Inicio / Al descubierto / SEP 10 2020 / 2 semanas antes

Se ganó un ?Óscar? a la recursividad

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Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Se ganó un ‘Óscar’ a la recursividad

Esta es la historia de Óscar Johany Cartagena Bolívar, uno de los ruteros ejemplares que entrega el diario LA CRÓNICA a los suscriptores. 

Aunque el sevillano Óscar Johany Car-tagena Bolívar solo cursó hasta décimo de bachillerato, las ganas de progresar y de sacar a su familia adelante le han forjado el carácter y lo han llevado a ser muy creativo para rebuscarse la existencia en los escenarios en los que Dios lo ha puesto. “La mejor universidad es la de la vida”, aseguró,  porque para él los salones de clase siempre han sido reemplazados por el campo de acción. 

Lo suyo ha sido más de aprender viendo y haciendo, igual que los negociantes o campesinos de antaño, quienes eran sabios empíricos que jamás pasaron por un centro de estudios. Cartagena Bolívar ha sido como una esponja para absorber las enseñanzas que las situaciones vividas le han dejando. 

Él es uno de los 9 ruteros que a diario llevan los periódicos de LA CRÓNICA a los suscriptores. Todos los días a las 2 a. m. llega al área de circulación de este medio de comunicación regional para abastecerse del diario de los quindianos. 

Su recorrido en moto empieza por la vía que de Armenia lleva a Calarcá, donde va parando en diversas residencias y negocios para cumplir con su labor de dejar bajo las puertas las noticias frescas, recién salidas de las máquinas de impresión, para que el comerciante, el empresario, las amas de casa o cualquier ciudadano del común puedan estar actualizados de los sucesos que ocurren en los municipios quindianos. 

Su trayecto sigue por el corregimiento de Barcelona y llega hasta la localidad cordillerana de Córdoba. En un año que lleva cumpliendo esas labores, por una especie de magnetismo que ni él mismo puede explicar, 2 perros criollos le salen en distintos puntos de Calarcá para acompañarlo en un trayecto de su ruta, como si fueran sus ángeles guardianes de 4 patas. 

Y sí en algo se ha destacado Cartagena Bolívar es en ser muy recursivo para rendir en su trabajo y, de paso, generar admiración. El pasado domingo, cuando LA CRÓNICA entregaba a sus lectores un especial periodístico de 108 páginas sobre el túnel de La Línea, él se las ingenió para adaptar, con tablas y cuerdas adheridas en la parte trasera de su vehículo, una ponchera grande en la que pudo cargar 100 voluminosos ejemplares. De esa manera solo tuvo que hacer 2 viajes para abastecerse y no 3, como le ha tocado en ocasiones anteriores. 

Un ingenio parecido aplicó, tiempo atrás, en su natal Sevilla, cuando con los elementos que tenía a la mano armó una máquina en la que se conservaban los yogures artesanales que él mismo fabricaba con sabores a coco, piña colada, frutos rojos y fresa. Luego salía a las calles de esa población vallecaucana y asegura que las personas hacían fila y vendía hasta 80 litros diarios distribuidos en vasos por los que cobraba $1.000. “La maquina constaba de 4 llaves, como las ubres de la vaca, y al abrirlas salía el yogurt frío con trozos de frutas y eso fue la sensación en la plaza La Miranda de mi pueblo”, reveló. 

Ese negocio fue rentable, pero hubo un momento en el que los yogures empezaron a cambiar su sabor por circunstancias que desconocía y optó por dejar de ‘sacarle la leche’ a ese trabajo por simple respeto a sus compradores.

 

 Rebuscador de la vida en distintos escenarios

Cartagena Bolívar es una persona noble y humilde, pero también un guerrero, que para obtener los recursos necesarios para mejorar su calidad de vida y la de su familia, pone en práctica lo que solía decir el periodista Julio Sánchez Vanegas: “Hoy aquí mañana desde cualquier lugar del mundo”. 

La universidad de la vida lo llevó hasta Meta, departamento donde laboró por un tiempo como empleado de una finca en la que cultivaba distintos productos y cuidaba el ganado. También ha sido recolector de café en Huila, Tolima y Antioquia. En Quindío intentó hacer lo mismo, pero aseguró que los pagos son irrisorios y no valía la pena ejercer esa digna labor bajo esas condiciones. Afirmó, por ejemplo, que en Antioquia le daban más beneficios, lo trataban como un rey porque le suministraban la comida y hasta le lavaban la ropa. 

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Hace poco más de un año que sus hijas se ganaron unas becas para estudiar en Armenia y entonces Cartagena Bolívar se vino con todo su ingenio a construir su mundo en la ‘Ciudad Milagro’. Los primeros días estuvo en una empresa de fumigaciones, pero las extensas jornadas y los malos pagos lo dejaron como las cucarachas que exterminaba, sin alientos, por lo que renunció. Aunque buscó emplearse en  labores del campo, que es lo que lo apasiona, aseguró que la falta de una recomendación o el hecho de no conocer a algún finquero le impidió lograr ese anhelo. Él ama los animales, tanto que en alguna ocasión en uno de los empleos que tuvo, vio que sus patrones maltrataban a las vacas para ordeñarlas y mejor se fue del lugar. 

Óscar Johany Cartagena Bolívar, con su recursividad, de seguro siempre va a tener un imán para atraer el dinero, como lo leyó alguna vez en el libro Padre rico, padre pobre, una lección de finanzas escrita por Robert Kiyosaki, otra de las clases maestras que tuvo en la universidad de la vida. 



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