importantes investigaciones sobre las propiedades de la materia a temperaturas muy bajas, cercanas a cero kelvin.  

En 2017 feneció Mildred Dresselhaus, con 86 años, ingeniera de EE.UU. muy  conocida en la ciencia del carbón, siendo pionera en el estudio de las propiedades electrónicas de los materiales. Otras científicas fueron ignoradas siendo la lista larga. Citando unas pocas hay que recordar a Ida Tacke —1896 – 1978—, investigadora alemana a quien se le deben grandes progresos, no solo en el campo de la química sino también en la física atómica.

A ella se le atribuye el descubrimiento del reino y del masurium, elementos químicos que Dmitri Mendeleev predijo. Sin embargo, el descubrimiento del segundo elemento, conocido luego con el nombre de tecnecio se le atribuye a Carlo Perrier y Emilio Segrè, Nobel de Física en 1959 porque descubrió el antiprotón. A Tacke también se le considera como la primera persona en haber pensado en la posibilidad de la fusión nuclear.  

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Lise Meitner, otra ignorada

Otra gran ignorada por la comunidad de científicos fue Lise Meitner —1878 – 1968—. 

La física austriaca tuvo un papel sobresaliente en la investigación nuclear, especialmente en el descubrimiento de la fisión del núcleo, cuando el núcleo del átomo se divide en dos. 

Pero le dieron el Nobel de Química a su compañero de investigación Otto Hahn en 1944. Para muchos historiadores de la ciencia e investigadores, ese Nobel debió ser compartido con Meitner.  

Otra mujer grande en el mundo de la ciencia y que también ignoraron, fue Emmy Noether —1882- 1935—. 

El teorema que lleva su nombre cumplió 100 años en 2015, y lo que con él formulo fascinó a grandes mentes del siglo XX, porque revela la íntima conexión entre las simetrías de la naturaleza y las leyes fundamentales de la física. 

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El teorema es sencillo y profundo, pudiéndose aplicar a la física teórica, tanto a la teoría cuántica de campos como a problemas básicos de mecánica clásica.

El teorema fue su primer trabajo al llegar al departamento de matemáticas de la universidad de Gotinga en 1915, donde no podía impartir clases, porque era mujer

Tanto ayer como hoy, las barreras de género han sido muy manifiestas. Noether, para seguir los pasos de su padre, un gran matemático alemán, tuvo que asistir como oyente a las clases en la universidad, que a principios del siglo XX aún no las aceptaba oficialmente.

Por todo lo que pasó con ella, Einstein escribió un obituario en su honor en The New York Times, en el cual la definió como “la genio creativa de las matemáticas más significativa desde que comenzó la educación superior para las mujeres”. 


Científicos, también machistas y xenófobos

Ganar un Nobel no significa que los científicos sean personas respetuosas; el conocimiento no da prudencia, Por eso, algunos Nobel salen con unas perlas que, en vez de brillar, degradan la imagen. Por ejemplo, James Watson Nobel de Medicina 1962, compartido con Francis Crick y Maurice Wilkins, por el descubrimiento de la estructura de doble hélice del ADN, perdió títulos honoríficos por comentarios racistas. Sin ningún pudor, hace unos pocos años hizo comentarios xenófobos en los que asociaba raza con inteligencia. 

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En un comunicado titulado American Masters: Decoding Watson y emitido por la cadena PBS, la sociedad científica deploró sus declaraciones, en las que insistía en relacionar etnias e inteligencia, afirmando que las diferencias en el cociente intelectual entre los caucásicos y otras razas estaban reflejadas en el ADN. Por esos comentarios absurdos, Watson perdió los títulos de rector emérito, profesor emérito y consejero honorario que le había otorgado el laboratorio Cold Spring Harbor —CSHL— de Nueva York.

Para acabar de llenar la copa de pésimas declaraciones, otro Nobel, Tim Hunt, fue criticado duramente por sus comentarios desdeñosos sobre las mujeres científicas. El revuelo que ello suscitó, reavivó el debate sobre qué lugar ocupan las mujeres en la comunidad científica. En 2001, Hunt compartió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina con Leland H. Hartwell y Paul M. Nurse, por sus descubrimientos relativos al papel de las ciclinas y las quinasas dependientes de ciclinas en el ciclo celular

Entonces, la inteligencia —en algunos casos— no sirve para compartir actividades científicas entre hombres y mujeres. ¿Acaso la historia no nos ha enseñado que ellas en la investigación son tan valiosas como los varones? 


Por Diego Arias Serna
Profesor-investigador universidad del Quindío
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