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Personajes cotidianos de Armenia que pasaron a ser cuentos cortos

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Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Personajes cotidianos de Armenia que pasaron a ser cuentos cortos

Cristian Andrés Ocampo Torres había escrito cuentos, pero este es su primer libro.

El gestor cultural y promotor de la lectura de Comfenalco Quindío, Cristian Andrés Ocampo Torres,  presentó su libro en la Filbo y en la Feria del Libro de Manizales. 

“Cuando por fin falleció, los transeúntes comprendieron que no se trataba de una estatua en un parque”. Ese pequeño relato, lleno de empatía y de dolor por un habitante de calle muerto en un andén, se titula escultura y es tan solo uno de los 100 cuentos hiperbreves que el promotor de lectura de Comfenalco Quindío, Cristian Andrés Ocampo Torres, condensó en su libro titulado Las luces de la ciudad. 

El joven, de 28 años de edad, reveló que su nuevo manuscrito, con una observación rigurosa de la cotidianidad de las calles de Armenia, surgió como producto de su trabajo de grado de la maestría en estética y creación de la Universidad Tecnológica de Pereira, UTP. 

En su investigación, Ocampo Torres se dedicó a seguir a esos personajes que en medio de nuestros afanes cotidianos se vuelven parte del paisaje de las urbes y que muchos los miran, pero pocas veces se detienen a observarlos con todos sus sentidos para generar reflexiones y cambios como sociedad sobre la vida, si es que se le puede llamar así, que llevan los habitantes de calle, las trabajadoras sexuales, los malabaristas que se rebuscan un sustento en los semáforos, los vendedores ambulantes y todos esos personajes que convierten la selva de cemento de la capital quindiana en su hogar. 

El escritor dialogó con LA CRÓNICA sobre la experiencia que tuvo al observar cuidadosamente a estos nómadas para plasmar sus pensamientos sobre ellos en pequeños cuentos, en los que ‘corremos el peligro’ de vernos reflejados.

¿Cómo le surgió la idea de escribir el libro Las luces de la ciudad? 

La maestría que empecé a cursar hace 2 años me permitía hacer un trabajo investigativo y otro creativo, pero iban ligados. Mi enfoque era mirar a Armenia como una superficie de inscripción de comportamientos estéticos. Ahí me dediqué a observar a los habitantes de calle, a las trabajadoras sexuales, a los vendedores ambulantes y a las personas que se paran en un semáforo a hacer malabares. A partir de todas estas percepciones que iba tomando de ellos, tuve la intención de hacer un trabajo fotográfico y otro escrito. En las diferentes exposiciones que hice mientras cursaba la maestría, los docentes me hicieron mejores comentarios por la escritura que por la fotografía, porque los cuentos eran sugestivos y llenos de ironía, entonces ahí decidí que el trabajo iba a ser un libro de cuentos hiperbreves que relataran todas esas impresiones que me daban estas personas al observarlas en distintos espacios de la ciudad.

Por ejemplo, hay uno que se llama Apatía y dice así: “Alcalde, ¿va a trabajar por los habitantes de la calle? Claro, el embellecimiento del espacio público es fundamental.

 

Vea también: El pequeño gigante de los cuentos en Quimbaya

 

¿Cómo fue el proceso para publicarlo? 

En septiembre del año pasado participé en 3 convocatorias de editoriales. En enero pasado recibí un correo en el cual me decían que me escogieron como ganador en la categoría de cuento. Para mí fue una sorpresa porque en Colombia no es muy común que las editoriales le apunten a publicar libros de cuentos hiperbreves. 

¿Cuándo fue publicado? 

A finales de marzo, cuando inició la pandemia. Estaba prevista una presentación en Bogotá y otra en Armenia, pero con la cuarentena se vinieron al piso esos eventos. 

Sin embargo, a finales de abril la editorial buscó las plataformas digitales para hacer una presentación virtual en la Feria del Libro de Bogotá y también en la de Manizales. 

¿Cuántos cuentos contiene el libro? 

Son 100 cuentos hiperbreves condensados en 127 páginas. Cada relato no pasa de una página y puede estar escrito en 10 o 20 palabras. 

¿Qué situaciones llamativas encontró en el proceso de investigación? 

Estaba interesado en observar de qué manera estos personajes se apropiaban de un lugar que no les pertenecía aparentemente, pero cuando hablamos de espacio público se supone que es de todos. Vemos que hay un planeador que construye una plaza, que es para que las personas se sienten y tengan un espacio con su familia. 

Pero de pronto el vendedor ambulante empieza a desarrollar una práctica completamente diferente, que no tiene nada que ver con la función que tenía prevista el planeador. 

Empecé a observar esos comportamientos de ellos con el entorno, esas gestualidades, esas posturas, como esas coreografías que hacen ante las personas que transitan la ciudad. Me daba cuenta de que esas personas eran ignoradas por la mayoría de ciudadanos que pasaban por allí porque tenemos en la mente el imaginario, el estigma de que ellos son malos o que los habitantes de calle son consumidores de estupefacientes. Esos prejuicios llevan a que le cerremos la ventanilla del carro al señor que se acerca a pedirnos una moneda o si percibimos que la persona huele feo nos vamos para otro lado. 

Pensé que sería muy bueno hacer una serie de cuentos de eso que me encontraba en la calle para confrontar al lector, eso creo que fue lo que logré, porque cuando mis compañeros me hacían observaciones sobre la escritura me decían que les había dado casi que una bofetada, porque muchos se veían reflejados en esas descripciones. Fue muy emotivo leer los cuentos en una clase y la docente que estaba ahí empezó a llorar y a decirme que le movían las fibras. Esas historias no solo suceden en Armenia, sino que son un reflejo de lo que pasa en muchas ciudades. 

¿Cómo pueden acceder al libro las personas interesadas? 

En la página digital de la editorial Nueve Editores encuentran el libro y lo pueden descargar gratis.  

¿Otros cuentos breves de ese libro que le quiera compartir a los lectores? 

Este se llama Heredera y dice así: “Después de 30 años trabajando en la calle quedó embarazada. Ahora tendría una prostituta”. 

Lo característico de estos cuentos hiperbreves es que uno tiene que ser muy preciso con las palabras y la idea es que el lector sea quien termine de construir la historia a partir de lo que está leyendo. Ese tipo de cuentos tienen un nombre que inventó el escritor de Calarcá, Umberto Senegal, quien creó la noción de cuento atómico y yo me regí a esa noción para elaborar esta serie de cuentos. 

Hay otro que se llama Desunión: “Tenía tan mal olor que hasta la calle decidió darle la espalda”.


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