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Sicología y comunicación social, fundamentales en la labor de monseñor Carlos Arturo Quintero Gómez

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Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Sicología y comunicación social, fundamentales en la labor de monseñor Carlos Arturo Quintero Gómez

Monseñor Carlos Arturo Quintero Gómez se reúne con los párrocos de Armenia de manera virtual.

El obispo de Armenia habló, entre otras cosas, sobre la atípica Semana Santa de este año y las ayudas que ha entregado la diócesis de Armenia a los más necesitados. 

Antes de morirse, la madre del sacerdote quindiano Carlos Arturo Quintero Gómez le dijo que iba a ser obispo de Armenia. Esa predicción se convirtió en realidad el 12 de diciembre de 2018, cuando el papa Francisco le encomendó la misión de tomar las riendas de la Iglesia Católica en la ‘Ciudad Milagro’. 

Ahora, que está próximo a cumplir un año y medio de ejercer esa labor, asegura que tanto la sicología como su profesión de comunicador social han sido un buen complemento para guiar a sus feligreses. Lo primero le ha dado luces para tratar de comprender las complejidades del comportamiento humano. En cuanto a su pasión de comunicar, se nutre intelectualmente, ya que es un lector empedernido que siempre está actualizado de lo que pasa. Además, la radio sigue siendo algo que lo descresta y lo tienta, al punto de que lo impulsó a crear una emisora virtual para transmitir mensajes espirituales.  

Para la máxima autoridad de los católicos en Quindío, fue muy doloroso no poder compartir personalmente la Semana Santa con los fieles, sin embargo, asegura que las tecnologías fueron una bendición para comunicarse con ellos en estos días de pandemia. Sobre estos y otros asuntos, como lo que ha hecho la institución que dirige por los más necesitados durante esta crisis, dialogó con LA CRÓNICA el obispo de la capital quindiana. 

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¿Qué análisis hace hoy de la situación vivida en la Semana Santa que pasó? 

Hay 2 cosas muy importantes que tengo claras. La primera es que cerrar los templos y al no poder tener la presencia de los fieles, causa mucho dolor para el obispo y para la Iglesia. Lo segundo es que sabemos que la fe no es virtual. Pero tenemos que darle gracias a Dios por las nuevas tecnologías que llegaron para quedarse. Lo más importante es que también las podemos aprovechar para la nueva evangelización. Los romanos pontífices han coincidido en decir que las nuevas tecnologías pueden acercarnos o distanciarnos y lo que estamos viendo es que así como se propician odios y cadenas de maltratos por medio de las redes sociales, también, cuando se propicia la cultura del encuentro, no solo se acortan las distancias, sino que se puede crecer en la fraternidad universal. 

¿Qué cree que le aportan sus profesiones de sicólogo y comunicador social a la función de obispo? 

Pienso que aportan a mi vida sacerdotal, episcopal y personal en un 100 %. Porque el estudio de la sicología y de la comunicación social han permitido que ese sacerdocio lo pueda vivir también de una manera plena en la entrega y en la donación. Siento que le he podido ayudar a muchas personas. Cuando acuden a mí, no solo puedo brindar un acompañamiento espiritual tan importante, sino que muchas veces desde la sicología también puedo entender el comportamiento de los seres humanos, desde un humanismo muy profundo en mi vida puedo también comprender que las personas tienen cualidades, carismas y potencialidades que les permiten salir a flote de sus situaciones difíciles y encontrar soluciones a sus problemas, porque el sicólogo no los soluciona, ayuda, orienta y conduce para que la persona misma descubra realmente lo que hay en su ser y cómo puede empezar a aprovechar esas potencialidades. Hoy también nosotros hablamos de una sicología pastoral, que es algo muy nuevo en la iglesia, pero que también lo aplicamos en los seminarios para explicarles a los muchachos cómo el trabajo pastoral tiene que ser efectivo cuando se entiende el comportamiento de los distintos grupos humanos en una comunidad parroquial. 

¿Su labor sacerdotal le ha quitado tiempo para esa otra pasión suya, la radio? 

Como obispo he podido disfrutar de la tecnología, de los medios de comunicación, aprovecharlos al máximo y colocar todo lo que he ido aprendiendo a lo largo de mi vida al servicio de la diócesis de Armenia y en este momento contamos con un centro de comunicaciones, con un periódico del que por muchos años fui director, una emisora online que tuve a bien fundar en su momento y un grupo al que denominamos Misioneros de la comunicación y que lo formamos precisamente desde la pastoral de la comunicación para poder entender lo que significa evangelizar mediante los medios y las nuevas tecnologías. 

Creo que puedo también respirar la comunicación y la sicología. Vivo actualizado, leo, hago cursos, diplomados, eso me permite estar al día. De hecho, por muchos años fui conferencista en América Latina de la dimensión humana de la comunicación. Cuando me hice sicólogo me tocó buscar un engranaje entre el sacerdocio, la sicología y la comunicación, que ha sido muy importante porque llegar a una articulación de todo eso me permite contemplar el mundo de forma holística, puedo verlo en todas sus dimensiones para desde ahí poder ayudarle a muchas personas. 

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Mucha gente se pregunta: ¿Qué ha hecho la iglesia en Armenia para ayudar a los pobres en medio de la crisis actual? 

Creo que no tenemos que hacer tantos anuncios y publicidad. Quienes nos han seguido en las redes sociales se han dado cuenta que la iglesia en Quindío ha estado más viva que nunca. Desde los inicios de la pandemia quise hacer un trabajo articulado con la alcaldía y la gobernación. Desafortunadamente no se pudo ejecutar, porque cada uno hizo, por su lado, lo que como institución tenía que hacer. Como obispo diocesano me di a la tarea de crear la Ruta de la solidaridad, solo que nosotros tenemos una logística muy organizada y es que bajo la diócesis de Armenia se canaliza todo, está el banco de alimentos que distribuye a todas las instituciones y se encarga de recoger todos los productos que nos dan en las grandes superficies o en la minorista. Acá los clasificamos, los organizamos y los entregamos. No cobramos un peso por hacer ese trabajo y lo hacemos con mucho cariño desde la acción social. 

Con la Ruta de la solidaridad hemos distribuido más de 2.000 mercados en Quindío. Lo que llega a la diócesis se organiza y lo enviamos a las parroquias, previamente al párroco se le ha pedido que debe enviar una lista de las personas que necesitan y que ellos conocen que no han recibido ayudas, que están solas. Eso lo hacemos sin hacer excepción de nadie, porque le hemos ayudado también a personas de otras iglesias. El párroco va a las comunidades a llevar personalmente los mercados o aplicando el pico y cédula le ha pedido a las personas, vía telefónica, que vayan a la iglesia por el mercadito. 
 



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