Cultura / MAR 23 2020 / 2 months before

Quindío vive en su poesía

Autor : Linkterna

Quindío vive en su poesía

¿Se ha percatado que pocas veces el lenguaje —la forma en que latimos, construimos y padecemos la realidad— se ve en aprietos equivalentes a cuando se le pide definir las pulsiones humanas cardinales? 

En efecto, a la hora de responder qué son el amor, la muerte, el sexo, la fragilidad, la poesía, en la garganta de todos se forma un panal de abejas, dulce y violento. Tal vez no importe tanto qué es la poesía: a lo mejor lo importante sean la poesía y su efecto en el alma de cada quien. 

En esta segunda entrega de Linkterna, quisimos unirnos a la celebración del día mundial de la Poesía –por declaratoria de la Unesco el 21 de marzo de cada año se da dicha fiesta– con una muestra del trabajo de cuatro autores locales: dos hombres y dos mujeres.

Vea también: 
Para un aprendiz de poeta
 

Hay una mujer 

Por: Jorge Julio Echeverri


“En el aire hay siempre oculta 

Como una hoja en un árbol 

Una mujer” 

Jaime Sabines 
 

La que tras el tenue velo de su ventana, en la noche 

me deja sospechar la tersura de sus carnes rosadas 

su voluptuosa multitud de luces y de sombras. 

Sin saberlo ella, sin imaginarlo siquiera 

ha poblado el mundo en que vivo. 

He descubierto otra: una mujer 

tan cercana que uno no puede verla a simple vista, 

y a veces, ni siquiera percibe su aroma de floresta, 

su vestido de encajes, su lenguaje en desuso; 

pasa rozando apenas mi demencia. 

Pero siento que el pequeño tatuaje que divide su piel 

es como un remolino en el que se sumerge ineluctablemente 

el mundo en que vivo, 

porque el mundo en que vivo 

es un laberinto de espejos 

en el que sólo lo que sueño es pensable o posible. 

 

Y hay, quizás,  

esta mujer que todos dicen que existe, 

que todos nombran, recuerdan, aman, odian: 

esperamos encontrarla en una esquina, en el bar, 

en el insomnio de esas noches que nos fueron dadas 

para olvidarnos de la muerte. 

Es esta mujer, lo sé, una parte de mí que sobrevive, 

lejos para que la siga, y cerca para que la niegue, 

dentro para que la cubra y fuera para que la exhiba; 

esta es, supongo, esa mujer que a diario teje 

su chal y mi mortaja. 

 

Uno se pasa la vida imaginándolas, 

tratando de atraparlas en el canto de la mano y clavarlas  

con torcidos alfileres en la parte infiel de la memoria, 

para que perduren, para que no escapen, 

para que sean el botín de guerra, nuestra inmerecida recompensa 

(tal como el entomólogo hace con sus queridos bichos…). 

Uno hace el que las ama y a veces, de verdad, las ama. 

Uno hace que nos hieren, y a veces en verdad, nos matan… 

 

Sombras reflejadas

Por: Sara Mariane Herrera

Reflejo como gota insaciable,

necesidad de describirte,

caracol navegante de las aguas nocturnas.

Barco, de la profundidad abandonada regresas

cuando el gorrión de los días entona el canto sublime.

Burbuja paralela a la sombra,

estremecimiento de lo invisible 

en la quietud ignorada del detalle. 

Apacible ondulación de hojas danzantes,

brisa como pájaro 

en las desgastadas piedras. 
 

Escala de prioridades

Por: Juan Aurelio García Giraldo
 

En la ventanilla de atención al cliente

de mi entidad prestadora de salud

tienen prioridad las embarazadas

los ancianos, los sordomudos, los niños

los ciegos, los minusválidos.

No aparecen en cambio los ansiosos

los desesperados,

carecen de prioridad alguna los proscritos

los medicados

con prozac, rivotril y metadona

o los automedicados con cannabis

ácido lisérgico y metanfetaminas

o aquellos que de lejos ya huelen el formol

y prefieren no hacer filas

para dar prioridad a otros asuntos.

Aquellos, los que están

en la escala de los necesitados

en la escala de los preocupados

por el tamaño en días que tiene su futuro

son los que esperan.

Detrás de la fila de la gente VIP o prioritaria

a menudo está la inmóvil gente

que siempre está esperando.

La gente que está al margen y en silencio

y que a solas sin decirlo se retuerce

no suele renunciar a su camisa de fuerza

trajea su indignación o su ansiedad de tolerancia

a riesgo de que se le estalle la úlcera.

Otros más fruncen el ceño

mascullan para sí mismos las maldiciones

que su larga espera representa.

Es muy rara la vez que alguien estalla

nadie se le suele unir cuando lo hace

y jamás falta quién diga

que hay que internarlo

en definitiva

que está enfermo

grave



Ingratitud

Por: Shara Bueno

Tragarse la miseria para escupir la poesía,
“Porque nacimos ciegos ante la belleza”,
es lavarse las heridas con limón.

Partir con ilusión hacia lo desconocido,
conociendo que la ingratitud
viaja en la sangre de Latinoamérica.

Mal doblar los sueños en una maleta
para que no puedan respirar
y reportarlos como falsos positivos.

Lidiar con la angustia
nunca fue tan difícil
como sembrar esperanza en tierra ajena.


El vals de los artistas callejeros

Por: Ciro Andrés Pérez/ Estefanía Mosca T.

Es una tarde calurosa en el centro de la capital del Quindío. Al margen de cualquier ruta, nuestra vía predilecta es La Calle Real de Armenia, conocida como “La catorce”, cuyo recorrido inicia en el Parque Sucre y culmina en la Plaza Bolívar.  Nosotros, inmersos entre la multitud, esquivos ante los vendedores de trajes azul y rojo que ofertan la ropa de los almacenes, nos detenemos de cuando en cuando para apreciar las obras de los artistas callejeros, esto es, las tonadas, el cántico, las artesanías, los bailes o los colores impregnados en los distintos lienzos que se posan sobre los andenes. 

El espectáculo es variado. Justo en el centro de la calle está Cristian, oriundo de Medellín y pintor de horizontes naturales. A su lado se encuentra Andrés, un escultor que modela figuras de distinta índole. Cerca de ellos, está Edward, un joven que utiliza sombreros como lienzos para pintar aves exóticas y paisajes. Un poco más abajo, encontramos a Kuku, un hombre de túnica blanca que posa inmóvil sobre una plataforma. “Podemos hacerle unas preguntas”, le inquirimos. Pero él, concentrado en lo suyo, no contesta. Continuamos nuestro camino dejando a Kuku con su quietud y su mutismo.

Muchas de las artesanías que se dispersan por esta calle son hechas por mujeres que pertenecen a comunidades étnicas. Así, sentadas bajo la sombra de un almacén de zapatos, dos féminas pertenecientes a la comunidad Embera Chamí tejen collares de distintos colores. En ocasiones, varias de ellas y de sus hijos se reúnen en pequeñas hileras y danzan al son de alguna tonada popular.

En nuestro recorrido, nos encontramos con David Arenas, un joven de Ibagué que pulsa con pasión las notas del saxofón para interpretar algunas melodías del pop o del rock. Dice que su principal motivo para estar aquí es “compartir el arte y la cultura”. Seguimos contemplando la calle de trabajadores independientes. En aquel instante, atisbamos a Los Alegres del Ayer,  un grupo conformado por tres hombres de la tercera edad. Nos detenemos a escuchar la música popular que interpretan con la guitarra y el güiro.

Más allá, divisamos a dos jóvenes hermanos provenientes de Rusia. Uno de ellos tocaba las cuerdas del violín con fuerte resonancia y mientras su compañero una  guitarra. Un poco más abajo, presenciamos a una mujer que ha perdido la visión más no su voz delicada que interpreta baladas clásicas. Al frente nos encontramos con Robert David, un artista que toca las cuerdas del arpa. Finalizando la calle, un hombre afrodescendiente nos contagió con el pop de Michael Jackson y arrebató la atención de los citadinos por su habilidad corporal. 

Nos dirigimos hacia la Plaza Bolívar, un lugar entrañable por sus piezas arquitectónicas y sus murales. En el centro del lugar puede observarse una serie de pinturas que representan al agricultor de nuestra tierra. En el fondo puede apreciarse la estatua de un hombre que sostiene entre sus manos el cuerpo de una mujer, cuyo significado patrimonial es la fuerza y el trabajo de los cuyabros. 

Acaece la noche. Devolvemos nuestros pasos por esta calle de hombres y mujeres que han encontrado en el arte un oficio que permite no sólo entretener a la gente, sino también compensar las asimetrías sociales y el desempleo creciente que asola cada vez más a la población quindiana.

 


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